La madre de Paola sigue exigiendo justicia. A casi 20 años. Foto: Especial
El vicerrector del colegio acosó y abusó duró dos años a Paola y fruto de estos abusos ella quedó en embarazo y fue obligada a abortar. El médico del colegio también la abusó. Esta es la historia de Paola Guzmán Albarracín

El caso de Paola Guzmán Albarracín —una adolescente de Ecuador que se quitó la vida el 12 de diciembre de 2002 tras ser violada durante dos años por Bolívar Espín, el vicerrector de su colegio— dio la vuelta al mundo y conmovió a los magistrados de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

La menor de 16 años había quedado embarazada de Espín y este la obligó a interrumpir la gestación.

El médico del colegio Martínez Serrano, en Guayaquil (Ecuador), accedió a practicarle el aborto a cambio de favores sexuales. De modo que, afectada por estos hechos, Paola Guzmán ingirió fósforo blanco y falleció cuando iba camino a sus clases.

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Se trataba, desde luego, de una sustancia sumamente tóxica que para esa época era de fácil acceso, pues se utilizaba como fuegos artificiales comúnmente conocidos como “diablillos” en Ecuador.

Luego de 18 años y sin culpables, el caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como el primero sobre violencia sexual en el contexto educativo.

Ecuador reconoció su responsabilidad ante la CIDH y pidió disculpas a la madre de la menor, Petita Albarracín, por las “acciones y omisiones del Estado” que permitieron los abusos de la joven y su muerte.

El país también reconoció que un mal manejo del caso a cargo de la Fiscalía permitió que prescribiera el proceso penal contra Bolívar Espín.

“Es el primer caso que llega a la Corte Interamericana que aborda la problemática del acoso y abuso sexual en instituciones educativas, un problema estructural sistemático en la región, y por eso es tan importante”, opina Catalina Martínez Coral, directora regional para América Latina y el Caribe de la ONG internacional.

¿Quién era Paola Guzmán?

“Era una niña muy alegre, amorosa, querida por toda su familia y llena de sueños”, dice Petita Albarracín en diálogo con la BBC.

Con la voz entrecortada, ella ha demandado a los jueces que hagan “justicia” y afirmó que su testimonio es lo “último” que puede hacer por su pequeña.

“Ese hombre destruyó la vida de mi hija y la de mi familia”, dice Petita, en referecia al vicerrector del colegio de Ecuador al que asistía la joven.

La madre relató el momento en que recibió la noticia de que su hija había ingerido el fósforo blanco hasta su muerte en un centro médico, y aseguró que en el centro educativo conocían de la violencia sexual que sufría la menor y nadie hizo nada para protegerla.

“Se trata de una adolescente completamente vulnerada, quien además no sabía cómo operaba el mecanismo del abuso".

"No sabía que era víctima del mismo, y en el colegio era de público conocimiento y empezó a ser culpada por los funcionarios por esta ‘relación’ que estaba sucediendo”, abundó Catalina Martínez Coral.

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No basta con una reparación

La ONG representa a la madre Petita Albarracín, y a su hermana, quienes además exigen una reparación económica, medidas de rehabilitación social y psicológica, y que el Estado “reconozca lo que pasó”, con el fin de que estos casos “no vuelvan a repetirse”.

"Es muy importante para abordar esta problemática el hacer un análisis sobre el mecanismo consentimiento y entender como está viciado" todo el engranaje educativo, concluyó Martínez.

Los resultados de una encuesta en Ecuador sobre relaciones familiares y violencia de género indican que el 32,7 por ciento de todas las mujeres en el país andino han sufrido violencia sexual al menos una vez en sus vidas, indica un comunicado de CEPAM.

Además, según UNICEF, 1,1 millones de adolescentes en América Latina entre 15 y 19 años han sufrido violencia sexual, y 3 de cada 10 estudiantes entre 13 y 15 años han sufrido acoso sexual en un entorno escolar.

Con información de EFE