Enrique González (1957-2014): El cuento del cuentacuentos
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<p>Falleció el hombre cuyo trabajo fue contar cuentos, ser un libro andante, ser un mago de la palabra; radicó en Torreón y llevó al país la técnica japonesa Kamishibai: llevar fantasía a las calles en un maletín</p>
De su tiempo y su paciencia
no me conviene abusar
y ya para terminar
solicito su indulgencia.
Debo continuar por ai
con mi beliz de triplay,
mis cuentos, mis decimales.
Yo soy Enrique González
y éste, mi Kamishibai.
Se le veía por la calle. Llevaba un maletín. Viajaba. Toluca, Torreón, Saltillo, Cuernavaca y quién sabe qué otras ciudades. Seguro, muchas. Su maleta era de madera. Iba ligero de cualquier otro equipaje (léase: una mochila, y ya). Colocaba tres palos bajo su maletín, a manera de trípode. Desplegaba tres puertecitas y revelaba la identidad de la maleta: un teatro ambulante, de raíces japonesas. Kamishibai, así se llamaba. Drama de papel, su significado.
Algunos pensarían que esta animación callejera es obsoleta âen su defensa: es una tradición que persiste desde hace siglos, cuentan. Para este hombre era su vida. José Enrique González Heredia, Enrique, fue un amante de esta técnica de narración oral, apoyada por ilustraciones en papel. Kamishibai, ancestro de la televisión. Hasta que llegó la TV a arrasar con él. Pero no todo estaba perdido... existen personas como Enrique.
Por eso yo le pondría Enrique Kamishibai a su tumba, como si él procediera de una familia nipona, los Kamishibai âestoy inventando, que conste- cuya costumbre ancestral era la de contar historias. Y, tras vastos viajes por el mundo, Enrique, un descendiente de la estirpe cuentacuentista, llegó a Torreón, Coahuila, uno de sus hogares.
Aunque no recorrió el mundo, llevó el suyo propio en la maleta. Ese ocioso placer, inútil pero necesario, de contar historias es lo que nos unió. Enrique era como un músico con su guitarra, buscando ganarse la vida con las herramientas del arte. Pero, sobre todo, era un lector. Eso lo hizo llevar la literatura a terrenos que el Kamishibai proponía: a todo lugar.
Nació en México, D. F., el 10 de agosto de 1957. Alguna vez fue reportero. Trabajó en periódicos de México, e incluso de Estados Unidos. Radicó en Torreón. Luego en Toluca. Pero renunció al periodismo después de haber conocido a un escritor japonés, que lo introdujo al Kamishibai. También dicen que la primera vez que vio un Kamishibai fue por la televisión.
Todo esto no me lo contó él; lo leo ahora en entrevistas que hallé en internet. La noticia más nueva, la más triste, informa que Enrique falleció este domingo 13 de julio en Toluca, a los 56 años. Y en Coahuila se recuerda a este juglar.
El hombre-caricatura
No más de 8 o 14 láminas, era su recomendación para no aburrir al público. Su show duraba entre 6 y 15 minutos. Su repertorio de cuentos, 12. Su ritual: llegar a una plaza transitada, hacer sonar su hyoshigi, instrumento de dos maderas unidas por una cuerda con el que los narradores de kamishibai advierten su presencia. Soltar las líneas memorizadas de su adaptación de Borges o de algún relato en verso. Y, a la par, un slideshow manual de imágenes, convirtiendo las narraciones en una especie de cómic en vivo.
¡Era hombre-caricatura! The end llegaba, y si estaba en la calle pedía la indulgencia de la gente, con un sombrero que recolectaba una necesaria retribución pa seguir palante.
Ficciones de Francia, Rusia, Bombay, éste es mi kamishibai, yo soy Enrique González, así comenzaba sus presentaciones, contó la reportera Diana L. Nápoles para El Siglo de Torreón en diciembre de 2013, quien dijo que él le aseguró había hecho Â3 mil actuaciones en el país.
