Chatbot y personas, ¿podrá IA reemplazar las funciones sociales y emocionales de los humanos?

Chatbot y personas, ¿podrá IA reemplazar las funciones sociales y emocionales de los humanos?

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Si bien los chatbot poseen la capacidad de brindar información sobre diversos temas y hay algunas personas que los usan como especie de “consejero”, la pregunta es si esta tecnología ¿podrá reemplazar nuestras funciones sociales y emocionales?

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Oliver Serrano León , quien es el director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea, explica en su artículo titulado “Estas son las funciones sociales y emocionales que nunca podrá cubrir un chatbot”, publicado en The Conversation, que actualmente “millones de personas interactúan a diario con sistemas conversacionales, no solo para resolver dudas o aumentar su productividad, sino también para desahogarse, ordenar pensamientos o sentirse acompañadas”.

Para León, lo que es de llamar la atención “el tipo de vínculo que empieza a emerger” entre las personas y las aplicaciones de inteligencia artificial.

https://vanguardia.com.mx/vida/bienestar/estudio-alerta-sobre-chatbots-que-refuerzan-que-las-personas-tomen-malas-decisiones-y-danan-sus-relaciones-PO19719868

“Aplicaciones diseñadas específicamente para ofrecer compañía, como Replika o Character.AI, y herramientas más generalistas como ChatGPT están ocupando un espacio que hasta hace poco pertenecía exclusivamente a las relaciones humanas: el de la interacción emocional cotidiana”, describe el director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Por lo que, en opinión de León, la pregunta esencial “no es si estas tecnologías pueden conversar de forma convincente” con las personas, “sino qué ocurre cuando empezamos a relacionarnos con máquinas que simulan escucharnos, comprendernos y acompañarnos”.

En este sentido en el artículo “AI Chatbots For Mental Health–What Works, What Harms, and What’s Next” publicado en el sitio web de la National Academy of Medicine, que es una organización no gubernamental sin ánimo de lucro de Estados Unidos, señala que expertos de The Jed Foundation, la Universidad de Columbia, el Beth Israel Deaconess Medical Center y la American Psychological Association estudiaron qué tan eficiente son los chatbots de IA al momento de responder a las necesidades en cuanto a la salud mental de los usuarios; así también cómo se puede “garantizar el uso adecuado de estas herramientas” y, “ cómo “los clínicos y las empresas tecnológicas podrían colaborar para asegurar que los chatbots puedan atender solicitudes relacionadas con la salud mental de manera rápida y segura”.

De acuerdo con la National Academy of Medicine, el 13 % de las personas menores de 18 años y el 22 % de las mayores de 18 hicieron uso de chatbots con el propósito de “obtener consejos sobre salud mental”; los autores de este artículo hacen hincapié en que hasta ahora “estas herramientas no están validadas clínicamente, en algunos casos se han presentado ante los usuarios como enfermeras y terapeutas con licencia, y podrían haber causado “psicosis por IA” en un pequeño número de casos; aun así, las personas continúan solicitándoles orientación”.

En base a lo anterior, habremos de preguntarnos ¿cuál es la razón que motiva a las personas tomar la decisión de preguntarle a un chatbot sobre diversas cuestiones ya sea entorno a su salud o sobre una receta de cocina en vez de ir al médico o con un psicoterapeuta o con un amigo?

INTERACCIÓN SOCIAL, ¿CON PERSONAS O UN CHABOT?

“Desde la psicología social, sabemos que los seres humanos no necesitamos demasiado para activar nuestros mecanismos de interacción social. Basta con que algo responda de forma contingente, coherente y mínimamente personalizada”, detalla León, quien añade diciendo que “este fenómeno, conocido como antropomorfización, describe la tendencia a atribuir mente, intención y emociones a sistemas no humanos”.

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Siendo así que el docente en la Universidad Europea, acentúa que estos nuevos “sistemas conversacionales actuales cumplen condiciones”; suelen dar respuestas rápidas, realizaran ajustes en el lenguaje, además de que son capaces de recordar “información previa” y “simulan estados emocionales”.

“No es que confundamos una IA con una persona; es que nuestro sistema cognitivo no está diseñado para interactuar con entidades que “parecen sociales” sin tratarlas como tales. Como ya mostraron los investigadores de la Universidad de Standford Clifford Reeves y Byron Nass en su informe The Media Equation, tendemos a aplicar normas sociales a ordenadores y medios, incluso cuando sabemos que no son humanos”, explica León.

“En la práctica, esto significa que hablar con una IA no es una interacción neutra. Es una interacción psicológicamente social, aunque uno de los interlocutores no sea una persona”, prosigue el director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria.

