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‘Por primera vez las mujeres podemos vernos en la literatura con nuestros propios ojos’: Liliana Blum

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/ 16 mayo 2022

La narradora duranguense escribió su primera novela juvenil, ‘El extraño caso de Lenny Goleman’ (Planeta, 2022), que trata temas como el bullying, la venganza y la fantasía

Cuando decidió convertirse en escritora, Liliana Blum (Durango, 1974) también optó por desarrollar su obra fuera de la Ciudad de México y, contra algunos pronósticos, se convirtió en una de las primeras narradoras de su generación en ser traducida al inglés. Autora de los celebrados libros “Cara de liebre” (Seix Barral, 2020), “El monstruo pentápodo” (Tusquets, 2016) y “Tristeza de los Cítricos” (Páginas de Espuma, 2019), que circulan por toda Iberoamérica, la narradora decidió tomar un nuevo reto y dar forma a su primera novela juvenil.

El extraño caso de Lenny Goleman” (Planeta, 2022) narra la historia de Alina, una adolescente que desea vengar a Daniel, su mejor amigo, quien decidió suicidarse debido al bullying incesante que sufría. La estudiante sabe quiénes son los responsables del acoso que vivió su compañero y, con ayuda de su abuela, crea un Golem que la ayudará a enfrentar a los bullies, en un proceso que la dará darse cuenta de que revancha y justicia no son la misma cosa.

En esta novela hay mucho de la personalidad de su autora. La propia Liliana sufrió bullying en su juventud, tuvo un padre violento y ha visto cómo la sociedad mexicana responde a la ley de la selva. Pero en medio del desamparo brilla la historia de Alina, una heroína que demuestra lo valientes y fuertes que somos las mujeres.

-Muchos de los escritores de tu generación emigraron a la Ciudad de México, pero tú decidiste quedarte en Durango, ¿cómo se refleja esta decisión en tu escritura?-

“No sé si será el norte, que lo tenemos muy arraigado, que algunos nos quedamos, aunque hay escritores que sí hacen esta migración. Creo que coincide mi testarudez con la tecnología, porque sí hubo un momento, cuando no había métodos electrónicos, que mandaban las convocatorias de los concursos a los estados, las colgaban en la casa de la cultura, y tenías que ir ahí para enterarte. Como alguna vez dijo Eduardo Antonio Parra, los que estamos en provincia tenemos que ser no solo igual de buenos que los chilangos, si no mucho más para poder sobresalir. Es lo que sucede con las mujeres, no basta con ser iguales a los hombres, hay que ser mucho mejores. Creo que ahorita es una cosa posible (quedarte en tu ciudad) porque los lectores están en todos lados, hay librerías en línea, como que se están quitando todos los obstáculos. A mí me parece maravilloso porque me encanta estar en Durango, a pesar de que estoy lejos de todo”.

-¿Esta lejanía ha influido en la forma en la que escribes?-

“Creo que también depende de la personalidad. Cuando uno va de viaje, tienes la presión por salir y conocer. Pero creo que si yo viviera en Ciudad de México me la pasaría igual de encerrada, pero sufriendo porque a mí me genera mucho estrés esa ciudad y te transmite también la histeria. Acá estoy bien relajada, saco a mis perras a donde hay liebres y vacas, estamos todas terrosas (Risas). Vivo en el centro, pero no hay tráfico, lo que significa que tienes más horas para leer, escribir y dormir. Entonces, no tener esas presiones extras en la vida sí ayuda. Integro la escritura a las demás cosas domésticas que hago en el día, sin ninguna pretensión. Quizá es que se acomoda a mi personalidad. Hay quien me dice qué haces en Durango si no hay nada, pero sí hay muchas cosas”.

