Karla Llamas: dos décadas de orgullo, fe y resistencia en la lucha por la diversidad en Saltillo
De las primeras reuniones con unas cuantas personas a marchas multitudinarias, Karla Llamas ha sido testigo de la transformación del movimiento LGBTIQ+ en Saltillo
A los 12 años, Karla Llamas buscaba respuestas. Creció entre catecismos, grupos juveniles y actividades parroquiales en Saltillo, convencida de que la fe formaba parte de su vida. Sin embargo, también comenzaba a descubrir una realidad que la enfrentaba a los discursos que había escuchado desde la infancia: le gustaban otros niños y no sabía cómo reconciliar aquello con las enseñanzas religiosas que la rodeaban.
Hoy, a sus 41 años, es una de las activistas LGBTIQ+ con mayor trayectoria en la región. Ha dedicado más de dos décadas a la defensa de los derechos humanos, la prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual, y al acompañamiento de personas de la diversidad sexual y sus familias. Pero el camino comenzó mucho antes de las marchas multitudinarias, los festivales, los avances legislativos y su transición.
Todo inició con preguntas, miedo e incertidumbre. “Había una confusión muy grande. Me habían enseñado muchas cosas erróneas sobre la homosexualidad y sobre Dios”, comentó a VANGUARDIA.
Fue durante la adolescencia cuando encontró figuras que cambiarían el rumbo de su vida. Entre ellas, el sacerdote Robert Hogan y el entonces obispo de Saltillo, Raúl Vera, quienes le mostraron una visión distinta de la espiritualidad. “Por primera vez escuché un mensaje donde me decían que Dios me amaba tal como era”. Aquella experiencia no solo transformó su manera de entender la fe, sino que también encendió la chispa de un activismo que, más de 20 años después, continúa vigente.
UNA LUCHA QUE NACIÓ DENTRO DE LA IGLESIA
Contrario a lo que muchos podrían imaginar, parte de la historia del movimiento de diversidad sexual en Saltillo tuvo sus primeros pasos dentro de espacios católicos. A inicios de los años 2000, Karla comenzó a reunir a jóvenes que eran rechazados o expulsados de grupos parroquiales debido a su orientación sexual. Con apoyo de sacerdotes y líderes religiosos, organizaron retiros espirituales para personas LGBTIQ+, encuentros de diálogo con familias y espacios de acompañamiento emocional.
En julio de 2003 realizaron uno de los primeros retiros espirituales dirigidos específicamente a personas de la diversidad sexual bajo el lema “Tú serás una bendición para mi pueblo”. Poco después comenzaron las primeras misas incluyentes y actividades públicas que generaron reacciones encontradas en una sociedad todavía marcada por fuertes prejuicios. “Era una tormenta. Hablar de diversidad sexual ya era complicado; mezclarlo con religión lo hacía todavía más difícil”, dijo Karla.
Sin embargo, el objetivo era claro: construir puentes.
Madres, padres e hijos comenzaron a encontrarse en espacios donde podían hablar de aquello que durante años había permanecido en silencio. Para Karla, aquellos encuentros demostraron que muchas veces el problema no era la falta de amor, sino la falta de información.
LOS AÑOS DEL ESTIGMA
La activista recuerda una ciudad muy distinta a la actual. Hace más de veinte años, las personas trans enfrentaban constantes actos de discriminación y hostigamiento. Uno de los episodios más frecuentes era conocido como “el servilletazo”.
“Los policías se bajaban de las patrullas y te pasaban una servilleta por la cara. Si traías maquillaje, te llevaban a los separos municipales por faltas a la moral”, recordó la activista. La sola posibilidad de caminar libremente por las calles con una identidad de género visible era impensable para muchas personas.
Al mismo tiempo, el VIH seguía siendo un tema rodeado de miedo y desinformación. En 2004, Karla participó en la creación de un albergue para personas que vivían etapas avanzadas de la enfermedad. Aquella experiencia marcaría profundamente su visión del activismo. “Las infecciones no ven orientación sexual. Le pueden dar a cualquiera”, mencionó. Desde entonces, la prevención del VIH se convirtió en uno de los pilares de su trabajo.
DE UNA MARCHA CON 12 PERSONAS A MILES DE ASISTENTES
Cuando habla de las primeras marchas del orgullo en Saltillo, Karla se emociona. En 2009 organizaron lo que hoy llaman la “cero marcha”: apenas una docena de personas recorrió algunas calles del centro con pancartas en las manos. Un año después se realizó la primera edición formal.
Participaron alrededor de 45 personas en un inicio y terminó con alrededor de 90 personas. Para muchos podría parecer una cifra modesta, pero en aquel momento representaba un acto de verdadera valentía. Hoy, 17 marchas después, el panorama es completamente distinto.
Miles de personas salen a las calles cada año para celebrar la diversidad y exigir igualdad de derechos. Tan solo las actividades previas a la marcha de 2026 reunieron, según los organizadores, entre 35 mil y 40 mil asistentes en eventos culturales, artísticos y comunitarios.
