Foto: Internet
El artista y cantante de trap del momento se llama Benito Antonio Martínez Ocasio y es mejor conocido en Puerto Rico y en el mundo como Bad Bunny; su forma de vestir y actuar lo ha convertido en un símbolo ‘queer’ de los millennials

Todos han escuchado a Bad Bunny, su exitosa canción “I like it” de Cardi B alcanzó el número 1 en el Hot 100 de Billboard el pasado verano, y para festejar el trapero entró en un salón de uñas en Oviedo, España para redecorar sus uñas coloridas, aunque suene curioso, el puertorriqueño quiere cambiar las normas de género del mundo, y parece que lo está logrando.

Bad Bunny inició el debate en las redes sociales, lo que siguió fue una nueva corriente de estudio donde un rapero intenta reinventar la masculinidad fuera de la homofobia, por torpe y problemática que sea, en un género impregnado de machismo.

Lo que distingue a Bad Bunny es su capacidad de impulsar la forma del rap de manera que redefinen la masculinidad dentro del género. Su música es a partes iguales alarde de rapero tradicional y partes iguales de vulnerabilidad emocional. Sus letras revelan su lucha contra la depresión y la enfermedad mental. Incluso en su más reciente tema titulado “Estamos Bien”, que suena como una proclamación colectiva de bienestar, el subtexto es que hoy siente que todo va a estar bien. Hay una urgencia de aprovechar la positividad efímera.

Muchos medios resaltan el discurso de Bad Bunny, y lo que está transmitiendo el artista. Para muchos podría ser parte de ese mismo cliché, de hacer música fácil y sin sentido y bueno, pero va más allá. El trapero está luchando por defender un género más criticado que validado, y sabemos dónde va a acabar. Sin embargo, el video de “Caro” evidencia un discurso que puede interpretarse como político, desde lo que el cuerpo y lo que lo rodea comunica.

Dicho video inicia con colores pastel y una pasarela breve que sucede dentro de un televisor y pasa a un Bad Bunny haciéndose manicure en bata, cuyo cuerpo en cuestión de segundos pasa a habitar, durante casi todo el resto del video, una mujer cuya postura no va hacia el discurso del empoderamiento.

Acá el “Conejo Malo” rompe los muros de género, y es él el líder de su crew, el que comanda un carro de lujo y se convierte en protagonista sin resultar condescendiente, ni mucho menos. Paralelo a esto también hay un discurso de la belleza representado en una pasarela en la cual las supermodelos han sido relegadas y las dueñas pasan a ser mujeres de talla grande, ancianas, trans e incluso con Síndrome de Down.