-¿Cómo fue el proceso de escribir tu primera novela juvenil, “El extraño caso de Lenny Goleman”?-

“Era mi gran reto desde hace muchos años. En algún momento, en unas prepas de Querétaro leyeron ‘Pandora’, y también ‘El Monstruo Pentápodo’, en unas prepas de la Ciudad de México, y vi cómo los chavos se apasionaban mucho. Aunque son libros que no estaban dirigidos a ellos, pudimos conectar. Y al mismo tiempo ya tenía hijos grandes, pero me gusta mucho la literatura juvenil, sobre todo en inglés, y sí notaba que, sin ofender a ningún autor, son pocos los escritores en nuestro país que logran hacerlo bien. Escribir para jóvenes no es ‘enchílame otra’, y a veces la soberbia como adultos no permite ver lo que quieren estos lectores.

“Los libros de este tipo son los grandes negocios, hacen estas ventas institucionales con escuelas o estados, pero son libros que están diseñados para que los maestros y las papás los aprueben, para tirarle la moralina al chico, a través de una historia, como si fuera una marioneta. No quería hacer ese tipo de libro, quería escribir una historia que atrajera a las chicas o chicos por gusto. Tenía que quitarme mi papel de mamá y de maestra, que también lo fui mucho tiempo, y tratar de conectar con quién era yo y que sentía en esa época. Es muy difícil no ser condescendiente con los jóvenes. Aunque como libro éste fue menos complejo, es más breve y líneal, pero al mismo tiempo era difícil tratar de no volverme la ‘ñora’ que está diciendo: ‘niños, esto está muy mal’” (Risas).

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-En esta novela tocas el tema de bullying, que es determinante en la vida de quien sufre este tipo de violencia. Aunque a veces los adultos la desestiman o tal vez la olvidan.-

“Lo que pasa es que los bullies crecen y llegan a ser presidentes de Rusia y deciden que pueden invadir Ucrania, nada más que se vuelven más inteligentes para camuflajearse. Para mí es un tema muy personal, yo fui bulleadísima en la niñez, también en casa, mi papá fue un hombre muy violento y golpeador. A mis hijos, con el cambio de ciudad y de escuela, también les pasó. Cuando yo era maestra, si bien no lo vi de primera mano, mis alumnos me contaban sus experiencias, es como una podredumbre subterránea que pasa por debajo de nuestros pies, que muchas veces no la vemos, pero sucede.

“Antes no se llamaba bullying y te decían que así era la escuela, que te rascaras con tus propias uñas, que hicieras carácter, que debías aprender a defenderte. Pero no todos somos iguales, mientras que algunos chicos pueden fortalecerse y hacerlo como en las películas, que se vuelven más valientes y se enfrentan a sus agresores, hay otros que terminan suicidándose, como es el caso de Daniel en la novela. Y estados como Durango tienen los índices de suicidios más altos del país y muchos son jóvenes. Es un problema bien fuerte, le puedes hacer el infierno en la Tierra a alguien, al menos de lunes a viernes. Es una cosa terrible que como sociedad preferimos no ver, pero que causa un gran daño, especialmente en los chicos más sensibles”.

-¿Cuál fue la diferencia de escribir “El extraño caso de Lenny Goleman” con respecto a tus otros libros?, ¿tuviste que hacer algún proceso de investigación?-

“Rara vez me lanzo a escribir cosas que no conozco, trato de usar temas y profesiones que son familiares para mí. Por ejemplo, en ‘Cara de Liebre’, Irlanda es maestra de literatura en prepa, igual que yo lo fui. Creo que cuando escribimos algo que nos es muy ajeno, al punto que necesitamos ponernos a investigar, el escritor cae en la tentación de educar, porque él mismo tuvo que educarse. Te empiezan a tirar unos rollos muy específicos que te adormecen como lector y que entorpecen la trama, No me interesan los tecnicismos de una profesión, si no los sentimientos humanos, la psicología de los personajes y lo que están haciendo. Para tratar el tema del bullying tengo toda mi experiencia personal, la de mis hijos y alumnos. Entonces, no me gusta complicar las cosas de más. En este caso hubo cero investigación, solo hice el ejercicio de recordar, de sensibilizar, de profundizar qué sentía yo”.