“Cuando ocupamos los espacios con nuestros cuerpos es cuando ocurre la magia”, agregó Karla. Para ella, una de las imágenes más poderosas ha sido presenciar la participación de hogares completos en las movilizaciones. “Ver a madres, padres, adolescentes e infancias marchando juntos fue algo impresionante”.
LOS AVANCES QUE SÍ HAN LLEGADO
Después de más de dos décadas de activismo, Karla reconoce que Saltillo y Coahuila han experimentado cambios significativos. Entre ellos menciona la consolidación de marcos legales contra la discriminación, el reconocimiento de derechos para parejas del mismo sexo, mecanismos para la rectificación de actas de identidad y una mayor visibilidad de las personas LGBTIQ+ en espacios públicos.
También destaca algo que para muchas personas puede parecer cotidiano, pero que para generaciones anteriores representó una conquista. “Hoy vemos parejas del mismo sexo tomadas de la mano en la calle. Eso antes era impensable”, señaló.
La presencia de estudiantes trans en universidades, una mayor apertura social y el fortalecimiento de organizaciones civiles son otros de los avances que identifica. Sin embargo, insiste en que la igualdad legal no siempre se traduce en igualdad real.
LOS PENDIENTES DE UNA AGENDA QUE SIGUE ABIERTA
A pesar de los avances, Karla considera que aún existen desafíos urgentes. Habla de la necesidad de garantizar atención médica integral para personas trans, fortalecer las estrategias de prevención y tratamiento del VIH, asegurar oportunidades laborales dignas y generar espacios de representación política para las personas de la diversidad sexual. También cuestiona la ausencia de personas trans y de la comunidad en puestos de toma de decisiones dentro de las instituciones públicas.
“No tenemos una sola persona trans trabajando en el servicio público estatal”, comentó. Además, considera indispensable que existan áreas gubernamentales especializadas para atender las necesidades de la comunidad LGBTIQ+.
Para ella, el acceso a la salud, la educación, la vivienda y el trabajo no debe depender de la orientación sexual o la identidad de género de una persona: “Seguimos insistiendo porque hay familias, hay adolescencias, hay juventudes, hay infancias que tienen que ser protegidas”.
LA ESPERANZA COMO FORMA DE RESISTENCIA
A lo largo de los años, Karla asegura que nunca ha pensado seriamente en abandonar el activismo. Cada persona que busca una prueba de VIH, una orientación, un acompañamiento o simplemente alguien que la escuche, le recuerda por qué comenzó.
En una carpeta guarda fotografías, recortes periodísticos y documentos que narran la historia de la diversidad sexual en Saltillo. Es una especie de archivo de la memoria colectiva de quienes durante años lucharon por existir en espacios que les negaban reconocimiento.
Cuando imagina el futuro, visualiza una ciudad más abierta, con personas LGBTIQ+ ocupando cargos públicos, participando en la toma de decisiones y construyendo políticas para las nuevas generaciones. “¿Por qué no una alcaldesa trans? ¿Por qué no un gobernador LGBTIQ+?”, se pregunta. Su respuesta no suena a consigna, sino a posibilidad.
UN MENSAJE PARA QUIENES VIENEN DETRÁS
Karla piensa en quienes apenas comienzan a recorrer el camino que ella inició hace más de dos décadas y comparte un mensaje para las futuras generaciones:
“Yo creo que lo principal es rodearte de las personas que te aman, de nunca aislarte; nunca te sientas sola o solo, nunca te arriesgues a caminar sola por ningún lado, y que siempre te mantengas en los lugares en donde eres bien recibida, en donde eres valorada, en donde eres querida. No tengas miedo, que toda tormenta pasa y al final, siempre hay un momento de calma. No quieras comerte el mundo: se parte en rebanadas y se va comiendo despacito”.
“Pero lo más importante es mantener a tu familia cerca. Mantener a tu familia, ya sea de sangre o la que eliges, siempre cerca de ti, en tu corazón, en tu mente y en tu vida”.
UN MENSAJE PARA LOS SALTILLENSES
Al final de la conversación, Karla nos compartió una petición para quienes vivimos en la ciudad:
“Lo que yo pediría es que se informaran, que conocieran más la vida de las personas LGBTIQ+, que voltearan a ver en su calle, pero sobre todo en su familia; que volteen a ver a toda su familia y que puedan identificar a las personas LGBTIQ+ que tal vez están ahí y que no han tenido esa confianza para abrirse, para mantener esa comunicación”.
“Y que siempre, siempre va a haber un rayo de luz. Un rayo de esperanza. Al final del día, todos somos seres humanos, todos somos personas que habitamos un mismo espacio”.
En el mes del orgullo, mientras miles de personas celebran la diversidad en las calles, historias como la de Karla Llamas recuerdan que cada derecho conquistado, cada espacio ganado y cada bandera levantada tienen detrás años de trabajo silencioso, de puertas tocadas, de conversaciones difíciles y de personas que decidieron no rendirse. Porque para ella, después de más de 20 años de activismo, la lucha sigue teniendo el mismo propósito: que nadie tenga que esconder quién es para poder vivir con dignidad.