Con un doblete de Edson Álvarez, el cuadro azulcrema logra su título número 13 de la Liga MX

No fue la Final más espectacular a pesar de la premisa que los dos equipos habían dejado como anticipio: el primer y segundo lugar del Apertura 2018 se enfrentaban en la Final de la Liga MX.

Pero, una vez más, como hace cinco años, América fue fiel a su historia y demostró tener las credenciales para ser el digno y justo campeón de la competencia.

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¿La sorpresa? Llegó gracias a Edson Álvarez. El juvenil de 21 años entró de cambio gracias a la lesión de Mateus Uribe y, con mucha fuerza al ataque, el canterano de las Águilas hizo los dos goles que le dieron el título número 13 en las vitrinas de los azulcremas, el segundo para Miguel Herrera como entrenador del equipo y el primero para elementos como Álvarez o Diego Lainez, quienes saltaron desde las fuerzas básicas hasta el primer equipo.

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El lado gris de esta final, de nueva cuenta, es para Cruz Azul. Los Cementeros no han podido romper una paternidad que los emplumados tienen sobre de ellos y volvieron a caer en una Final ante su acérrimo rival. La ocasión pasada, en el Clausura 2013, fue Moisés Muñoz quien con un gol de cabeza robó la ilusión a la afición cementera para que después su compañeros ganaran la Copa en tanda de penales.

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Ahora, con Álvarez en plan goleador, Renato Ibarra y Lainez como los ejes de ataque más peligrosos para el parado táctico del "Piojo", un Agustín Marchesín que demostró ser el arquero de élite que necesitaba el América, la defensiva goleadora de Emanuel Aguilera y Bruno Valdez, más un Oribe Peralta que empleó como el capitán y elemento de ataque más paciente y frío de los ahora campeones, el nivel demostrado por los "locales" siempre resultó superior para la Máquina.

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Cruz Azul, por su lado, había tenido un segundo semestre del 2018 de ensueño: emigrar al Estadio Azteca con suerte de su lado, primer lugar del Apertura 2018, campeón de la Copa MX, un parado de miedo, bajo la lupa de Pedro Caixinha, con Édgar Méndez, Martín Cauteruccio, Milton Caraglio, Roberto Alvarado y Elías Hernández que parecían, de buenas a primeras, iban a borrar esos años de terror que ha vivido la fanaticada celeste desde ese último campeonato en el Invierno 1997.

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Pero no fue así. Y no lo fue, porque en mentalidad y táctica, el "Piojo" siempre estuvo un paso adelante del portugués. La primera mitad de la Vuelta fue una calca del duelo de Ida. Ambos equipos abogaron a su fortaleza física, a encontronazos en la mitad de cancha, a una lluvia de tarjetas preventivas, pero siempre con una ligera ventaja en posesión para el América, lo que se reflejó en el marcador para la segunda mitad.

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Transcurrieron apenas cinco minutos de los 45 finales, cuando llegó el primer grito ensordecedor en el Coloso de Santa Úrsula. Tras una excelente escapada de Lainez, José de Jesús Corona provocó una pésima y apresurada salida de los Cementeros, que acabaó en los pies de Edson y, sin pensarlo, sacó un tiro colocado al palo contrario de Corona, que acabó con la primera anotación del partido para las Águilas.

Un golazo que, no sólo significó el primer llamado de victoria para los emplumados, sino que abrió más el juego y durante 40 minutos se pudo disfrutar de la espectacularidad que durante 140 antes no se había podido por el "miedo" a perder.

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Méndez, Caraglio y el recién ingresado Alvarado, lo intentaron de todos lados. Incluso, en balón parado, Igor Lichnovsky fue el más peligroso para la causa Cementera, pero la barrera de Valdez, Aguilar, Sánchez y Aguilera frenaron una y otra vez los intentos de los rivales.

Y en los 90 minutos, como si se tratara de un cuento que buscaba terminar con final feliz, Álvarez coronó una actuación que sin duda lo hará cerrar un año redondo con Mundial jugado y campeonato ganado en su haber.

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De nueva cuenta, desde fuera del área, el defensa mexicano sacó un zurdazo que se colocó las redes de Corona y que liquidó, de una vez por todas, las aspiraciones de los Cementeros por volver a tener gloria en su historia y del mismo portero azul de ganar un título con los suyos por primera vez en su carrera.

Pero nada de eso sucedió, sino el final que muchos, no todos, esperaban, América puso en su escudo la estrella número 13 en su carrera, el "Piojo" volvió a ser el pastor que los guió a una victoria importante y Edson Álvarez podrá contarle a sus descendientes que, gracias a él, las Águilas son ahora el equipo más grande de la Liga MX.

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