Del perfume único a la mezcla personalizada: la nueva revolución olfativa de los jóvenes

Del perfume único a la mezcla personalizada: la nueva revolución olfativa de los jóvenes

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EFE
por EFE

Utilizar la misma fragancia de diseñador durante años está pasando de moda. A través de técnicas como el “perfume layering”, los jóvenes están creando sus propios aromas personalizados

Vida
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Oler siempre igual ha dejado de ser un símbolo de elegancia. Para las generaciones más jóvenes, se ha convertido más bien en una muestra de conformismo. En un mundo donde todo se fabrica en masa, salir a la calle y notar que llevas el mismo perfume de diseñador que otras tres personas en el vagón del metro se considera casi un error de estilo.

Por eso, la idea del “perfume de firma” (ese único frasco que usar a diario durante años) está desapareciendo. Hoy, los jóvenes aficionados a la cosmética prefieren huir de los aromas monótonos y comunes y apostar por la creatividad.

La solución no pasa por comprar fragancias más caras, sino por experimentar en casa. Es una tendencia que arrasa en redes sociales con términos como el “perfume layering” (mezclar diferentes fragancias por capas) o el “smellmaxxing” (buscar el mejor olor personal posible).

El objetivo es crear un aroma propio y difícil de copiar combinando cremas corporales con aromas, aceites concentrados, perfumes de marcas menos conocidas y brumas ligeras en un orden específico. De esta manera, consiguen un olor personalizado que cambia a lo largo del día y que resulta casi imposible de imitar.

$!Los jóvenes escogen las fragancias en base a su estado de ánimo. Foto: Ron Lach (Pexels)

Los números de una nueva obsesión olfativa.

Esta tendencia va más allá de una simple moda de internet. Un estudio de la multinacional Unilever revela que el 64% de los jóvenes de la Generación Z pagaría más por un artículo solo por su olor, frente al 47% de la población adulta.

Este entusiasmo explica que casi uno de cada tres jóvenes (el 29%) admita sumarse activamente a modas digitales como el “smellmaxxing”. Y el uso diario también demuestra este cambio de hábitos.

Según datos de mercado publicados por Momo Advisors, el 83% de los jóvenes de esta generación utiliza fragancias de forma habitual, y un 73% se las aplica al menos tres o más veces por semana. Así, el perfume ya no se reserva solo para salir de noche o para citas especiales.

Un interés que implica también un desembolso importante: según la plataforma Scento, los jóvenes de la Generación Z gastan una media de 204 euros al año en este tipo de productos y suelen tener entre 8 y 12 aromas distintos en casa, una cifra muy superior a las 2 o 3 fragancias que suelen conservar los Baby Boomers.

$!Los perfumes concentrados de Oriente Medio, conocidos como aceites árabes, están haciéndole frente a las fragancias de lujo y nicho. Foto: Nikita Krasnov (Pexels)

Vivek Sirohi, director de la división de fragancias de Unilever, explica que “para la Generación Z, la fragancia no consiste solo en oler bien: se ha convertido en parte de cómo se expresan, al igual que la moda o la música. Mezclan, superponen y eligen aromas que reflejan quiénes son y qué les importa”.

En esa misma línea, Bharat Arora, directivo de la firma Sachee Fragrances, destacó para Daily Hunt que “es un cambio fundamental en la forma en que se entiende y experimenta la fragancia: entre la Generación Z, el aroma se define cada vez más por el contexto, adaptándose al estado de ánimo, al entorno e incluso a las influencias digitales”.

La ciencia detrás de la mezcla: cómo funciona el “layering”.

Mezclar perfumes puede parecer un juego al azar, pero quienes lo hacen en serio saben que requiere cierta técnica. No es extraño que las búsquedas en internet sobre el término “perfume layering” hayan subido un 125%, impulsadas por personas que quieren diseñar su propio aroma.

Para entender cómo funciona, conviene recordar que un perfume tradicional tiene tres etapas. Primero están las notas de salida, que son las más ligeras y se evaporan en los primeros 15 a 30 minutos.

Después vienen las notas de corazón, que duran de 2 a 4 horas. Por último, aparecen las notas de fondo, que son más densas (como maderas o almizcle) y pueden durar más de 8 horas en la piel.

Por eso, la norma básica de la mezcla consiste en aplicar primero los aromas más intensos y pesados para que sirvan de base, y luego pulverizar encima los más ligeros. Si se hace al revés, el olor fuerte tapará por completo al más suave.

$!En lugar de seguir solo la marca, los centennials combinan en sus colecciones perfumes de lujo con fragancias baratas, mini tallas o perfumes árabes. Foto: Nastya Sense (Pexels)

Esta técnica tiene base científica. Un estudio publicado en el Journal of Sensory Studies demostró que combinar fragancias aumenta la duración del olor en la piel en un 37% y mejora la proyección o estela en un 42%, en comparación con el uso de un solo producto.

