20 preguntas a Emiliano Monge

Vida
/ 7 diciembre 2016

20 autores antologados han sido invitados a contestar un cuestionario de 20 preguntas sobre los usos y costumbres, rituales y obsesiones que suelen acompañarlos en el oficio de escribir. Acá presentamos a Emiliano Monge

Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978), Ha publicado la colección de relatos Arrastrar esa sombra (Sexto Piso, 2008) y es autor de las novelas Morirse de memoria (Sexto Piso, 2009), El cielo árido (Mondadori, 2012) y Las tierras arrasadas (Literatura Random House, 2015). En enero de 2017 LRH publicará La superficie más honda, su nuevo libro de relatos. 

En nuestro Especial de Ficción 2016 participó con el cuento "Lo que importa es que lo arreglen", que puedes leer AQUÍ. Si quieres leer la revista completa en PDF, haz click AQUÍ.

VICE: ¿Para qué carajos "sirve" la literatura?

Emiliano Monge: Para que el presente no pierda todos las partidas. Para acordarnos de los seres y de las cosas que se fajan ante al tiempo. Para transplantarnos. Para alumbrar lo que se esconde entre las sombras. Para consolarnos.

¿Cuál es la mentira que más repite?

¡Qué alegría verte!

¿Recurre a la literatura para responderse preguntas existenciales? ¿Qué libro le ha sido más efectivo en este apartado?


Recurro, sí. Pero no diría "para responderme preguntas existenciales" tanto como "para sobarme dolores existenciales". Y el libro que más me ha servido, en este sentido, es La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro.

¿El taller enseña a escribir?

Nunca he formado parte de un taller, así que no debería opinar. Pero como soy fiel a mis prejuicios, diré que nunca he creído que se pueda enseñar a escribir. Por supuesto, se puede enseñar a redactar. Pero a escribir sólo se aprende leyendo, escribiendo y callando una y otra vez y una vez más. Y no creo que en los talleres la gente sepa callarse.

¿Qué reliquia literaria le gustaría poseer? ¿Cuál va a legar usted?

Me gustaría poseer el Yojo de Queequeg. Para luego legarlo lo más pronto posible.

¿Pensamiento mágico o rigor científico?

Una espada en cada mano. Para cambiar de opinión en cada momento y no sentir esa obligación tan pinche de estar de acuerdo con uno mismo. Como dice mi amigo Gumucio: mis ideas no son mías ni están completas, son de todos y están en construcción; si las expongo es para ver qué hacen ustedes con ellas.

Para la escritura, ¿ruido o silencio?

Silencio. Silencio como de sacarse los tímpanos.

¿Con qué estimulante atiza a la musa cuando anda lenta?

Nicotina y cafeína.

¿Ha usado la trama de alguno de sus libros para ajustar cuentas con algún enemigo? (en caso de que los tenga, porque acá, asumimos, somos todos gente de mucha paz)

Aún no. Me falta el enemigo. Por eso sólo he ajustado cuentas con algunos amigos. Y ha sido delicioso.

¿Cree en el talento, en el esfuerzo o en ninguno?

En el esfuerzo. Como decía Descartes: los escritores no somos sino bestias de carga.

¿Qué artículos descansan sobre su mesita de noche?

Una lámpara, un cenicero, una caja de Almax y un frasquito de Rivotril.

¿Por qué cuesta tanto trabajo escribir bien sobre sexo?

Porque al hacerlo, la mayoría de escritores olvida al narrador y escribe desde el propio deseo o los prejuicios propios. Y aniquilando la pulsión de plural no se logra escapar de la singularidad.

¿Con que género artístico distinto a la escritura dialoga su obra?

Me gustaría pensar que con la escultura.

 

$!20 preguntas a Emiliano Monge

¿Cuándo fue la última vez que pensó que iba a morir? ¿Bajo qué circunstancias?

Hace unos meses. Me dio salmonela por un pulpito que me comí en el centro y antes de saber qué era lo que me estaba matando pensé: ahora sí, a desayunar con Flores Magón.


¿Qué libro le parece más sobrevaluado? ¿Y el más infravalorado?

Entre los sobrevaluados, el empate ya ni paga. Pero entre los infravalorados, hay uno que arrasa: Mis amigos, de Emmanuel Bove.

¿Qué autor o autora le gustaría mantener en secreto por siempre?

Emmanuel Bove.

¿Roba libros? ¿Cuál fue el último?

A manos llenas. Sobre todo de la bodega de distribución de Sexto Piso. Los últimos fueron una biografía de Gramsci y un ensayo de Giorgio Agamben.

¿Qué opina de los apoyos del estado a los autores? Disfrácese de gestor por un inciso: ¿qué arreglos le haría a los sistemas de subvención?

Me parecen que están muy bien. No soy uno de esos neoliberales inconscientes que van por ahí exigiendo que todo apoyo a la creación o a la investigación sea privado. Eso sí, creo que habiéndose transparentado los procesos de selección de becarios, se deberían transparentar los procesos de selección de jurados.

¿Si se le daña el disco duro irremediablemente, lo consideraría una tragedia o un alivio?

Si se me daña el disco duro irremediablemente y no tengo una copia de seguridad en otro soporte, lo que consideraría es que soy un imbécil.

¿Por qué son tan fallidas las campañas del estado para promocionar la lectura? Invéntese un eslogan.

Porque olvidan que el asunto principal es el tiempo. Antes de decir: tenemos que leer, debemos decir: tenemos que hacernos el tiempo para leer. Lo del eslogan, desgraciadamente, está más allá de mis capacidades.