-Uno de los elementos primordiales de la novela es el Golem, ¿cómo fue que decidiste retomar esta criatura de la tradición judía para la historia?-

“Tuve un abuelo judío y me enteré de eso como a los quince o dieciséis años, así que me comenzó a interesar esa cultura. En algún momento leí la leyenda del Golem, que cuenta que, en el siglo XVI en Praga, un rey decidió que iba a exterminar a los judíos, como sucede a lo largo de la historia cada tanto. Entonces, un rabino con la ayuda de los libros sagrados creó al Golem, una criatura muy grande y poderosa, como un monstruo de Frankenstein, pero bien hecho, que sí obedece. Gracias a él se salvaron miles de judíos. Cuando termina su misión, como es un ser peligroso, lo desactivaron y está en una sinagoga.

“La escuela es un microcosmos, un reflejo chiquito de la sociedad, de nuestro país, como que vivimos la ley de la selva. Básicamente sabemos, especialmente las mujeres, que sales, te violan, te matan y no pasa nada. Esa sensación de impotencia, de miedo, de encabronamiento, es lo que siente Alina, la protagonista, cuando se entera que se suicida su amigo. Ella sabe por qué lo hizo y podría señalar a quienes tienen responsabilidad en el asunto, y cuando siente esta impotencia, el sentimiento más natural es el de querer justicia. Sería maravilloso que todos pudiéramos tener un Golem para que nos defendiera. Muchos chicos bulleados que se suicidan no ven la salida ni nadie que esté ahí para meter las manos por ellos, se sienten totalmente desamparados y aquí entra el elemento fantástico del Golem como una herramienta para que Alina pueda vengar la muerte de su amigo. En el proceso, ella aprende que venganza y justicia no son lo mismo”.

-La historia protagonizada por una mujer, un hecho que me parece relevante porque estamos viendo muchas heroínas en la literatura reciente, ¿cómo fue que apareció Alina en esta novela?-

“Como la mayoría de mis personajes femeninos. Desde que empecé a escribir prefiero a las protagonistas, es una excepción si encuentras uno o dos protagonistas hombres en mis cuentos. De hecho, cuando empezaba, mis compañeros de la beca del Fonca decían ‘la Blum siempre con sus cosas de mujeres’. Todavía, a la fecha, algunos colegas dicen ‘la Blum escribe puras cosas para ñoras’, lo que es maravilloso porque las mujeres son las que más leen y más compran libros en este país.

“Por primera vez, de un tiempo acá, las mujeres podemos vernos en la literatura con nuestros propios ojos, que es como nosotros nos sentimos. En los libros de los hombres generalmente somos el objeto sexual o la asesinada para que el detective se pare el cuello. A mí me encanta leer literatura para mujeres porque me puedo encontrar y no concebía hacer otra historia en la que el héroe fuera un hombre. En este caso el chico es la víctima y Alina es la heroína, y es una niña que hace muchas cosas, tiene un propósito, empieza a hacer una nueva familia, porque no todas las familias son ideales. A las niñas les hace falta ver modelos de mujeres que las hagan pensar que sí se puede, que ellas se pueden defender y hacer algo, que no necesitas un tipo al lado que te resuelva la vida, que es algo que tenemos que desaprender”.

-Después de escribir esta novela, ¿tienes pensando seguir con este género, tal vez con más aventuras de Alina?-

“Quiero seguir escribiendo para adultos. Estoy empezando mi siguiente novela, también estoy escribiendo unos cuentos largos, pero creo que logré crear unos personajes bonitos: Eloísa, que tiene síndrome de Down, la abuela Bube que está basada en mi mamá. Tuve un papá nefasto, pero mi mamá es un amor. Quizá en un futuro le pueda dar otra historia a estos personajes, no una segunda parte, porque creo que las segunda partes deben ser concebidas desde antes, pero quizá darles una nueva aventura, no lo descarto. En esta novela se mezclan como todos mis miedos, las cosas que me chocan. Es como una crítica social, pero con pequeños elementos”.

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