Roberto Magdaleno, Gerente Deportivo de la Nave Verde, escribió para nuestros lectores sus memorias sobre el inicio de esta nueva era en la organizacón saltillense rumbo a los 50 años del clubArchivo

Por: Roberto Magdaleno

Empezaba el año 2019 preparándome para un viaje familiar, después de estar en el retiro por aproximadamente un año y medio y sin pensar en regresar al beisbol, ya que había alcanzado junto a mi familia una paz espiritual que había buscado por mucho tiempo. Recibo una llamada de Gerardo Quezada padre, para ver si podía darle mi teléfono a su hijo Gerardo, lo cual obviamente le comenté que sí, sin saber para qué. A los dos días recibo una llamada del Ing. César Cantú, quien me comenta que Gerardo Jr. (amigo cercano de él) me había recomendado para que platicara conmigo acerca de un proyecto y que si podía ir a Saltillo para reunirme con un grupo de empresarios que estaban analizando la posibilidad de adquirir el equipo de Saraperos de Saltillo, me sorprendí por completo y más porque estaba por salir al día siguiente a las vacaciones planeadas con mucho tiempo antes (pero el tiempo de Dios es perfecto).

Yo pensando que no iba a regresar al beisbol después de estar cerca de 40 años, al mismo tiempo había salido decepcionado y desilusionado, ya que pensé que iba a estar en el beisbol hasta la muerte. Me quedé pensando un momento y sólo le pedí a Dios que me orientara en mi decisión. Le comenté a mi esposa lo que estaba pasando y sorprendida me comentó que los escuchara y que pensara que era un deseo de Dios.

Decidí que se fueran de viaje y que si había oportunidad los alcanzaba. Convení con el Ing. César de vernos al día siguiente en el restaurante Don Artemio, después de orientarme en la ubicación me presenté en el lugar, nervioso como si fuera mi primer trabajo, sin saber qu[e iba a ser de mi futuro. En el lugar se encontraban el Lic. Lauro Villarreal, representante del Gobernador, el Lic. Manolo Jiménez, Presidente Municipal (le digo Manolo no por falta de respeto, sino porque siempre ha preferido que le digan así) y los empresarios Ing, César Cantú, C.P. Roberto Cabello (hijo de una persona yo apreciaba mucho cuando fue propietario del equipo Saraperos en los años 90, Don Javier Cabello), el Lic. Juan Carlos Saade y el Ing. Jorge Verduzco, además de la familia Quezada, padre e hijo.

Me platicaron el proyecto de rescate de Saraperos, ya que el Ing. Nerio Rodríguez, que pasaba por momentos difíciles de salud, deseaba vender el club y que había posibilidades de que el club se fuera de Saltillo. Inmediatamente pensé que iba a ser un error, porque yo siempre había considerado a Saltillo como una de las principales franquicias de la Liga Mexicana, equiparándola con Monterrey y México, como las franquicias más viejas de la Liga, y aunque solamente tenían tres campeonatos en su historia, Saltillo era una de las más ganadoras. No menciono a Tigres que siempre ha sido una organización ganadora, pero recordemos que salió de México para irse a Puebla y después se fue Cancún (2da organización con más campeonatos pero sin estabilidad en su permanencia).

Me sentí atraído por el proyecto y por tener la oportunidad de aportar la poca o mucha experiencia que había adquirido en el beisbol, y así poder buscar la posibilidad de reestructurar a la organización, para que en el corto y mediano plazo el club estuviera en el lugar que siempre había merecido. Me comprometí a participar en el proyecto, a sabiendas que estábamos contra el tiempo y aunque fueron difíciles las negociaciones de los empresarios con el Ing. Nerio, se pudo concretar aproximadamente una semana antes de que empezaran los entrenamientos. Con el apoyo del Ing. César y sin estar todavía contratado, me puse a analizar la estructura del equipo.

Se decidió establecer un equipo de transición para recibir la administración del club y analizar la situación de cada área de operación. Les presenté un proyecto integral y en el equipo de transición me encargó el Ing. César meterme a fondo y enfocarme en toda la estructura deportiva y, si podía, las demás áreas, en donde se encontraban el Lic. Gerardo Quezada Jr. en la Dirección General, C.P. Magda Rodríguez en la Dirección Financiera, el Lic. Jorge Iga como Director de Operaciones en el Estadio y el Lic. Jorge Tafich, Director Comercial y de Mercadotecnia.

Arduo trabajo, pero al final cada área presentó su proyecto y el Ing. César al avalarlo nos dio voz de arranque para iniciar un ilusionado proyecto que para casi todos era algo realmente nuevo. 

Al iniciar el análisis estructural del equipo, obviamente tenía que pensar primeramente en el manager, y al revisar la lista de posibles candidatos, observé que Roberto Vizcarra no tenía compromiso aparente con ningún equipo, pero al hablar con él, me comenta que Diablos lo invitó a un proyecto de asesoría con los escarlatas y Oaxaca, sin embargo, le interesó el proyecto y solicitó hablar con los directivos de Diablos para comentarles la invitación, sin recibir negativa.

