¿Un idioma nuevo protege tu memoria?

Vida
/ 12 enero 2026

El bilingüismo fortalece el cerebro, pero no es una vacuna absoluta contra demencia.

La idea suena atractiva: aprender un nuevo idioma como una forma de proteger el cerebro y retrasar la demencia. No es casualidad que muchas personas se inscriban en clases de francés, inglés o italiano después de los 50 con la esperanza de mantener la mente joven. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia? ¿Hablar otra lengua puede evitar la demencia o, al menos, retrasar su aparición?

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Las investigaciones sobre bilingüismo y envejecimiento cognitivo han mostrado resultados interesantes, aunque más matizados, de lo que suele difundirse. Diversos estudios sugieren que las personas bilingües tienden a desarrollar síntomas de demencia varios años más tarde que quienes solo hablan un idioma. Sin embargo, la mayoría de estos trabajos se ha realizado en personas que usaron dos lenguas de forma regular desde etapas tempranas o medias de la vida, no en quienes comenzaron a aprenderlas ya en la vejez.

$!Las investigaciones sobre bilingüismo y envejecimiento cognitivo han mostrado resultados interesantes.

Qué ocurre en el cerebro bilingüe

Hablar más de un idioma implica un esfuerzo constante del cerebro. Cada vez que una persona bilingüe se expresa, su mente debe seleccionar una lengua e inhibir la otra. Este proceso, conocido como inhibición cognitiva, fortalece funciones ejecutivas como la atención, el control mental y la flexibilidad cognitiva.

Según especialistas en neurociencia del lenguaje, esta actividad continua convierte al bilingüismo en un entrenamiento mental permanente. A diferencia de otras actividades estimulantes, como resolver crucigramas o tocar un instrumento, el lenguaje se utiliza todo el día y en contextos variados. Esa exigencia constante podría contribuir a una mayor reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para seguir funcionando pese a los cambios asociados al envejecimiento o a enfermedades neurodegenerativas.

Un estudio ampliamente citado, realizado en Canadá a mediados de la década de 2000, encontró que las personas bilingües con demencia manifestaban los primeros síntomas entre cuatro y cinco años más tarde que los monolingües. Investigaciones posteriores replicaron resultados similares, aunque no todas han llegado a las mismas conclusiones.

¿Aprender un idioma a los 60 funciona igual?

Aquí es donde la evidencia se vuelve menos contundente. Los beneficios más claros del bilingüismo se observan en quienes han usado dos idiomas durante décadas. En cambio, los estudios sobre el aprendizaje de una nueva lengua en la edad adulta muestran efectos más modestos.

Algunas investigaciones han encontrado pequeñas mejoras cognitivas en adultos mayores tras programas de aprendizaje de idiomas de varios meses, pero resultados similares se observaron en personas que realizaron otras actividades mentales, como juegos de lógica. Otros estudios no detectaron diferencias significativas en el rendimiento cognitivo después de cursos de idiomas relativamente cortos.

Los científicos plantean varias explicaciones. Una es que muchos participantes eran personas muy activas y motivadas, con un alto nivel cognitivo desde el inicio, lo que dificulta observar mejoras adicionales. Otra es que los programas de aprendizaje fueron demasiado breves o poco intensivos como para generar cambios cerebrales duraderos.

$!Esta actividad continua convierte al bilingüismo en un entrenamiento mental permanente.

Entonces, ¿vale la pena intentarlo?

Aunque aprender un nuevo idioma a los 60 no equivale a haber sido bilingüe toda la vida, eso no significa que sea inútil. Las clases de idiomas siguen siendo una actividad intelectualmente estimulante, que exige memoria, atención y aprendizaje continuo. En ese sentido, forman parte de un conjunto de hábitos asociados con un envejecimiento cerebral más saludable.

Además, el aprendizaje de una lengua ofrece beneficios que van más allá de la prevención de la demencia: facilita los viajes, amplía las redes sociales, fomenta la curiosidad y puede mejorar el bienestar emocional. Estos factores, indirectamente, también influyen en la salud cerebral.

La clave está en el conjunto

La evidencia actual sugiere que ninguna actividad aislada previene por sí sola la demencia. La protección cognitiva parece surgir de la combinación de varios factores: educación, ejercicio físico, vida social activa, estimulación mental y control de factores de riesgo como la hipertensión o la diabetes.

Aprender un nuevo idioma no es una garantía contra la demencia, pero sí puede ser una pieza valiosa dentro de un estilo de vida que mantenga al cerebro activo. Y si, además, permite disfrutar de nuevas culturas, amistades y experiencias, el beneficio ya es significativo, incluso antes de que la ciencia tenga la última palabra.

Con información de The New York Times.

Editora de Estilo de Vida. Apasionada creadora de contenido digital y su posicionamiento a través de SEO.

Con más de 5 años de experiencia haciendo comunicación en temas de política, finanzas personales, economía y estilo de vida.


Egresada de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM.

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