El primer celular de mi hijo: ¿cual es la edad más idónea para darle uno?
¿A los 10 años, a los 12, a los 14, cuando...? Una experta en bienestar digital ofrece algunas claves para resolver esta cuestión
¿Cuáles son la edad y la etapa de maduración de nuestros hijos más adecuadas para entregarle su primer teléfono móvil inteligente? Esta pregunta, y las decisiones que conlleva, generan incertidumbre y desorientación en la mayoría de las familias, según los especialistas en educación digital.
Siete de cada diez padres y madres reconocen que han sentido algún grado de inseguridad, duda o falta de preparación a la hora de acompañar a sus hijos en el uso de su primer móvil, según una encuesta de SPC, compañía tecnológica europea especializada en dispositivos para niños y mayores.
Se trata de un estudio efectuado en España pero que se considera extrapolable en diverso grado a otros países del mundo hispanohablante.
UNA DECISIÓN QUE GENERA DUDAS
La incertidumbre parental puede verse reforzada por la presión que los padres reciben del entorno, generada por la circunstancia de que otros niños y niñas ya disponen de un dispositivo, el temor a que sus hijos puedan sentirse excluidos o el hecho de que determinadas actividades y grupos se organicen cada vez más a través de aplicaciones digitales, según esta misma encuesta.
El estudio de SPC también se ha detectado que los padres tienden cada vez más a elegir como primer dispositivo para sus hijos uno de los llamados móviles ‘tontos’ (dumbphones, en inglés), modelos sin conexión a Internet, posibilidad de instalar aplicaciones ni acceder a redes sociales, y que solo permiten efectuar llamadas, enviar SMS o escuchar música.
Muchas familias prueban esta opción en lugar de entregar directamente un ‘smartphone’ o una ‘tablet’ a sus hijos, recalcan.
DE LOS TELÉFONOS “TONTOS” A LOS CELULARES EVOLUTIVOS
En realidad, los modelos más avanzados de ‘dumbphones’ solo pueden considerarse ‘tontos’ al principio, porque están especialmente diseñados para evolucionar junto con el niño, acompañándolo desde sus primeros pasos digitales, comenzando como un reproductor de música y aumentando sus prestaciones, hasta convertirse en su primer teléfono inteligente.
Por ejemplo, el móvil evolutivo WUUM ONE permite que los mayores vayan activando de forma progresiva en este dispositivo funciones como la cámara, las llamadas, la mensajería con emojis o notas de voz, o la navegación por internet, a medida que sus hijos menores ganan autonomía y su familia lo considera adecuado, informan.
Esta progresión de funciones se gestiona desde una aplicación de comunicación segura denominada CIRCLES que los padres instalan en su propio smartphone y mantiene conectada a toda la familia a través de círculos de confianza (entornos privados en los que los menores solo pueden comunicarse con personas autorizadas o con familiares encargados de supervisarlos).
UN NUEVO “ECOSISTEMA DIGITAL FAMILIAR”
Este ‘ecosistema digital familiar’ se complementa con un Compromiso Digital Familiar (CDF) desarrollado por la experta en educación digital Laura Cuesta (@LauraCuestaCano), un acuerdo que firman padres e hijos y sirve de orientación para el uso consensuado del dispositivo, acorde al grado de madurez, contexto y necesidades del menor, en cuatro etapas, de los 6 a los 16 años de edad.
Este acuerdo incluye compromisos del niño (como usar el dispositivo en zonas comunes, contar a qué juega o pedir ayuda cuando algo le hace sentir mal) y también de los adultos (ser la red de seguridad de sus hijos y no su vigilante, explicar el porqué de los límites en vez de imponerlos, así como no publicar fotografías de sus hijos en redes sin su permiso).
“Las familias suelen buscar algún tipo de guía mágica que les sirva para saber cómo y cuándo dar la tecnología a sus hijos, pero no existe una fórmula única, porque lo que es válido para una familia puede no servir para otra e, incluso, en la misma familia no todos los hijos tienen los mismos ritmos de madurez”, explica Cuesta.
LA MADUREZ CUENTA MÁS QUE LA EDAD
Por ejemplo, las necesidades de consenso familiar no son iguales en la etapa en que un niño da sus primeros pasos en el ámbito tecnológico, cuando su dispositivo aún no es “personal” y lo usa de modo acompañado, que en la adolescencia cuando el adulto pasa de ser quien pone límites a convertirse en la persona de referencia a la que el niño acude cuando algo se complica, señala.
Para esta experta, “lo ideal es buscar el equilibrio entre el tiempo que los menores pasan conectados y el tiempo libre de pantallas, y decidir las normas hablando y revisándolas en familia a medida que el niño crece, a través de una conversación que evoluciona con la familia y un acuerdo que, cuando llega el momento, asumen juntos los niños y los adultos que los acompañan”.
Laura Cuesta explica en una entrevista con EFE, que “un móvil sin conexión a internet solo con llamadas (‘dumbphone’) puede ser usado perfectamente por un niño de 9, 10 u 11 años. El mayor problema que entraña a esas edades es que lo pierda o lo rompa”.
