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Alonso Arreola: La libreta como género literario

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/ 18 mayo 2022

El bajista continúa con el legado de su abuelo Juan José Arreola, e incursiona en la literatura con su libro ‘Relamparia’

Considerado uno de los bajistas emblemáticos de la escena musical nacional, Alonso Arreola combina su pasión con la música con su amor por los libros. No podía ser de otra forma, su abuelo fue el célebre escritor Juan José Arreola y su padre, Orso Arreola, trabajó como librero, promotor cultural y fue un férreo guardián del legado del autor de ´”La feria” y “Confabulario”.

No es inusual encontrar a Alonso en las ferias del libro dando entrevistas sobre el trabajo literario de su abuelo -junto a su hermano José María recopiló y publicó las cartas que su abuelo le escribió a su esposa Sara-, tarea que desarrolla a la par de sus composiciones, la producción de discos, conciertos, clases y montajes escénicos. Artista todoterreno, el bajista incursiona en la literatura con Relamparia (Attica Libros, 2021), una suerte de híbrido en el que tienen cabida los poemas, los aforismos y la microficción.

-Tu abuelo es el célebre escritor Juan José Arreola y tu padre también escribió, fue librero y gestor cultura. ¿Cómo influyeron en ti estos “genes literarios”, tanto a nivel personal como artístico?

“Es una pregunta un tanto difícil, aunque tiene una parte más o menos evidente. Para empezar, me remonto a mi infancia y pienso en la librería de mi papá, o en mi abuelo y toda su biblioteca, y lo primero que me viene a la cabeza es que los libros eran objetos, sólo eso. Creo en el mundo digital, en los libros electrónicos y en los audiolibros porque son nuevos territorios para la posible creatividad y la experimentación, sin embargo, un libro como objeto tiene una naturaleza esencial que fue lo primero que a mí me llamó la atención. En muchos casos eran los libros bellamente editados los que causaban estupor en mi familia. Veía a los mayores, alrededor de estos objetos, de los cuales extraían palabras, historias, poemas. Fue algo muy especial y quiero pensar que eso influyó de alguna manera positiva en mi vida y en la manera en que percibo las cosas. Es difícil medirlo”.

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-Entonces, ¿la lectura y escritura eran procesos cotidianos en la familia, como ver la televisión?

“Sí. Además, nunca hubo mucha imposición. El acto de leer e incluso el de escribir eran muy comunes y naturales desde una edad muy temprana. Entonces, en ese sentido, los límites, las fronteras entre los géneros literarios, tampoco resultaban tan importantes porque lo mismo podía surgir en la mesa que alguien recitara a López Velarde, o que alguien me pidiera que contara El monte de las ánimas de Gustavo Adolfo Bécquer, un texto que me impresionó de niño y que luego mi familia me pedía que lo contara. Entonces, lo mismo podían ser poemas que cuentos, novela, ensayo, etcétera. La frontera entre esos géneros no tuvo relevancia, en mi caso, hasta años después, ya cuando estaba estudiando Literatura en la UNAM”.

-Ahora estás incursionando como autor con Relamparia, un libro que justo se mueve entre géneros, que va del aforismo al poema, o al microrrelato.

“Creo que ahora que pienso en estas historias de mi familia, ese debe ser uno de los motivos por los cuales este libro que estoy sacando no tiene empacho alguno en no tener unidad, en términos de decir que es un libro de poesía, o ficción, o lo que sea. Básicamente es un conjunto de relámpagos instantáneos, que si bien ocurrieron en los últimos años, como que los puse en orden en 2020 y ahora me atrevo a compartirlos en distintos formatos como el libro de pasta dura, el de pasta blanda, el audiolibro y el libro electrónico. La verdad es que haciendo un proyecto tan extravagante yo no puedo si no agradecer que exista gente igual de atrevida y desequilibrada mentalmente como yo como Paola Tinoco con Attica Libros, la editorial que publica Relamparia.

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-Mencionaste que tenías varios textos y apuntes sueltos. Eso me hace pensar en la idea de la libreta como género literario. Uno escribe cosas sueltas que después pueden convertirse en canciones, en estampas o en haikus. Cuéntame un poco sobre tu proceso con la escritura de la libreta.