Fue un inicio arduo ya que sinceramente sentía que había muchas áreas de necesidad, principalmente en el pitcheo. Como nueva organización no podíamos asustar a los socios gastando dinero en compra de jugadores, ya que venía un gasto fuerte en la compra del equipo e inversión del estadio (clubhouse, tribunas, iluminación, sonido, pasto, dugouts, baños y muchas otras cosas más) ya que llevaba muchos años sin invertirle y realmente fue un gasto mayor. Por lo que nos dimos a la tarea de conseguir jugadores de muchas formas: préstamos, agentes libres, cambios (los menos, ya que teníamos muy poco material de cambio). Ahí fue donde tuvimos la oportunidad de obtener dos jugadores de calidad como Juan Pérez (extraordinario jugador y gran persona) y Juan Apodaca (también gran jugador y gran persona, sólo con el inconveniente de que contaba como extranjero), a cambio dimos a un jugador que se encontraba en Estados Unidos y nosotros no podíamos esperarlo.

La compra de jugadores era muy difícil, ya que aparte de que el Club estaba muy gastado, el precio de los jugadores se fue a las nubes porque algunos equipos habían inflado el mercado comprando muy caro. Me di a la tarea de hacer contacto con varios equipos para poder conseguir algunos; ya estando en etapa de entrenamientos varios equipos tenían que quitarse nómina, así que pudimos conseguir algunos préstamos más otros jugadores que fueron quedando libres porque sus equipos los dejaban fuera, aunado a esto tuvimos la búsqueda de nuevos extranjeros. 

Realmente fue una labor titánica, afortunadamente muchos jugadores que me conocían y otros que habían jugado con el Chapo deseaban venir con Saraperos, y así fue como en la etapa de entrenamiento teníamos una gran cantidad de jugadores que entraron en competencia. Después de una ardua labor día a día y de análisis de la estructura, fuimos formando poco a poco un equipo que nos fue ilusionando; con el liderazgo y mentalidad ganadora de Roberto desde los entrenamientos, fuimos notando que los jugadores se iban motivando y creyendo que podíamos alcanzar cosas importantes. 

El campeonato que obtuvimos en la etapa de entrenamiento, la famosa Copa Gobernador, con equipos como Sultanes de Monterrey (campeón de la temporada anterior) y Monclova (un súper equipo que día a día se armaba más con la obsesión de lograr su primer campeonato), sirvió mucho para darnos cuenta que también la gente o los aficionados se estaban involucrando con el equipo, poco a poco entendimos que sí podíamos luchar por algo importante.

Continuamos con una primera serie contra el equipo de Monclova y aunque perdimos los tres juegos (juegos muy cerrados), nos dimos cuenta que éramos totalmente competitivos. Tuvimos 2 meses durísimos con un rol de juegos muy complicado para nosotros, ya que nos enfrentamos a los equipos más fuertes del Norte y, en realidad, de la Liga, como fueron Monclova, Tijuana, Monterrey y Laredo, que habían sido los cuatro que calificaron a playoff un año antes. En la Zona Sur nos enfrentamos a Oaxaca (subcampeón), Diablos, Puebla y León, que eran en esa primera vuelta los equipos a vencer, sabemos que en una temporada nos tenemos que enfrentar a todos, pero en esa primera vuelta no teníamos margen de error.

Al no tener un roster muy completo, cualquier lesión te dañaba bastante, fue así como en un momento determinado sufrimos las bajas de jugadores importantes y agarramos una racha negativa que se extendió por días, lo cual nos estaba acercando a los últimos lugares de nuestra división y con el riesgo de quedar completamente fuera de posibilidades. Afortunadamente en la parte final de la primera vuelta y con la recuperación de algunos jugadores, nos recuperamos de tal manera que terminamos con una gran posibilidad de calificar, ya que obtuvimos el quinto lugar y nuestra lucha era alcanzar a los Tecolotes de los Dos Laredos que obtuvieron el cuarto, no sin antes pasar momentos muy difíciles en la oficina, ya que había mucha inquietud en los dueños, muchas molestias de los aficionados, pero afortunadamente mantuvimos la calma y la confianza en el equipo.

La inercia del final de la primera vuelta nos ayudó a mantener una mentalidad ganadora, para que en una sgunda vuelta muy competitiva con los demás equipos, lográramos alcanzar el primer lugar de nuestra división. Luchamos con todo para no caer, de tal manera que titánicamente terminó la temporada y orgullosamente logramos quedar arriba de 3 grandes organizaciones como Tijuana (1er lugar), Monclova (2da lugar) y Sultanes (3er lugar), para llegar a la última serie a enfrentarnos a Tecolotes, que buscaba ganarnos para lograr un juego de desempate, lo cual afortunadamente no sucedió, ya que sabemos que en un sólo juego todo puede pasar. 

Logramos el ansiado pase a playoff y después de una serie de final de temporada, Tijuana le ganó a Monclova para asegurar el primer lugar y así tener que enfrentarnos en playoff contra de ellos. La felicidad de los aficionados fue indescriptible y no se diga para nosotros directivos, jugadores y en particular los propietarios. 

Una serie de poder a poder en donde tuvimos muchas posibilidades de ganar, pero al final la gran calidad de Toros y algunas lesiones en nuestros jugadores, no dieron la oportunidad de lograr algo que para mí y para muchos iba a ser una gran hazaña.

Se terminó una temporada mágica, pero nos dejó una gran enseñanza y un gran compromiso, en donde cada uno de nosotros deberá redoblar esfuerzos, para hacer de esta ciudad merecedora de una gran organización, como los Saraperos de Saltillo.

“Saraperos de Saltillo somos una gran familia y en el 2020 celebraremos nuestros 50 años con más fuerza que nunca”.