No tengo derecho de destruir a nadie. No hay enemigos. Si pienso que sí, debo revisar mis criterios e intereses. ¡E ir a terapia!

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Vida
/ 9 abril 2026

No puedo cambiar nada de esto de manera directa, pero sí puedo hacer mi trabajo personal y acompañar a otros para que cambie el pequeño círculo que está dentro de mi influencia

He determinado que no entiendo la guerra. No solamente la o las actuales, sino ninguna. No entiendo el concepto de declarar a un grupo de personas, a una etnia o a una nación como enemigos. Menos aún entiendo cómo puedo ir a matar a alguien y luego ofenderme si alguien de su “bando” viene y mata a algún compañero mío. ¿Cómo hacer una declaración de buenos y malos, cuando a todas luces todos están haciendo algo bastante indebido? Sí entiendo que hay intereses económicos, comerciales y políticos de por medio. Y esa es la manera en que consigo explicarme siquiera que suceden ataques entre países, o entre vecinos, o entre miembros de una familia. Sé que no nos queremos todos y también sé que no estamos de acuerdo todos. Viendo series policiacas y conociendo a un par de policías me he dado cuenta de que se ofenden sobremanera cuando algún delincuente mata a uno de los suyos, y sin embargo luchan por justificarse cuando uno de ellos mata a una persona que suponen como amenaza. ¿Por qué puedo matar yo pero tú no?

En estos días un presidente (el innombrable) dijo que toda una nación, cultura, sería destruida. No es la primera vez en la historia de la humanidad en que semejante cosa sucede. Y sí han desaparecido civilizaciones completas. ¿Por qué, o para qué? Es una idea más allá de ofensiva que alguien se adjudique el derecho de destruir de esta manera. No niego la realidad de la vida y sé que así ha sido y así ha sucedido desde que Cristo era vaquero (frase de mi madre). No lo contemplo aceptable, pero sí acepto que sucede y que que ha sucedido. Al decir eso me refiero a que acepto la existencia de una realidad. Reprobable, ridículo, nefasto, abominable, triste.

No puedo cambiar nada de esto de manera directa, pero sí puedo hacer mi trabajo personal y acompañar a otros para que cambie el pequeño círculo que está dentro de mi influencia. Así que fíjate bien, no tienes derecho de matar a nadie (tal vez en defensa propia, concedido) y ningún grupo de personas debe ser destruido por sus creencias o por la tierra en que les tocó nacer, no importa cuán atractivo sea esa tierra para mí.

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Nacida en Detroit, MI el 25 de mayo de 1956. Residente de Saltillo desde 1974. Maestra y traductora por necesidad. Psicoterapeuta, empresaria, poeta, actriz y administradora de Foro Amapola porque la vida es dinámica. Madre de 4, abuela de 5. En 18 años de formación como psicoterapeuta ha hecho especialidades que incluyen terapia psico-corporal y Gestalt. Idealista insistente y ser humano en constante movimiento.

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