Atiriciado. Me siento atiriciado de mi alma y corazón. Pero también, me siento con ganas de vivir mucho tiempo. De preferencia, vivir a todo dar y a todo tren. Lo que se pueda y hasta cuando se pueda. No hay contradicción de por medio. “Mugrosa pandemia”, me espeta desde la ciudad de Monterrey, la siempre guapa Martha Mariana. Mugrosa e infeliz y maldita y muy desgraciada y muy hija de la chingada pandemia, la cual nos tiene de rodillas. Cosa de pensarse con este bacilo chino cuando te muerde: algunos humanos sólo necesitan reposo. Otros, necesitan alguna medicina ligera pero sin complicación. Pero otros humanos, la gran mayoría, llevan tatuada la muerte en su rostro. 

Atiriciado. Me siento sin ganas de nada periódicamente. Esta maldita pandemia se está llevando lo mejor de nosotros. Es decir, a nuestros amigos, familiares, vecinos y gente importante. Pero insisto, también tengo ganas de vivir y mucho. De preferencia, a todo tren. Y claro que usted ya lo notó: el dinero pasó de moda. Lo de hoy ya no es tener ni acopiar dinero. No. Lo de hoy es la paz, la tranquilidad, la lectura reposada, disfrutar los placeres de la vida diaria y algún viaje corto. Es decir, lo de hoy es algo sencillo lo cual lo habíamos olvidado: vivir. Sentirnos a nosotros mismos. Palparnos, reconoceremos como hijos de Dios altísimo.

La maldita pandemia china ha sacado lo mejor y lo peor de nosotros. Dice en uno de sus textos ese poeta ya elevado a santo, San Juan de la Cruz: “(hay que) inclinarse más a lo dificultoso que a lo fácil, a lo áspero que a lo suave, y a lo penoso de la obra y desabrido, que a lo gustoso y sabroso de ella, y no andar escogiendo lo que es menos cruz…”. Decántese por lo rudo, por lo áspero y salga adelante querido lector. Aférrese a la vida con lo que tenga a la mano y siga de pie. Por eso, la agenda sigue saturada. Se apilan los temas, los expedientes, las elecciones, las alianzas, los juegos de poder. Pero también se apilan las cuentas por pagar, los recibos; se apilan los recuerdos de seres queridos; se añoran viajes, cenas, conciertos, bailes de salón…

Punto uno: hace apenas unos días, México rompió todos sus récords. Andrés Manuel López Obrador miente y engaña desde su púlpito cotidiano, pero sus palabras se las tragan los hechos. Desgraciadamente los hechos de la pandemia le ganan siempre al cacique de Macuspana ya infectado. La semana pasada nuestro país ligó días como segundo líder mundial en muertes causadas por Covid-19. Uno de ellos, fue más letal a todos y fue noticia mundial: mil 803 muertes (datos de la Universidad Johns Hopkins). Al momento de redactar estas notas vamos volando para las 200 mil muertes. Una catástrofe humanitaria. Cuando san Hugo López-Gatell decía que no íbamos a pasar de 60 mil muertos. Juicio, deberían de ir a juicio AMLO y su claque. 

ESQUINA-BAJAN

Punto dos: el rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, el lagunero Salvador Hernández Vélez, presentó su Tercer Informe de labores (jueves 21 de enero) para luego renunciar e iniciar proselitismo con miras a su reelección en la UAdeC. La UAdeC debe de mantener unidad, tranquilidad y una vida académica viva, la cual se ha trastocado por la pandemia. Pero, su latido es vital en el mundo académico estatal. Sin problema, Hernández Vélez debe de reelegirse por el bien de la unidad educativa y política. 

Punto dos: quien es uno de los maestros universitarios que ha venido a inyectar una labor huracanada a su nueva encomienda, es el abogado Alfonso Yáñez Arreola. Director de la Facultad de Jurisprudencia, no poca gente se expresó a su favor y le preguntaban de si éste sería candidato a la Rectoría. Inmerso de tiempo completo en su labor de Director, no dude, estará en tres años en la boleta universitaria. Por cierto, en Navidades, el rector Hernández Vélez me envió su más reciente libro: “De ciencias, educación y algo más”. Editado con toda la mano, el volumen de poco más de 180 páginas, viene aderezado con imágenes, retratos, fotografías y gráficas lo cual se agradece para la mayor comprensión de determinados textos. Por estos días doy cuenta de él. Aquí lo reseñaré.

Punto tres: todos vamos a morir. Es un aforismo un tanto duro, pero cierto. No hay que andar con paños tibios ni media tinta. Pero depende cada uno cómo quiera irse. Es decir, si usted se quiere ir lo más rápido posible, pues haga lo de siempre que hacía antes de la pandemia. Muévase libre y a sus anchas sin ninguna protección. Si acaso lo muerde el bicho, pues sólo hay de dos sopas: vive o muere. Es una moneda al aire. Pero si acaso usted confía en la rapidez de las diferentes vacunas ya disponibles, puede llevarse un susto.

No son pocas las personas vacunadas que presentan complicaciones de leves a graves. Una vacuna para su cabal funcionamiento, tarda en probarse y autorizarse alrededor de 8 a 10 años. Las que andan en el mercado tardaron menos de un año. Por eso muere la gente. Al parecer, es el caso del legendario toletero de la gran liga, el enorme Hank Aaron, quien se puso la vacuna… y murió. Así de sencillo y complicado.

Punto cuatro: la mordedura el bacilo chino a nadie perdona, pero sí se está cebando y de más, con el personal médico en México (somos el país con más muertes de personal sanitario en el mundo, ojo) y con una parcela de humanos para los cuales su hálito divino de nada les ha servido: en menos de un año, han muerto 19 sacerdotes en Coahuila. El catolicismo en franca retirada. Añada usted la falta de vocaciones de los jóvenes y la flema mediática y aburrida de Raúl Vera López y todo está cuadrado: crisis total.

LETRAS MINÚSCULAS

Punto cinco: Eduardo Olmos tomó las riendas del Congreso. Políticamente correcto, entregó la Mesa Directiva a… puras féminas. Buen punto.