Otro paso clave es preparar la piel. El perfume necesita humedad y grasa para fijarse bien, de lo contrario el alcohol se evapora rápido y el aroma desaparece pronto. Por ello, la costumbre actual es aplicar primero una crema corporal o aceite hidratante para retener la humedad.

Hecho esto, tocaría utilizar una bruma para cuerpo y cabello y, por último, pulverizar los perfumes en los puntos de pulso, como las muñecas, detrás de las orejas o la base del cuello, donde el calor del cuerpo ayuda a difundir mejor el aroma.

Mezclas de lujo y bajo coste para evitar el desperdicio

Uno de los aspectos más interesantes de esta tendencia es que resulta muy accesible. Se ha roto el viejo prejuicio de que solo se deben usar productos de una misma firma de lujo. Y, por eso, en los tocadores de los jóvenes actuales conviven productos muy distintos.

Así, una económica crema hidratante de supermercado sirve como base para fijar un aceite perfumado traído de Oriente Medio a coste medio, rematado finalmente con un perfume de autor o de marca “premium”.

Esta costumbre de personalizar el olor también ayuda a solucionar un problema común: el descarte de perfumes. Se calcula, según un análisis de Momo Advisors, que en Europa hay unos 780 millones de euros en perfumes sin usar debido a compras a ciegas que salieron mal.

Combinar aromas se presenta como una solución creativa. En lugar de tirar un frasco que no convence del todo, los jóvenes lo mezclan con cremas corporales o brumas más ligeras para darle una segunda oportunidad.

Por esta razón, los formatos pequeños ya representan el 38% de las ventas en el sector de lujo, mientras que el mercado de las brumas corporales y capilares creció un 94% hasta alcanzar los 474 millones de euros en ventas, al ser opciones más económicas y fáciles de mezclar.

Los jóvenes buscan huir de lo convencional, lo que ha disparado las búsquedas en internet de “colecciones de perfumes nicho” en un 500%, según Daily Hunt. Además, los aceites concentrados de Oriente Medio, conocidos como “attars” o aceites árabes, son otro de los ingredientes favoritos.

Al no contener alcohol y contar con una concentración de esencia muy alta, estos aceites que suelen oler a oud, almizcle blanco, azafrán o ámbar dejan una base cálida que dura horas en la piel.

En Oriente Medio siempre se ha entendido el perfume como un conjunto de capas, una costumbre que en Occidente se está adoptando ahora con mucho interés. Al mezclar estas bases orientales con fragancias florales o cítricas occidentales se logra un contraste muy original.

Aromas que cuentan historias

Más allá de la química y la técnica de aplicación, esta tendencia tiene un fuerte componente emocional. Los jóvenes de la Generación Z ya no eligen su perfume según la estación del año, sino según su estado de ánimo, lo que quieren transmitir ese día o la “era” personal en la que sienten que se encuentran.

Un ejemplo de esta búsqueda de historias ocurrió cuando la artista Chappell Roan pidió ayuda en Instagram para encontrar un perfume que le habían recomendado y que, según recordaba, “olía a pintalabios”.

La publicación se hizo viral y la fragancia, llamada Girl of the Year (de la firma de Los Ángeles Thin Wild Mercury), se agotó enseguida. Este perfume combina notas de barra de labios, incienso, chaqueta de cuero y pieles retro, lo que muestra el interés de los jóvenes por aromas nostálgicos y diferentes que cuenten algo sobre su personalidad.

El vínculo entre el olor y las emociones es evidente: el 80% de los jóvenes de la Generación Z escoge sus productos de cuidado personal según cómo les hace sentir su aroma, y un 26% busca de forma específica opciones que les aporten seguridad en sí mismos. Además, al 81% le atraen los olores nostálgicos que evocan recuerdos concretos.

Esto explica por qué sus gustos son tan distintos a los de otras generaciones. Los datos de Unilever señalan que los aromas favoritos de la Generación Z están liderados por notas dulces y reconfortantes como la vainilla, la fresa, el coco, la lavanda y la rosa.

De hecho, prefieren los olores “gourmand” a chocolate o miel antes que opciones clásicas como el sándalo o el césped recién cortado. En cambio, los Millennials suelen preferir la menta fresca, y la Generación X se decanta por el olor a ropa limpia de siempre.

Así, el reinado del perfume de diseñador único parece estar llegando a su fin. En su lugar, ha aparecido un consumidor que utiliza su cuerpo para experimentar con las emociones y los olores. Al combinar fragancias, los jóvenes no solo buscan oler bien, sino tener una identidad propia en un mundo muy uniforme.

Y es que, en un vagón de metro donde la gente suele vestir ropa parecida de marcas de moda rápida y escuchar las mismas canciones que recomienda un algoritmo, llevar un aroma personalizado es, tal vez, una de las últimas formas de conservar la individualidad.

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