Crisis. A las “Marías” y discapacitados ahora se agregaron los desempleados, quienes piden “pa’ un pan” en las calles del centro. FRANCISCO MUÑOZ
Dispara pandemia la mendicidad en la ciudad

En las calles del Centro Histórico se ha incrementado considerablemente el número de gente que sale ”a pedir para un taco”.

Los pedigüeños pasaron ya a formar parte del paisaje citadino entre semáforos y aceras, sin importar la pandemia. Albergan en sus uñas la mugre de meses en la calle. Tienen mirada de pobreza y marginación... hay quienes tienen secuelas de adicción al alcohol o drogas.

Estas personas en situación de calle; entre migrantes, discapacitados, vagabundos, “Marías” y hasta niños, pueden obtener ganancias superiores al sueldo de un barrendero o albañil, con tan solo extender la mano.

Indigentes. No hay calle del centro donde no haya una persona pidiendo ayuda económica. FRANCISCO MUÑIZ

SU TRABAJO: PEDIR “UNA AYUDITA”

En un recorrido por las calles del primer cuadro de la ciudad, los adultos mayores pedigüeños aseguraron que piden dinero ante la falta de un empleo o el cobijo de sus hijos.

Una situación similar a la que enfrentan quienes se sientan en el piso con una muleta a lado evidenciado la falta de alguna extremidad que les impide “ser contratados”, además de la atención médica que carecen.

Pasos más adelante, una señora de indumentaria indígena extiende la mano sin que pueda comunicarse totalmente en español; calles más adelante hay vagabundos.

Olfatea restos de comida y se alimenta de sobras que algunos transeúntes le ofrecen o de migajas que encuentran en la basura. Duerme sobre el pavimento, bancas o callejones.

Yo creo que por la pandemia, mucha gente que perdió sus trabajos y no encuentran otra cosa más que pedir”.
Empleado de tienda de conveniencia.

El sol apenas baña con sus rayos las calles de Aldama y Victoria, y los pedigüeños se colocan entre los transeúntes, esquinas y plazas para pedir dinero en un vaso o canastilla.

Actualmente no existe una instancia dedicada a la atención de los indigentes y limosneros, o si la hay, tiene una enorme “área de oportunidad”. La Cruz Roja y el DIF Municipal solo habilitan albergues en temporada de invierno o de catástrofes ambientales, pero no para la emergencia sanitaria.

Las autoridades municipales y estatales tampoco cuentan con un censo que permita conocer el número de personas y las condiciones de los que habitan en la calle, siempre expuestos a peligros, accidentes, abusos por parte de la sociedad y ahora, hasta contagios.

‘UNA AYUDITA’

Algunos de los limosneros acuden a tiendas de conveniencia por las mañanas o noches a cambiar cantidades de hasta mil 500 pesos en morralla, aseguran los empleados de estos comercios, quienes consideran que cada vez hay “más gente pidiendo en las calles”.

“Si se han visto más, yo creo por la pandemia, mucha gente que perdió sus trabajos y no encuentran otra cosa más que pedir, creo yo, porque antes pues eran los vagabundos pero ahora hay más que se sientan afuera y se ponen a pedir aunque no se vean tan traqueteados”, comentó el empleado de una tienda de conveniencia. 

Aunque una gran parte de los vagabundos, también tiene signos de enfermedades mentales, aseguran los comerciantes, quienes han entablado conversaciones con ellos para ofrecer ayuda sin que puedan responder de dónde son originarios o quiénes son sus familiares.

Según el Artículo 52, del Bando de Policía y Buen Gobierno sobre las Faltas e Infracciones Contra el Bienestar Colectivo, serán acreedores a una multa de 2 a 10 unidades de cuenta quienes realicen colectas o ventas en la vía pública sin autorización.