¿Hay planetas más habitables que la Tierra? Puede que sí
Los científicos creen que hay mundos fuera de nuestro sistema solar donde la vida es aún más abundante y sostenible
NUEVA YORK- Hace unos años, en un laboratorio de Berlín, la astrobióloga Iva Vilović se emocionó al observar mastuerzo que brotaba bajo una luz diseñada para imitar a una estrella “enana K”, una estrella de tono anaranjado que es más fría y de combustión más lenta que nuestro sol amarillo. Para su sorpresa, el mastuerzo creció aún más rápido y alto que bajo la luz solar simulada.
Sus resultados sugirieron que la fotosíntesis, el proceso que provee de energía a toda la red alimentaria de la Tierra, puede ocurrir en planetas que orbitan estas estrellas anaranjadas. “La luz de una enana K es una fuente de luz muy muy interesante, y debería ser considerada, si no priorizada, para cualquier tipo de búsqueda de vida extraterrestre, en mi opinión”, dijo Vilović, quien ahora trabaja en el Instituto Leibniz de Astrofísica en Potsdam, Alemania.
En particular, la vida extraterrestre podría prosperar bajo la luz de estas estrellas en planetas que son ligeramente más grandes que la Tierra, conocidos como supertierras. Científicos como Vilović creen que las supertierras que orbitan a las enanas K podrían, de hecho, ser los lugares con más vida de la galaxia, tal vez incluso más adecuados para la vida que aquí.
Los científicos los denominan “mundos superhabitables”, planetas que permitirían que la vida basada en el carbono persistiera por más tiempo y se volviera aún más compleja y diversa que en la Tierra.
Un mundo superhabitable, tal como lo imaginan los científicos, es entre un 20 y un 30 por ciento más ancho y el doble de masivo que la Tierra, y se encuentra a la distancia correcta de su estrella para que el agua fluya en su superficie. La gravedad más fuerte de esta tierra de mayor tamaño retendría las moléculas del ambiente con más fuerza que la Tierra, lo que le daría al planeta una atmósfera más densa y un clima más cálido y estable, lo que impulsaría el crecimiento de plantas y animales extraterrestres (o sus equivalentes). El núcleo de hierro más grande de la supertierra erigiría a su alrededor un campo magnético más fuerte que bloquearía mejor la radiación cósmica.
En cuanto a la superficie del planeta superhabitable, imagina el paraíso. Un orbe agrandado sería más redondo y liso que la Tierra, ya que su gravedad superior erosionaría las plataformas continentales y rellenaría las fosas. El agua se extendería de manera uniforme sobre su superficie en forma de lagos y mares poco profundos.
En la Tierra, las islas tropicales y los mares poco profundos se encuentran entre los hábitats con mayor biodiversidad. Ahora imagina todo un mundo de archipiélagos y arrecifes templados. Las islas estarían repletas de actividad biológica; sus diversas topografías y aislamiento geográfico impulsarían explosiones de distintas especies. La luz llegaría con claridad hasta el fondo del mar, proporcionando energía a abundantes algas y plantas extraterrestres para alimentar un próspero ecosistema marino.
En cuanto a esa luz, podría ser el resplandor anaranjado de la estrella enana K del planeta.
Fue en la década de 2010 cuando los astrónomos empezaron a considerar planetas que son un poco más grandes, y un poco más agradables, que la Tierra, y dónde encontrarlos. Toda la idea surgió, en parte, por una pregunta de John Armstrong, profesor de la Universidad Estatal de Weber en Utah, quien preguntó en la sección de comentarios de un seminario de astrobiología en YouTube: “¿No debería haber planetas más habitables que la Tierra?”.
Eso hizo pensar a otro astrónomo, René Heller, quien ahora se encuentra en el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Alemania. En la búsqueda para descubrir señales químicas de vida en mundos distantes, pensó, los astrónomos se han enfocado en encontrar “gemelos de la Tierra”, planetas rocosos, acuosos y del tamaño de la Tierra que orbitan estrellas parecidas al Sol. Pero cuando se trata de albergar vida, es posible que la Tierra no sea el arquetipo ideal. Después de todo, el hecho de que no estamos ubicados en un lugar especial en el cosmos (que giramos alrededor del Sol, no que él gira alrededor de nosotros) es de lo que se trató la revolución copernicana.
“Se me ocurrió que actualmente, la humanidad busca planetas parecidos a la Tierra con el mismo sesgo antropocéntrico”, dijo Heller. “Por supuesto, la Tierra es especial para nosotros. Pero desde una perspectiva universal, ¿por qué la Tierra debería ser una referencia?”.
