La economía estadounidense jamás había sufrido una sacudida tan rápido y violenta como la provocada por el coronavirus COVID-19.

Hace tres semanas, EmpireCLS se encaminaba hacia un segundo año de ganancias récord. Empire, una compañía de autos de alquiler, no tenía suficientes choferes y empleados administrativos para satisfacer la demanda.

Todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Con una velocidad sorprendente, la actividad económica de Estados Unidos, y también la de Europa y el resto del mundo, se derrumbó como consecuencia del coronavirus y de la necesidad de que la gente no salga de sus casas. Repentinamente, nadie necesita un chofer.

Íbamos con viento en popa y en tres semanas perdimos el 90% de nuestros ingresos", dijo el CEO de EmpireCLS David Seelinger. “Sobrellevamos (los ataques de) el 11 de septiembre. Sobrevivimos a recesiones. Pero nunca vimos nada como esto”.

Seelinger licenció a 750 de sus 900 empleados el domingo.

Fue el día más difícil de mi carrera”, afirmó.

La economía estadounidense jamás sufrió un sacudón tan rápido y violento. Algo que tomó a todos por sorpresa después de más de una década de progresos en el mercado laboral y la bolsa de valores, y de una continua expansión económica. La economía, no obstante, encara ahora una profunda recesión. Es previsible que millones de personas se queden sin trabajo en pocos meses.

Una mujer pasa junto a una licorería cerrada en Filadelfia. El brote de coronavirus está causando estragos en la economía y forzando el cierre de negocios y el despido de gente.Foto: AP

La economía pasó de un estado saludable a uno desastroso en muy poco tiempo”, dijo Jason Furman, profesor de la Kennedy School de Harvard y quien fuera asesor económico del presidente Barack Obama.

En la crisis financiera de hace poco más de una década, señaló Furman, “en el 2006 estalló la burbuja del mercado inmobiliario, los últimos temblores se produjeron en el 2007 y las repercusiones se hicieron sentir de febrero a septiembre del 2008. Lo que toma años en una crisis financiera pasó en cuestión de días con esta crisis en el terreno de la salud”.

Desde que terminó la recesión del 2009, la economía creció durante 11 años seguidos, algo sin precedentes. No fue exactamente un boom. El crecimiento anual fue de un 2.3%, decente pero no espectacular. La expansión, sin embargo, fue sólida y duradera. Se crearon trabajos durante 113 meses seguidos.

Hace tan solo dos semanas, el gobierno emitió un informe muy positivo sobre el empleo: En febrero se agregaron 273,000 plazas y la tasa de desempleo fue del 3.5%, la más baja en 50 años.

El consumo aumentaba, lo mismo que los sueldos. Y era raro que alguien se quedase sin trabajo.

Todo esto terminó en un par de semanas, en las que se paralizó la mayor parte de la actividad económica. Ahora parece inevitable una recesión fuerte. Goldman Sachs pronostica que la economía se contraerá a una tasa anual del 24% en el trimestre de abril a junio. Sería el peor derrumbe de que se tenga noticias. Pocos días antes, Goldman había anticipado una merma anual del 5% en ese período.

Los economistas dicen ahora que el gobierno podría informar que 3 millones de personas solicitaron beneficios de desempleo la semana pasada, lo que sería de lejos un récord. IHS Markit calcula que 7 millones de personas se quedarán sin trabajo de abril a junio y que la tasa de desempleo será del 8.8% hacia fines de año. Otros economistas creen que el desempleo será más alto todavía.

Entre los inversionistas cunde el pánico. Desde el 12 de febrero, el promedio industrial Dow Jones bajó un 35%, reduciendo patrimonios y seguramente minando la confianza de la gente y sus deseos de gastar dinero.

Creo que nadie sabe lo que va a pasar”, expresó Daniel Feldman, exdiplomático que trabaja ahora como asesor en el estudio de abogados Covington & Burling.

La Reserva Federal redujo su tasa de interés de referencia a casi cero y está tratando de asegurarse de que las empresas tienen acceso a créditos a corto plazo para poder pagar sueldos y otros gastos. El Congreso y la Casa Blanca preparan un programa de estímulos que incluiría asistencia económica a las familias y licencias pagas por enfermedad y razones familiares.

En Stuyvesant Plaza, un complejo de oficinas y comercios en las afueras de Albany, la capital del estado de Nueva York, las ventas de negocios, restaurantes y gimnasios habían registrado ganancias de más del 10% en enero y febrero.

De repente, “todo se vino abajo”, dijo Ed Swyer, presidente del complejo.

Ahora está perdonando dos semanas de alquiler a los 60 inquilinos, en la esperanza de que eso los ayude a sobrevivir. Los restaurantes, sobre todo, son los que más sufren por la orden de la gobernación estatal de no sentar más gente en sus mesas y ofrecer solo comida para llevar. Swyer está ofreciendo préstamos sin intereses a algunos de sus clientes.

Esto parece un barril sin fondo. No sabemos qué tan mal se pondrán las cosas ni cuánto durará” la crisis, manifestó.