Después del abuso: Ximena Santaolalla explora las consecuencias del silencio en su nueva novela
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‘Un jardín al fondo de la noche’ de la escritora hidalguense presenta desde la voz de una niña y una adulta lo que ocurre después y entorno a un caso de abuso infantil en la familia
El tema no es sencillo, pero Ximena Santaolalla reconoce que es necesario de seguir abordando, sobre todo desde nuevas perspectivas. Ahora en “Un jardín al fondo de la noche” (Penguin Random House, 2025) explora las consecuencias de la pedofilia, el abuso, el silencio y el tabú.
“Iba a ser solamente un cuento, como me pasó con la novela anterior. Me parecía un tema relevante por tratarse de un problema serio en la sociedad, en el mundo entero. Yo sé que hay muchos textos, películas y mucho material que lo aborda, sin embargo de repente creo que quedan fuera algunas perspectivas. Muchas veces se centran más en el abuso en sí, en los hechos, y no tanto en las consecuencias posteriores o en el abusador o en potencial abusador, que es un tema que a mí me interesa mucho”, compartió en entrevista con VANGUARDIA.
La también autora de “A veces despierto temblando” —novela ganadora de Premio Mauricio Achar-Random House 2021— narra desde la voz de Guinea, tanto en su niñez como ya siendo adulta, lo que ocurre después del abuso y las dinámicas que lo permiten. La fantasía como lugar para escapar del horror, el silencio que perpetúa la violencia y las secuelas que quedan años después se hacen presentes en esta historia.
“Hay estudios que calculan que un agresor sexual de menores reincide al menos 117 veces antes de ser detenido o descubierto, en caso de que lo sea. cosa que también es poco probable, porque esos delitos son rara vez denunciados, alrededor del 19%. Si alguien que sí es denunciado ya cometió 117 veces el delito, está tremendo. He pensado mucho en eso, en que no puede seguir funcionando así el intentar controlar eso, esperar a que haya un abuso y tratar de detener a esa persona, si es que haya una denuncia y se atienda. Por eso me interesa más el tema de la prevención”, dijo.
Su interés por la prevención va más allá de la educación sexual en menores, así como el promover la denuncia, sino también en que exista una cultura y una estructura social para que las personas que sienten una atracción por infantes puedan pedir ayuda antes de cometer un delito.
“Creo que sí se tendría que trabajar en eliminar el tabú de ese deseo, y mantener el horror hacia el ejecutar el deseo [...] Sí tendría que haber un trabajo en aceptar que hay personas que tienen ese deseo, que tenerlo no es malo ni bueno en sí mismo. El problema es cuando se puede convertir en una realidad”, mencionó.
El libro también requirió un importante trabajo en la creación de un ambiente que pudiera atrapar al lector, sin que por ello se convirtiera en un espacio muy oscuro y difícil de transitar. Santaolalla considera que la novela puede ser dura, pero también ofrece un lado ameno, luminoso.
“Casi todo lo que está contado en la novela es real, solamente hay algunas cosas que están ficcionalizadas para que funcionaran dentro de la novela. Es un caso muy autobiográfico, cosa que no es relevante al final si no se conecta con muchas historias. Se vuelve relevante cuando muchas personas, sobre todo mujeres, se pueden identificar. No porque los hombres no sean abusados, pero sí una niña tiene tres veces mas riesgo de ser abusada que un niño”, concluyó.