De hecho, la Tierra es apenas marginalmente habitable. La mayoría de los astrobiólogos piensa que el agua debe estar presente en la superficie de un planeta para que surja vida en él y, efectivamente, las primeras bacterias aparecieron en la Tierra casi tan pronto como el agua se acumuló en su superficie en enfriamiento hace aproximadamente cuatro millardos de años. Pero si la Tierra estuviera apenas un 2 por ciento más cerca del Sol, esa acumulación de agua no habría ocurrido. En cambio, toda el agua de la Tierra habría hervido hasta evaporarse. Tuvimos suerte. Pero nuestra suerte se acabará. El Sol se está en expansión y se hace más brillante. Los científicos calculan que en unos 500 millones de años, más o menos, la Tierra será demasiado cálida como para sustentar vida compleja como plantas y animales.
Para Heller, la búsqueda de mundos más habitables se trata de “descubrir si estamos solos, si podrían habernos encontrado, si hay alguien con quien hablar”, dijo.
“Aunque, al menos en mi vida diaria, no soy una persona muy espiritual”, añadió, “sin embargo, es algo que al menos me motiva: esta pregunta, ¿podría haber alguien?”.
Contactó a Armstrong, y juntos escribieron un artículo en 2014 en el que presentaban la hipótesis de los mundos superhabitables, los cuales ambos imaginaron como supertierras cubiertas de archipiélagos. Proponían un nuevo objetivo para los telescopios.
“Los mundos superhabitables deben considerarse para futuras observaciones de seguimiento de señales de vida extraterrestre”, escribieron.
En el artículo, Heller y Armstrong razonaron que las enanas K, pequeñas y frías, serían mejores estrellas anfitrionas para mundos superhabitables que las estrellas parecidas al Sol, porque queman su combustible de hidrógeno más lentamente y se vuelven más brillantes de manera mucho más gradual. A nuestro sol solo le quedan cinco millardos de años de hidrógeno antes de que se expanda y se enrojezca repentinamente, convirtiéndose en una gigante roja que engullirá la Tierra. Las enanas K, en contraste, brillan de manera constante durante decenas de millardos de años. Esto significa que la vida en un planeta superhabitable que orbita una enana K tiene mucho más tiempo para evolucionar hacia formas de vida cada vez más complejas.
¿Qué tipo de formas de vida? Solo podemos imaginarlo. Todo lo que sabemos es que los terrícolas se han vuelto cada vez más complejos y sofisticados en los últimos cuatro millardos de años, lo que hasta ahora ha culminado en una inteligencia a nivel humano.
“Las enanas K parecen ser la estrella ideal para todos”, dijo Johanna Teske, científica planetaria del Instituto Carnegie para la Ciencia en Washington, D. C. Los planetas que pueden mantener agua líquida se sitúan más cerca de las enanas K que de las estrellas similares al Sol, por lo que son más fáciles de observar con los telescopios.
Los astrónomos buscan vida en planetas a decenas o cientos de años luz de distancia mediante la búsqueda de gases en sus atmósferas que puedan indicar actividad biológica. Los instrumentos actuales, como el Telescopio Espacial James Webb, son capaces principalmente de examinar los cielos de planetas rocosos que orbitan estrechamente diminutas estrellas rojas llamadas enanas M. Hasta ahora, la mayoría de estos planetas se han revelado como rocas desnudas, desprovistas de cielo por sus agresivas estrellas cercanas.
Explorar los cielos de posibles planetas superhabitables —es decir, supertierras que orbitan a las distancias correctas alrededor de enanas K— debería volverse viable en el futuro. El primer paso es encontrar candidatos cercanos. Heller es uno de los líderes de la misión Plato de la Agencia Espacial Europea, un telescopio espacial que se lanzará en 2027 con el propósito de detectar planetas potencialmente habitables, incluidas las supertierras que orbitan enanas K. “Probablemente encontremos algunos de ellos, tal vez una decena”, dijo Heller. “Pero no aprenderemos mucho sobre ellos”.
Las observaciones de seguimiento de otros telescopios deberían revelar más sobre la composición química de los cielos de estos planetas. El telescopio Webb podría ser capaz de investigar los cielos de algunas supertierras potencialmente superhabitables en los próximos años. El Telescopio Extremadamente Grande, que mide 39 metros de diámetro y se encuentra actualmente en construcción en Chile, será capaz de ver un mayor número de ellas. Observaciones aún más amplias y definitivas serán posibles con el Observatorio de Mundos Habitables, una misión espacial de la NASA planeada para la década de 2040.
Para Vilović, la búsqueda de planetas superhabitables es, en parte, “un sueño idealista de un mundo que tiene condiciones hermosas que no se vean afectadas por los humanos de manera negativa”, dijo. Ella cree que también se trata de un “impulso por encontrar los extremos”, la versión más extrema del tipo de vida que conocemos y entendemos.
En cuanto a si el sueño también es una realidad, Vilović se siente optimista respecto a las probabilidades. “Me gusta creer que, estadísticamente hablando, en el ámbito del universo, es probable que exista vida, especialmente en los planetas superhabitables”, dijo. c. 2026 The New York Times Company.
Por Natalie Wolchover, The New York Times.