Cultura y Pop: Buscando a Turrell

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/ 9 marzo 2026

¿Quién me dice que no volveré? La tercera es la vencida, y la ilusión de ver arte ayuda a sobrellevar el chingoteo diario

No recuerdo cuando escuché hablar por primera vez del artista estadounidense James Turrell, pero recuerdo la referencia. En 1979 Turrell compró un cono volcánico en el desierto de Arizona, y desde entonces lo está transformando en la obra de su vida: un observatorio, diseñado para experimentar la luz del cielo, el sol, y los fenómenos celestes a simple vista.

Ahora una confesión: todo esto me hizo pensar que Turrell, como tantos otros artistas, era megalomaníaco.

Ah, la ignorancia.

Hace un año y medio visité por primera vez el museo MoMA PS1 en Queens, y me enteré de que una de sus obras principales es “Meeting” (“Reunión”) de Turrell, parte de su serie “Skyscapes.” Describir esta obra es sencillo: consiste en una apertura rectangular en el techo, algunos efectos de iluminación, y unas bancas para los visitantes.

Para entonces yo ya había leído más sobre su obra. Entre muchas referencias interesantes, una capturó mi interés, porque venía de Christoph Niemann.

Otro día escribiré sobre él. Valga decir por ahora que, entre las muchas otras cosas que ha hecho, las portadas de Niemann para la revista The New Yorker lo dejan a uno dándole vueltas a cómo dibujos aparentemente tan sencillos mezclan tanta belleza y contenido.

Pues bien, dice Niemann sobre Turrell: “Lo que hace es solo un agujero y luz. No significa nada, no representa nada, no toca nada histórico, político o social. No necesitas educación para verlo. Vas allí y todo está en tu cabeza. Parece tratarse de amor y drama, vida y muerte, pero no hay sangre ni desnudez. Lo asombroso es la simplicidad y la abstracción del arte y lo que te hace. De repente, solo piensas en color, perspectiva y luz, cuestionando el mundo entero con solo mirar un cuadrado morado. Nunca he tenido estos momentos con tanta claridad como al ver la obra de Turrell.”

La primera vez que Niemann vió “Meeting,” pensó durante un largo minuto que lo que estaba viendo era la proyección de un video—hasta que descubrió, pasmado, que era el cielo.

Muchas personas dicen que cuando miran una de las “Skyspaces” de Turrell, su percepción cambia.

Así que hace un año y medio, de visita por primera vez en el MoMA PS1, subí emocionado al segundo piso...

... sólo para encontrarme con que la obra de Turrell estaba cerrada al público, porque había llovido y el suelo estaba resbaladizo.

Hace unos días volví a Nueva York. La ciudad llevaba un par de semanas cubierta de nieve, pero el sábado estaría soleado. Organicé mi día en función de una nueva vista al PS1...

... y en la recepción encontré un letrero que decía que la obra de Turrell estaba cerrada otra vez. La recepcionista me lo explicó: “Hay nieve en el techo, y al derretirse gotea.”

No importa. ¿Quién me dice que no volveré? La tercera es la vencida, y la ilusión de ver arte ayuda a sobrellevar el chingoteo diario.

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Doctor en Literatura por la Universidad de Salamanca. Vive en Europa desde el 2000, donde ha viajado extensamente. Ha sido guionista y locutor de radio, y escritor de libros, museos, arte, viajes, conciertos, y películas. Actualmente es profesor en la Universidad de Ciencias Aplicadas Zuyd en Maastricht (Países Bajos), donde imparte clases de Lengua y Cultura Española, Comunicación Intercultural, Presentation Skills y Storytelling. En sus noches libres cocina para rockeros y poperos en la sala de conciertos Muziekgieterij.

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