‘Bergoglio nunca soñó con ser Papa, soñaba con ser Perón’.-Jorge Fernández Díaz

Artes
/ 30 julio 2021

El periodista y escritor argentino publica ‘La traición’ (Planeta 2021) la tercera novela protagonizada por Remil, en la que retoma el pasado de la izquierda armada, el presente político y la sombra del Papa en Argentina hoy

“La traición” (Planeta 2021) es una novela de espionaje cuyo protagonista es Remil, un espía de ‘La casita’, el servicio de inteligencia argentino. En esta historia se entretejen el falso progresismo y la sombra de Jorge Bergoglio en Argentina en la actualidad. El día que tengo oportunidad de conversar con Jorge Fernández Díaz, el autor del thriller político, lo primero que pregunto es cómo define él mismo su novela.

“Es una novela de espionaje político” describe y explica que ésta retoma “el viejo género del espionaje que encabeza a la guerra fría y a la posguerra fría también, servicios de inteligencia que espían potencias extranjeras y cosas por el estilo”.

Vuelve sobre el tema y relata cómo se han desarrollado esos servicios en América Latina, “han estado, en general al servicio de los intereses políticos, han sido utilizados con la persecusión de poder, para vigilar a periodistas, a políticos, a empresarios etc. En este momento México está en medio de un escándalo muy grande, un escándalo mundial precisamente por eso. Creo que en América Latina hace décadas que se practica la inteligencia en este sentido y por lo tanto una novela de espías en América Latina es una novela de espionaje político por sus propias características que no son las del género anglosajón tradicional”.

Narra Fernández Díaz que él se propuso hacer un thriller político con el objetivo de retomar todo lo que ha aprendido en su ejercicio periodístico, labor a la que se dedica desde hace 40 años, “porque (...) me permitía utilizar todo lo que había visto, lo que sabía, lo que no podía contar porque a veces uno no puede probar cosas que sabe que son ciertas de la vida privada del poder y de la sombra del poder”.

En cuanto a Bergoglio, un personaje que no aparece abiertamente en la novela, pero sí su incidencia en la vida pública de Argentina, al respecto dice el autor que “Bergoglio ahora es un personaje global, pero nosotros lo conocemos muy bien. Bergoglio nunca soñó con ser Papa, soñaba con ser Perón. Había estado con él. Tiene una costumbre ahora en El Vaticano, que es en lugar de relajarse con grandes problemas internacionales y celestiales o en lugar de relajarse por la tarde jugando al dominó, juega a las internas políticas en la Argentina, juega a recibir personajes poco recomendables, a intervenir en cuestiones internas políticas puras y duras, del territorio argentino”. Y en este punto analiza y advierte, “de alguna manera Juan Pablo II lo había hecho con Polonia y con lo que era la URSS en su momento”.

No obstante, afirma Fernández Díaz que el Papa tiene “una posición sobre América Latina, tiene un proyecto que es comunista, jesuita, en el que articular a los nuevos nacionalismos, a los nuevos progresismos, progresismos entre comillas, porque creo que son falsos progresismos.

$!La novela de Jorge Fernández Díaz ofrece una historia de espías, pero en ella hay amor y otras subtramas que te atrapan en cada página.

Llegados a este punto, inquiero en qué radica la falsedad de esos progresismo, presentes en “La traición” y dice, “esta novela se mete con el falso progresismo, que es un modelo de progresismo latinoamericano. En cuanto al progresismo ataca ciertas banderas, por ejemplo, pone el grito en el cielo por la violación de derechos humanos que comete la derecha, pero mira para otro lado cuando los comete la izquierda”.

Los ejemplos continúan, “cuando se asocia con sistemas autocráticos y regímenes de partido único, regímenes populistas o autoritarios, está traicionando ese ímpetu de libertad y de diversidad que había defendido. Cuando relativiza la corrupción, le parece que la corrupción de los propios es tolerable y la de los ajenos es demoníaca. Todas estas operaciones del progresismo latinoamericano, son traiciones al progresismo que yo quise develar a manera novelesca, con las más grandes vacas sagradas de la cultura, con las que nadie se mete, para que estuvieran cuestionadas en una novela política como es esta”.

$!Dice el autor dentro de la novela: ‘al menos ahora el Vaticano confía en La casita’...

El origen de ‘La traición’

Dice Jorge Fernández Díaz que está muy de moda en América Latina crear relatos con pasados heroicos, “vengo en nombre de los pueblos originarios, vengo en nombre de los revolucionarios...” y esa construcción no es nueva, pero sirve para perpetuar el poder.

“En la Argentina se dio una de una manera muy particular, los Kirchner que venían de La Patagonia sin ideología, de repente dicen que vienen en nombre de los ideales de la década de los setenta -el peronismo revolucionario, los montoneros- y empiezan a hacer una sacralización, una glorificación a través de los medios públicos, a través de los medios públicos, a través de escuelas con adoctrinamiento, a través de universidades; de exguerrilleros que son mostrados como grandes muchachos que querían cambiar el mundo, que nunca pedían perdón por sus errores y sus crímenes políticos”.

Ante este panorama cuenta Fernández Díaz que le pareció inquietante saber qué pasaría si en el Vaticano, en donde el Papa recibe a todo tipo de personajes, qué sucedería si uno de ellos se cree la ficción. “Y lleva a cabo un hecho porque cree que hay un estado prerevolucionario en La Argentina, como ya ocurrió un episodio similar en la década del 80”.

Entonces recuerda que él lo quería contar como una novela “con vueltas de tuerca, con amor, con sexo, con pasión. Que estuviera muy concentrada, que tuviera mucha intensidad”.

¿Quién es Remil?

Esta es la tercera novela de la saga que protagoniza el espía conocido como Remil. “Remil pertenece a mi generación, participó de la guerra de Malvinas, es un huérfano absoluto, muchos de los excombatientes se volvieron locos y él no se replegaba. Por eso le decían ‘hijo de re mil putas’, es un insulto muy argentino y le quedó Remil”. Aunque no se sabe cuál es el verdadero nombre de Remil.

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Fernández Díaz quería hacer algo verosímil en sus novelas, por eso eligió que Remil fuera un criminal de estado, un personaje ambivalente. “Una especie de detective, de espía criminal de estado, eso me lo iban a creer”, advierte. “Pero a la vez un personaje querible”.

Y reconoce que ha puesto vivencias suyas en Remil en las tres novelas. En la primera, “El puñal” está “la obsesión amorosa”, en la segunda “La herida” se decantó por “cuando tus padres te dan por perdido” y en esta tercera entrega “La traición”, “coloco la idea de que el padre y la madre se pelean a muerte, cosa que yo he visto en la cocina de mi casa”.

Asegura que estas situación de sí mismo que ha puesto en Remil generan empatía, “finalmente por lo que ocurre en Argentina y también España mucha gente termina queriéndolo a Remil. No es una novela de buenos contra malos, es una novela de malos contra peores”.