En lo relativo a los ‘smartphones’ (móviles inteligentes con conexión a internet), Cuesta considera que, salvo excepciones (niños especialmente maduros y responsables, familias que llevan educando y guiando sobre el entorno digital tiempo), este tipo de dispositivos nunca debería entregarse a un hijo antes de que cumpla los 14 años.
Para Cuesta, lo ideal es que se entregue a los menores un dispositivo evolutivo que le otorgue el control a los padres, y les permita ir activando y desactivando opciones y funcionalidades, incluido el acceso a llamadas, redes sociales o al buscador de internet, en función de las necesidades y grado de madurez que va desarrollando su hijo.
Así, “el menor se va introduciendo en el uso de la tecnología de forma progresiva, supervisada y acompañada”, enfatiza.
CÓMO SABER SI NUESTRO HIJO ESTÁ PREPARADO O NO
Consultada acerca de cuáles son las señales que indican que un menor está preparado o no para tener un ‘smartphone’ propio, Cuesta señala que “tanto la preparación como la falta de nuestro hijo las podemos comprobar y detectar en el día a día a través de sus interacciones con el entorno físico, ya que no es una cuestión o característica del ámbito digital”.
Por ejemplo, los padres pueden constatar la madurez de sus hijos menores respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Conseguir que la niña o el niño se ponga a hacer los deberes cuando llega del colegio es una batalla diaria?; ¿cuesta conseguir que ponga su habitación en orden o ayude en las tareas domésticas?, ¿Es responsable con sus cosas, o todo lo pierde o lo rompe?, ¿le cuesta aceptar los límites y los ‘no’ en respuesta a sus demandas?
Si todas estas cuestiones generan en casa una lucha continúa con nuestro hijo, “deberíamos retrasar la entrega de un dispositivo ya que va a suponer una nueva responsabilidad que el menor va a tener que aceptar”, y para la que no parece estar preparado: la del cuidado y buen uso del dispositivo electrónico, asevera Cuesta.
“Cuando tenemos hijos menores de edad, pero que responden a nuestra primera llamada, saben dejar la actividad de ocio que estaban haciendo sin enfados ni broncas, y son cuidadosos con sus pertenencias, entonces el momento de entregarles el primer móvil podría adelantarse”, matiza esta experta.
“Eso sí, lo que nunca podemos pensar los padres es en darles un dispositivo y olvidarnos, ya que la supervisión, orientación, educación y acompañamiento de nuestros hijos por nuestra parte, es insustituible”, enfatiza.
RECOMENDACIONES BÁSICAS DE EDUCACIÓN DIGITAL
“Antes de dar el primer móvil a un hijo debemos normalizar las conversaciones sobre tecnología, hablando de oportunidades y riesgos, sin alarmismos ni demonizando su uso, y establecer un clima de confianza para que cuando sean adolescentes puedan contarnos sin miedo lo que les asusta, molesta o preocupa, en el ámbito digital o en el analógico”, recomienda Cuesta.
“Cuando le demos el primer móvil debemos poner normas y límites de uso del dispositivo, claras, sencillas y que se puedan flexibilizar e ir ajustando según vayan creciendo, así como configurar las opciones de seguridad y privacidad del dispositivo y todas las ‘apps’ que utilice el menor, así como los controles parentales”, prosigue.
Una vez que nuestros hijos ya están utilizando el dispositivo, sus padres deben “orientarles y educarles en el buen uso de las ‘apps’ y plataformas; mantener conversaciones y una escucha activa continua para detectar posibles riesgos y minimizar cualquier posible daño”; además de “ser modelos de referencia para ellos en el buen uso de la tecnología”, concluye esta experta.
La educadora y especialista en bienestar digital, Laura Cuesta ha redactado una guía para ayudar a las familias a acompañar a sus hijos e hijas en su relación con la tecnología, que puede leerse y obtenerse en https://onspc.com/es-es/pages/guias-para-padres.
DESTACADOS:
- Más allá de la edad a la que conviene entregar el primer móvil a sus hijos, cada vez más padres y madres se preguntan cómo introducir la tecnología de modo responsable, qué normas les conviene establecer y cómo pueden acompañar a los niños en un entorno digital omnipresente, según la especialista Laura Cuesta.
- La decisión de dar el primer móvil a un niño no solo depende de cuántos años tenga, sino también de su madurez para aceptar la responsabilidad de cuidar y usar bien el dispositivo. Sus padres tienen muchos indicios en el día a día, para saber si su hijo está preparado para recibirlo, señala Cuesta en entrevista con EFE.
- Los móviles evolutivos, inicialmente sin datos, solo para llamadas y funciones básicas y que progresan hasta convertirse en el primer ‘smartphone’ del niño, así como las ‘apps’ de comunicación cerrada que conectan a las familias a través de círculos de confianza, son algunas soluciones innovadoras.
Por Ricardo Segura EFE-Reportajes.