Una investigación titulada “AI chatbots and digital companions are reshaping emotional connection” publicada en el mes de enero en el sitio web de la American Psychological Associaton, revela que además de los asistentes de IA generativa tales como ChatGPT, Claude y Gemini, existen nueves aplicaciones de inteligencia artificial, entre ellos Replika y Character.AI creados fundamentalmente para “simular la compañía humana”. “La diferencia esencial entre los chatbots asistentes, que a veces se usan como amigos digitales, y los chatbots de IA de compañía radica en que estos últimos han sido diseñados específicamente para iniciar y mantener relaciones románticas”.

“Un análisis reciente de Harvard Business Review identificó la terapia y la compañía como las dos principales razones por las que las personas usan herramientas de IA generativa, también conocidas como modelos de lenguaje grandes (LLM). Este hallazgo se ha visto corroborado en investigaciones psicológicas recientes”, señala la American Psychological Associaton (APA).

La APA, precisa que en las personas existe “una predisposición natural a antropomorfizar”, esto significa, dar atributos de “rasgos humanos a objetos no humanos”; por lo que, añade, “los compañeros digitales están diseñados específicamente para provocar esta respuesta. Las aplicaciones permiten a los usuarios personalizar a sus compañeros asignándoles nombres, géneros, avatares e incluso historias ficticias. Muchas plataformas ofrecen modos de texto y voz con un habla natural que imita la cadencia y el tono humanos”.

En base a esto, “los chatbots y compañeros con IA se configuran cada vez más para simular empatía, ofreciendo a los usuarios respuestas imparciales y una validación constante”; de esta forma “uanto más humana parezca una IA en lenguaje, apariencia y comportamiento, más le atribuirán los usuarios consciencia”.

RELACIONES HUMANAS VS RELACIONES ARTIFICIALES

Las relaciones entre las personas por sí mismas “son complejas”, esto se debe a que suelen implicar “tiempos de espera, malentendidos, reciprocidad, conflicto” y la realización de “ajuste continuo”, señala León, por lo contrario, “los compañeros artificiales o AI companions eliminan gran parte de esa fricción”, y también “están disponibles en cualquier momento, responden de forma inmediata y rara vez introducen disonancia o desacuerdo”.

Siendo así, que “desde el punto de vista del aprendizaje, esto genera un entorno especialmente reforzante. Las interacciones tienden a ser satisfactorias o, al menos, no aversivas, lo que incrementa su repetición. Este tipo de dinámica se entiende bien desde los modelos de refuerzo: cuando una conducta (en este caso, interactuar con la IA) produce consecuencias positivas de forma consistente, su probabilidad de repetición aumenta”, describe León.

Teniendo en cuenta lo anteriormente descrito, para el profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea, no le resulta una sorpresa que muchas personas decidan hacer uso de “estos sistemas para funciones que antes cumplían otras personas”.

“Una de ellas es la regulación emocional básica. Verbalizar pensamientos, ordenar lo que sentimos o recibir una respuesta estructurada puede reducir la activación emocional. Este efecto está bien documentado en la literatura sobre escritura expresiva: poner en palabras la experiencia emocional facilita su procesamiento”, detalla León.

“También aparece la sensación de compañía. Aunque sepamos que la IA no tiene conciencia, la interacción continuada puede generar una percepción subjetiva de presencia. Este fenómeno conecta con las relaciones parasociales, donde los individuos desarrollan vínculos emocionales con figuras mediáticas o virtuales, sin reciprocidad real”, prosigue quien es docente en la Universidad Europea.

¿Qué es más placentero, conversar con otras personas en un dialogo horizontal entre iguales o sentarnos frente a una computadora o cualquier otro dispositivo e iniciar una conversación con una herramienta de IA?

Pienso que la respuesta, estará en cada persona y en cómo se relaciona con su entorno, con otros individuos y en dónde encuentra satisfacción, alegría, placer, confianza o seguridad si en vínculo con otras personas o con un chabots de IA.

Por lo que concluye León, “más que sustituir a las relaciones humanas”, los AI companions dan la impresión de que estar configuradas en “una categoría intermedia: espacios psicológicos de baja exigencia donde es posible hablar, organizarse emocionalmente o sentirse acompañado sin asumir el coste de una relación”, por lo que, prosigue, “la cuestión no es si debemos utilizar estas herramientas, sino cómo integrarlas sin que desplacen aquello que las relaciones humanas aportan y que no puede ser replicado: la negociación, la diferencia, la imprevisibilidad y, en última instancia, la capacidad de transformarnos a través del otro”.

Con información The Conversation, National Academy of Medicine y American Psychological Associaton.

Con experiencia de 15 años laborando en VANGUARDIA, en el área de redacción.

Licenciado en Psicología por la Universidad Intercontinental, maestría en psicoterapia Gestalt, especialidad en Desarrollo Humano. Se especializa en Terapia Gestalt por el Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt. Además, presta sus servicios como psicoterapeuta al programa Touchinglife para empleados de la empresa MAGNA en Saltillo y Ramos Arizpe desde 2010.

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