"No soy una leyenda, estoy viva", afirmó la realizadora ante los medios que siguen el festival alemán, con más de 90 años y presente como arquetipo del cine feminista.

La Berlinale homenajeó este miércoles a la cineasta franco-belga Agnès Varda, de quien se proyectó fuera de competición "Varda par Agnès" y a quien se entregó una de las Cámaras de honor de la 69 edición del festival.

"No soy una leyenda, estoy viva", afirmó la realizadora ante los medios que siguen el festival alemán, con más de 90 años y presente como arquetipo del cine feminista, en una Berlinale volcada más que nunca hacia las mujeres cineastas.

 

Varda compareció ante la prensa tal y como aparece en el mencionado filme, jugueteando con las gafas de leer entre las manos, dispuesta a hablar de cine y vestida con sus habituales tonos lilas, una de sus señas de identidad.

"Varda par Agnès" es un documental donde repasa parte de su filmografía y explica pacientemente, sentada sobre el escenario de un teatro, su concepto del cine y cómo hizo algunos de sus filmes.

En la cinta, presentada en la sección oficial aunque fuera de concurso, tiene ante sí al público sentado en sus butacas, mientras que en su conferencia de prensa se vio ante un gremio periodístico bastante más ajetreado, en la séptima jornada de un festiva cuyo programa incluye 400 filmes.

Varda recorrió algo de una trayectoria que empezó en 1954, con "La pointe courte", y que aún no se ha detenido.

"En toda película entran tres fases: la idea, la creación a partir de esta y cómo compartirla", explicó la realizadora, tomando el punto de partida de su lección magistral ante el auditorio del teatro.

En "Varda par Agnès" alterna sus explicaciones con imágenes de algunos de sus filmes -"Le bonheur" (1966), "L'une chante, l'autre pas" (1976), "Les plages d'Agnès" (2008), entre otros-, más conversaciones con algunos de sus protagonistas, como Sandrine Bonnaire.

"La gente que me rodea me fascina. No importa dónde se encuentre. En las calles de mi barrio de París, en Nueva York, sean los protagonistas de mis historias o gente corriente que me surge por una esquina", afirmó, cordial y generosa, en medio de un festival donde las prisas son la dinámica por muchos compartida.

"A decir verdad, mis películas nunca me dieron dinero", admitió a continuación, para mencionar luego, a modo de excepción la película que le dio en 1985 el León de Oro de Venecia, "Sin techo ni ley”.

El cine le ayudó "a abrir perspectivas, conocer gente, compartir, tener mucho eco, también internacional", explicó, en relación a los proyectos que la llevaron fuera Europa, hasta Estados Unidos, y donde la voz femenina de la "Nouvelle Vague" extendió sus horizontes. 

Y le sigue aportando nuevos amigos y conocimientos, como demostró en su anterior trabajo, el documental "Caras y lugares" (2017), un divertido y fresco recorrido de Varda y el músico, fotógrafo y artista callejero JR, por la Francia rural.

Una curiosa pareja, la de la cineasta nonagenaria y el fotógrafo treintañero en una cinta que demostró una vez más la eterna curiosidad de una realizadora que ha ido ganando en modernidad con el paso de los años.