El ardiente galán trataba de convencer a su novia, doncella con escrúpulos. Hagamos el amor, mi vida –le pidió–. ¿No ves cómo la flor de mi deseo abre sus pétalos?
Aceptada por don Vetarrino la tarifa, se dirigieron las partes contratantes al Motel Kamawa... el añoso señor le indicó a la chica que le pagaría sus servicios con un cheque
El bribón invocó la estúpida sentencia según la cual ‘Deudas de juego son deudas de honor’, cuando en verdad son de deshonor, y le dijo a su mujer que si no cumplía la apuesta tendría que suicidarse