Inteligencia. El dramaturgo , naturalizado mexicano, apuesta a la inteligencia del público que asiste al teatro y propone ofrecerle sensibilidad. Fotos: HÉCTOR GARCÍA
El director, actor y dramaturgo mexicano estuvo en Saltillo impartiendo un taller de dirección como parte de la edición 2019 de la Muestra Estatal de Teatro

La Muestra Estatal de Teatro de Coahuila es una de las pocas que ante los recortes presupuestales federales continuó como un apoyo del estado a las artes y lo está haciendo con el mismo ímpetu de siempre, tanto en su oferta de puestas en escena para el público como en los talleres enfocados a la profesionalización de los talentos locales.

Uno de estos, el de dirección, estuvo a cargo del actor, director y dramaturgo francés naturalizado mexicano Boris Schoemann, quien trabajó los días pasados con teatreros de Saltillo y Torreón y les compartió parte de su experiencia.

“Estuvo muy sabroso y pudimos trabajar bastante fuerte”, comentó Shoemann para VANGUARDIA, “fue un taller de dirección donde prefiero que también vengan actores. Porque mi manera de trabajar es a partir de la relación director-actor, de las preguntas que se tienen que hacer cada uno para abordar un texto dramático”.

“Les traje dos textos muy distintos uno del otro precisamente para trabajar dos poéticas muy distintas y ver a partir de una primera lectura las posibilidades de escenificación de los textos, de las maneras de cómo armar transiciones, cómo pensar en la producción, en los elementos, herramientas, música, iluminación, la escenografía y darles a entender algo que me he dado que a veces hace falta y es confiar en la imaginación del espectador y en su inteligencia”, agregó.

Creo que en México hay un gran movimiento teatral, hay mucha calidad, bastante infraestructura el problema es que con las distintas administraciones no hemos sabido encontrar una línea de continuidad”
Boris Schoemann

Para Schoemann no es necesario sobrecargar la producción e incluso la interpretación con elementos para que el público sepa lo que está sucediendo, sino, por el contrario, darles lo suficiente y que con ello puedan inmiscuirse en la trama y no solo presenciarla pasivamente.

“Hay una grave tendencia al melodrama exacerbado, a querer sacarse las tripas en escena y las emociones cuando creo que al contrario, contenerlas es lo que me permite que el que se emocione sea el público. El actor es un vínculo para que la emoción llegue hasta el público”.

Reconoce que existen ciertos temas de la contemporaneidad mexicana recurrentes en las obras actuales, como el acoso, el abuso, la diversidad y, por supuesto, el narco, lo cual describe como “un teatro tremendista; creo que todavía nos hace falta un poquito de distancia para poderle aportar poética a todo esto. Si únicamente retratamos lo que vemos en las noticias se vuelve un poco efecto sobre efecto.

Si bien por sus responsabilidades con el taller no pudo asistir a las obras de la MET sí tuvo la oportunidad de conocer el programa, del cual, señala, sólo conoce dos puestas en escena, lo que “nos quiere decir que la mayoría de las obras fueron escritas aquí”.

Sin embargo, añade que “me parece bien que se genere un trabajo dramatúrgico pero también está padre poder leer otras obras, trabajar con textos que ya están comprobados, que ya son de dramaturgia universal, contemporánea, mexicana o no”.

 

Al respecto recomienda a los teatreros y en especial a los dramaturgos leer mucha obra de otros autores, contemporáneos en especial, cuyo trabajo es ya considerado por la crítica y la opinión pública como sólido y de calidad.

“El público teatral es inteligente por definición; ya apagó la tele, ya salió de su casa para venir a vernos, para venir al encuentro de algo distinto ¿qué más queremos? Si les mostramos en el teatro las mismas cosas que ven en la pantalla chica, en la pantalla grande o a diario en la escuela ¿qué chiste tiene? Hay que apostarle a la inteligencia y la sensibilidad”, comentó.

Señaló que esta es su segunda visita a Saltillo, luego de casi tres décadas desde que vino a presentar su trabajo con la Asociación Coahuilense de Teatristas y lamenta cómo aquí y en muchas partes del país, los teatros del IMSS han ido en decadencia tras perderse la administración en comodato.

“La comunidad teatral perdió mucho, porque he vuelto a muchas ciudades estos teatros estaban floreciendo cuando los adminstraban compañías de teatro y desde entonces están medio vacíos o rentándolos al mejor postor y creo que México algo maravilloso hizo con ese programa; construir hospitales y teatros al lado, planteando que la salud mental y emocional también es importante”, expresó.

“Yo cuando llegué a México y descubrí esto me pareció algo genial que creo que hemos perdido los artistas mexicanos. Siempre se dice ‘en Europa esto, en Estados Unidos aquello’ pero creo que en México hay un gran movimiento teatral, hay mucha calidad, bastante infraestructura el problema que con las distintas administraciones no hemos sabido encontrar una línea de continuidad”, agregó.

Concluyó recalcando su posición respecto a la relación actor-director como una horizontal, donde ambos aporten a la construcción de la puesta en escena, visión que fue la que compartió durante el taller con los artistas coahuilenses.