El muro y la grieta: Alejandro Cerecero, el artista absoluto

Vida
/ 18 febrero 2019

A propósito de “Hitos y mitos”, su reciente exposición en el espacio cultural La Comuna y la conmemoración este año de medio siglo de actividad creadora, es preciso detenernos para hablar de la obra del artista visual más completo y prolífico de Coahuila: Alejandro Cerecero.

Tuvo su primera exposición individual a los 14 años y desde entonces es fecha que su arte no ha dejado de replantearse y evolucionar: desde los primeros dibujos en acrílico y acuarela, pasando por sus breves participaciones en colectivo “Hesse Esso” (grupo de artistas visuales reunidos alrededor de la figura del Maestro Fernando Flores Sánchez a principios de los 80), o su incursión como uno de los pioneros del diseño gráfico y editorial  en nuestra ciudad, Alejandro Cerecero ha transitado por casi todas las técnicas de la plástica y en todas ha demostrado una solvencia técnica indiscutible: de la gráfica al mural artístico, del collage al mural industrial, de la fotografía al palimpsesto, de la instalación a la pintura, de la fotografía al arte digital, de la fotocopia al land art y el ready made, el también arquitecto ha transitado con una potencia, un sentido lúdico y una frescura que ya quisieran para sí muchos artistas jóvenes o emergentes.

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La inteligencia, la técnica
He mencionado anteriormente cómo desde la agenda de las instituciones culturales y sus áreas de artes visuales se ha impulsado una preferencia impositiva por lo conceptual, tendencia que en la mayoría de las expresiones locales –salvo contadísimas excepciones- ha desbarrancado hacia los terrenos del ejercicio literal, la simple glosa, la ocurrencia coyuntural o el facilismo ignorante. Ante cualquiera de las muestras que el artista saltillense realiza año con año en nuestra ciudad –sea su tradicional retrospectiva en el Cerdo de Babel o las recurrentes intervenciones en Casa Purcell,y otros espacios- en el arte de Cerecero se evidencia una apabullante solidez en su discurso. Porque detrás de cada pieza hay una reflexión profunda y original: una pertinencia y un dominio total de los propios medios con los que la pieza está elaborada; un margen al juego y la interpretación.
Y si en una etimología estricta, la techné griega deviene en ars latina derivando en un sentido de producto o actividad hecho con una finalidad comunicativa y estética -una visión personal acerca del mundo- el arte (su técnica y su discurso) del también maestro de la EAP se refleja en cada una de sus obras con una madurez absoluta.

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El medio, la crítica
Hay qué decirlo también, no hay en Coahuila -y probablemente en el Noreste de México- otro artista con su versatilidad: sea cartón, desechos, objetos resignificados, muros, etiquetas comerciales, lienzos de segunda mano, juguetes, memorabilia familiar o personal, todos ellos en manos de este autor se vuelven pretextos y medios ideales; material maleable en dónde ejercer un discurso personalísimo pero plural. Insisto, en tiempos en que los discursos con preocupaciones artificiales o insuficientes pretenden validarse mediante el recurso y el apelativo del “arte social” o la “crítica”, su arte destaca precisamente por su ausencia de etiquetas y la potencia de un discurso que se muestra y se agota en la propia obra, no en backgrounds textuales, ni en pretensiones o factores extra artísticos.
Por otra parte, concepto tan malversado y tan prostituido el de la crítica, en esta muestra el artista lo lleva a su acepción última: si la crítica es una evaluación de la sociedad y de la cultura, y si además la concebimos como un camino para establecer los límites de la validez de una facultad o conjunto de conocimientos –en este caso nuestras nociones acerca la realidad actual del país- entonces en manos de él este recurso deja de ser una etiqueta acomodaticia para convertirse en una visión y un registro artístico, donde se entrecruzan lo simbólico y lo real.
Así, la narcoviolencia, el fenómeno migratorio o las contradicciones del presente momento mexicano, dejan de ser pretextos coyunturales para erigirse en otra cosa: una reinterpretación inteligente y sensible de la realidad actual.
Hitos y mitos de Cerecero en La Comuna: Zaragoza y Lerdo. Una de las mejores exposiciones de arte visual actualmente en la ciudad. No se la pueden perder.


alejandroperezcervantes@hotmail.com

Twitter: @perezcervantes7

 

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Profesor investigador en la Universidad Autónoma de Coahuila en el área de Artes y Humanidades. Doctor en Teoría Crítica por 17, Instituto de Estudios Críticos y Maestro en diseño editorial por la Universidad de Monterrey. Colaborador de medios como El Universal, Luna Córnea, Relatos e historias, Nexos, Sin Embargo y Vanguardia. Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila en los géneros de narrativa y ensayo. Autor de los libros Luz, mirada y tiempo y Los estatutos de la mirada, ha sido curador de proyectos sobre artes visuales y fotografía documental. Como narrador, en 2007 obtuvo el Premio Nacional de Cuento Julio Torri con Murania. Su novela Lengua de plata fue finalista del Premio Internacional de Novela Lipp en el año 2017. En 2019 obtuvo el Premio Nacional de Cuento Magdalena Mondragón con El corazón es un perro perdido.

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