¡Nada más!
Nos conocimos en Torreón en 2009, en un curso de iniciación para promotores de lectura en Torreón (cuya literatura quiso adaptar a su teatro). Y se presentó en Saltillo ese año, en el bar El Cerdo de Babel y Casa Tiyahui. Su amor por divulgar la lectura era tan genuino, que se prestó para ir a una institución de niños huérfanos en mi colonia, en Saltillo, para enseñarles el Kamishibai al que se dedicó desde 2008.
¿Promotor de lectura? Más que eso
Era apasionado. Formó parte del programa Salas de Lectura, de Conaculta. Pero la palabra Promotor de lectura, Mediador de lectura, y otros nombres, no son necesarios para él. Él era un verdadero cuentacuentos. Divulgacuentos. Al grado de que, con diseño amateur, publicó de 2010 a 2011 la revista Letras Volantes, destinada a la narrativa breve, recordando textos poco conocidos de Francisco Tario, Leonora Carrington o Juan José Arreola. Sospecho yo que algunos de los textos son de su autoría, aquellos anónimos. Porque también fue escritor de cuento corto. Su revista: no lucrativa tenía el objetivo de compartir el cada vez más limitado placer de la lectura.
En 2010 presentó el Kamishibai ante el embajador de Japón en México. Ya me siento nervioso, contaba en Twitter. Y tuvo éxito porque encarnó a una nostalgia cultural: El embajador se emocionó. Comentó que hacía 50 años que no veía un kamishibai.
En el Japón de 1920, los cuentacuentos de Kamishibai, o gaito kamishibaiya iban en bicicleta con su teatro portátil, vendían dulces artesanales a los niños, quienes se sentaban en círculo y escuchaban las historias que llevaban. La gracia del Kamishibai es su rusticidad; su técnica es vigente en Japón. ¿Qué tanto? No sabemos. ¿Cómo competir contra la tecnología? Sin Enrique, el Kamishibai queda huérfano en México.
¿Quién nos contará el cuento?
De espaldas, camina por la calle. Lleva su maletín teatral detrás. Así es su fotografía de perfil en Facebook. En su cuenta dejó poemas satíricos, su pasión por la música, su testarudez y sarcástico cinismo. Alguna vez compartió que un médico lo dio de alta de cierta enfermedad, y ahora podía él salir a las calles como corresponde a un juglar, a un vagabundo de prosapia. Mundo, prepárate: El kamishibai ataca de nuevo.
Sus amigos lo van a extrañar, porque dejó legiones de ellos en Torreón (donde vivió), Toluca, Saltillo... Muchos promotores hoy lamentan la pérdida de quien fuera miembro de la Red Internacional de Cuentacuentos.
Gracias, Enrique. Tu cuento es bello: el hombre cuyo trabajo fue contar cuentos. Ser un libro andante. Ser un mago de la palabra. Y un amigo de muchos. Descansa feliz, siempre.
Cuentista de las callesÂ
Nació en en México, D. F., el 10 de agosto de 1957. Radicó en Torreón, Coahuila; y también en Toluca, donde vivió hasta el final de sus días. Fue el principal exponente del Kamishibai, un arte japonés de contar cuentos; la palabra significa drama de papel.Â
El Kamishibai se remonta a siglos atrás, pero en 1920 se popularizó cuando los japoneses buscaban trabajar en las calles; llevaban el teatro portátil en una bicicleta, vendían dulces artesanales y contaban cuentos a través de dibujos.Â
La práctica del Kamishibai sigue vigente en Japón y algunos, como Enrique, lo han llevado a otros países.Â
Enrique González perteneció a la Red Internacional de Cuentacuentos, a Salas de Lectura de Conaculta y editó una revista independiente llamada Letras Volantes.Â
Enrique falleció el domingo 13 de julio de 2014, lamentablemente.Â
Su obra propia la publicó en algunas revistas.