Queridas. Las cuatro mujeres eran muy apreciadas en la comunidad, en la misa de despedida el párroco enalteció sus virtudes. Fotos: Francisco Rodríguez
En sepelio de Rosa María, Elvira, Wendy y Rosa Elvira, familia exige caiga todo el peso de la ley contra el feminicida

SAN PEDRO DE LAS COLONIAS, COAH.- “Ni una más, ni una más. Nos faltan 4”. Fue el grito que inició una familiar de las cuatro mujeres asesinadas en el ejido San Ignacio, municipio de San Pedro, antes de sepultarlas.

Familiares y amigos que llegaron para despedir a las mujeres, gritaron “¡justicia!”. Después del rezo del rosario en el panteón, Dagoberto Ramírez Acevedo, hijo, hermano y tío de Rosa María, Elvira, Wendy y Rosa Elvira, respectivamente, pidió a los presentes que despertaran, porque no se trataba de un simple entierro.

“No es que sepultemos a cuatro mujeres, el tema es que lo estamos permitiendo. Nosotros permitimos que pase todo esto. Un niño no nace golpeador o asesino. Agarra lo que ve en su familia”, reflexionó con el coraje en sus palabras.

Gritó que su madre, hermana y sobrinas no debieron morir de esa forma porque no solo mataron a las cuatro, sino mataron a toda la familia. “Fueron cuatro de un chingazo. Ya nos destrozaron”, expresó en el panteón.

Desolador. Los cuerpos fueron sepultados en el panteón local, en medio de un ambiente de zozobra y rabia.

FUE UNA MUERTE ATROZ

Fue el martes por la madrugada, contó Dagoberto Ramírez, que José “N”, la expareja de su sobrina Rosy, ingresó a la casa y discutió con Elvira, la exsuegra de 54 años.

El presunto feminicida tomó una pala y la golpeó hasta matarla. Después fue al cuarto de la señora Rosa María que estaba dormida y también la mató con la pala; tenía 84 años. Siguió con Wendy (32 años) y después con Rosy, su expareja de 37 años.

El señor Ramírez platicó que sus familiares, con excepción de su madre, estaban irreconocibles, desfiguradas. “Con Rosy se ensañó”, contó. Supuestamente habían tenido una relación de 10 años pero ya habían terminado.

“Al estar platicando con la familia y hermanos sí nos dicen que ya los había amenazado a la familia”, platicó Dagoberto Ramírez.

Incrédulos. Los familiares y amigos que estuvieron presentes en la despedida de las cuatro mujeres, no alcanzan a comprender cómo fue que pasó todo.

EL LARGO Y AMARGO VIAJE

El familiar viajó desde Zacatecas, donde vive desde hace 29 años, luego de enterarse de la noticia. Contó que su mamá solía esperarlos sentada en la banqueta cuando viajaban a visitarla. Sin embargo, ahora se topó con una escena de crimen: la casa fue cercada con una cinta amarilla y pese a la restricción, el jueves se llevó a cabo una velación. Después fueron llevados al panteón del ejido San Ignacio.

Dagoberto Ramírez calificó el feminicidio de sus familiares como un acto “cobarde”. Por eso, pidió que se dé el castigo que merece y pidió a las autoridades que no vayan a salir con que fue “violado el debido proceso”. “Queremos justicia”, dijo.

El fiscal general de Coahuila, Gerardo Márquez Guevara, informó que de encontrarse culpable, José “N” podría recibir una sentencia hasta de 100 años de prisión.

Aunque para Dagoberto una sentencia de 100 años no es suficiente: “No estaría contento con 100 años, estaría contento con la pena de muerte, por la forma tan ruin, criminal y atroz que cometió”, dijo.

UNA FAMILIA TRABAJADORA

Dagoberto Ramírez recordó que su familia siempre se dedicó al cultivo de algodón, maíz o frijol. Eran ocho hermanos. Platicó que su mamá era una mujer incansable que solía de chicos llevarles el desayuno a la labor. Cuando llegaba, se ponía el saco y ayudaba a pizcar.

“Se regresaba media hora antes para que cuando llegáramos la comida estuviera preparada”, relató Dagoberto. Se levantaba a las 5 de la mañana a poner el nixtamal para tener la masa de las tortillas que hacía en un comal de leña. Una mujer de 84 años que, según su hijo, estaba tan fuerte que creían que llegaría a los 100 años.

“Nosotros nos cansábamos y ella no. Era muy activa. Fue el pilar para que yo estudiara la universidad”, comentó Dagoberto Ramírez.

El señor Ramírez visitaba seguido “el rancho”, como le dice al ejido San Ignacio donde ocurrió el cuádruple feminicidio. Solía llevarle a su mamá queso de Zacatecas porque decía que eso le recordaba la infancia. Mamá María era aficionada a la coca cola y la nieve de vainilla.

De su hermana Elvira contó que era madre soltera. Se casó con un trailero que un día salió y jamás se volvió a saber de él. Tuvo a Rosy y Wendy, que no tenían hijos. Rosy trabajaba en una maquila de forma intermitente.