“Me importa muchísimo eso que dices porque cuando nos acercamos a esta idea de la libreta, de este género íntimo de cosas no tan acabadas, que no se pensaban publicar en un inicio, o que brincan de una faceta a otra, regularmente las vemos como parte de libros póstumos o de gente muy encumbrada. A mí me parece que no debe ser así, que en sí mismo, este tipo de texto puede valer la pena porque no ha nacido para tener otro rostro que no sea ese. Creo en el valor de esta escritura espontánea, que tiene esa particularidad que nos hace guardarla y de pronto echarle miradas, moverle un poquito por aquí y por allá y decir ‘pues sí valdría la pena compartirlo’. Digamos que yo practico este género en el teléfono celular, en mis libretas, en la computadora.

“Me gustan las libretas, los cuadernos, sobre todo con hojas en blanco, por eso cuando me encuentro de esos viejos cuadernos Scribe que están rematando en papelerías, me compro todos porque, además, en ellos diseño mis espectáculos, planeo el orden de los discos que hago, las producciones. Soy bastante ordenado y después puedo diagramar y pasar a la computadora y lo que quieras, pero me importa mucho ese comienzo en el cuaderno. Cuando viajo siempre llevo una libreta pequeña y estoy haciendo anotaciones y pues, liberando a ese otro que somos y que confía en el género de la libreta.

-¿La pandemia fue el detonante para que te pusieras a reunir todos estos escritos que componen Relamparia? Una parte muy importante de tu trabajo es la música y se cancelaron los conciertos y presentaciones durante cerca de dos años.

“Fíjate que lo que preguntas es muy interesante porque yo soy un músico raro, no me presento tanto en vivo. Digo, hay momentos en que sí, sobre todo cuando estoy al mismo tiempo en distintas bandas o proyectos, pero soy bastante selectivo y entonces de pronto puede pasar un buen tiempo entre una presentación y otra. Esto también es porque tengo otra faceta, además de la parte periodística, que es la pedagógica. Tengo un laboratorio de bajistas, tengo muchos alumnos y estoy muy embebido todos los días con ellos. Justo durante la pandemia creció muchísimo la demanda por educación en línea, entonces me pedían diplomados, seminarios, masterclasses y cosas por el estilo.

“Lo que sí es verdad es que, como que la mayoría de la humanidad, viví un proceso introspectivo muy particular y me di cuenta que podría ser el momento ideal para enfrentar lo inevitable, que iba a ser cómo publicar eso que venía acumulándose, pues tenía derecho a existir si lo ayudaba a organizarse. Cuando me vino la idea del nombre, Relamparia, como que esta pequeña tormenta pudo encontrar su propio orden y me di a la tarea de seleccionar, acomodar y nombrar. No fue fácil, porque de por sí uno es inseguro cuando saca un disco o cuando presenta una obra escénica, pues de pronto hacerlo literariamente entrañaba algo muy especial. Me da gusto haberlo hecho porque ahora sí que, como pasa con los discos, sólo aspiro que algunas cosas hagan eco en algunas personas y creo que eso es posible. A mí me entusiasma la idea de presentar el libro presencialmente y poder combinar de manera más viva la palabra con la música, como siempre me ha gustado hacerlo”.

-¿Y cuáles son los temas sobre los que te gusta trabajar? Hay mucho de la vida cotidiana en Relamparia, también hay alusiones a la música y la naturaleza.

“Evidentemente los grandes temas están siempre presentes: vida, amor, muerte. Pero sí creo que, como dices, hay algunos resortes específicos que tienen que ver con vehículos que me parecen especialmente atractivos, como las piedras en ciertas imágenes naturales, los árboles, los elementos de la naturaleza, determinados aspectos de las urbes que me sirven para intentar responder ciertas preguntas que han aparecido a lo largo de los últimos años. Desde luego todo cobra forma de poema en verso libre o en minificción, de pronto sólo son fragmentos de recuerdos.

“Básicamente creo que los lectores se van a encontrar con los impulsos, los relámpagos de distintas tormentas y momentos en los que he creído que podían valer la pena soltar la mano y, más allá de tocar un instrumento, arrastrar la pluma. No es una novela, no es una colección de cuentos, digamos que es un sitio donde reina la brevedad y la ocurrencia trabajada por lo que creo que es una aproximación a la belleza”.

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