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El universo en nuestros huesos

Artes
/ 22 julio 2021

“Todos los átomos que componen su cuerpo, amigo lector, y el mío, salvo el hidrógeno, han sido fabricados al interior de una estrella”, escribe el astrónomo José Maza. La idea no es nueva. Otros científicos ya nos lo habían advertido. El más popular fue Carl Sagan en su serie “Cosmos”, donde dice: “La materia estelar, la ceniza de la alquimia estelar, había cobrado vida”. Bill Fowler y Hubert Reeves también adoptaron el término, pero Maza lo escuchó por primera vez en 1976. Nick Woolf había dado una conferencia titulada “The Universe: I can feel it in my bones”. Inspirado en ese provocativo título, el experto en supernovas compartió una historia del universo al público y de ahí nació su libro “Somos polvo de estrellas”, una obra de divulgación. 

Este relato es un viaje desde los filósofos presocráticos, que se preguntaban por el origen de la materia, hasta los cálculos más certeros de los astrónomos actuales. La cuestión sigue sin resolverse, pero los intentos por responder son impresionantes: ¿Qué es este cosmos, que en griego significa “orden”, “belleza”? Los datos que muestra el libro son muy difíciles de asimilar. Leo que el Big Bang, “el campanazo inicial del universo, tuvo lugar hace trece mil ochocientos millones de años; ahí todo comenzó”. Ni siquiera puedo imaginar una cantidad de esa índole. Tampoco me alcanza el pensamiento para dimensionar la aproximación del tamaño de nuestra galaxia.

Lo que entendemos por ciencia, así como lo que entendemos por arte o por educación, cambia a la par de la evolución cultural. El doctor Maza nos cuenta que el modelo geocéntrico de Ptolomeo es la primera gran teoría científica de la historia “y sin duda la más longeva: sirvió al hombre por catorce siglos”, hasta que llegó el polaco Nicolás Copérnico. La nueva discusión heliocéntrica atentaba contra las verdades de las instituciones más poderosas, Iglesia y gobierno. Incluso, de este lado del mundo, personajes como Carlos de Sigüenza y Góngora y la misma Sor Juana Inés de la Cruz, se involucraron en la polémica. Darío Puccini explica que en la Nueva España había una “relativa libertad de frontera”, pues las bibliotecas contenían títulos prohibidos con las obras de Kepler, Descartes, Erasmo y Copérnico. 

Es curioso cómo astrónomos y poetas se acercan al lenguaje figurado para los intentos de explicar la existencia. Aunque el término “polvo de estrella” sea más o menos literal. Una tesis más mentalista sería la de William Shakespeare cuando escribió que estamos hechos de la misma sustancia que los sueños. “Polvo eres y en polvo te convertirás”, dice el Génesis. José Gordon, el escritor que prologa el libro de Maza, recuerda dos poemas. El primero es uno de los más emblemáticos de la literatura en español: “Polvo serán, mas polvo enamorado” de Quevedo. El otro es “Hermandad” de Octavio Paz, dedicado a Claudio Ptolomeo. Según Gordon, este poema muestra, otra vez, el escenario de nuestra conciencia: “un ser humano que en la Tierra se pregunta sobre su lugar en el universo  y trata de entender su origen”. Paz escribe: “Soy hombre: duro poco / y es enorme la noche. / Pero miro hacia arriba: / las estrellas escriben. / Sin entender comprendo: / También soy escritura / y en este mismo instante alguien me deletrea”. 

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