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Durante la temporada invernal aumenta la frecuencia de depresión por el cierre de un ciclo y la evaluación de las metas alcanzadas

Sentirse triste, reflexivo y nostálgico en la época decembrina es normal, pero si esto se acompaña de fatiga, problemas para concentrarse, pensamientos negativos, insomnio o mucho sueño y alteraciones en el apetito, puede tratarse de depresión.

La depresión invernal, también conocida como Trastorno Afectivo Estacional, afecta a entre 4 y 8% de la población general, en una proporción de cuatro mujeres por un hombre, informaron las instituciones de salud del país en un comunicado.

Las personas con más posibilidades de sufrir depresión estacional son quienes tienen ya diagnosticada alguna enfermedad psicológica o trastorno bipolar, niños, adolescentes, mujeres y adultos mayores, quienes viven solas, aisladas o son inestables emocionalmente.

La depresión navideña también está relacionada con los procesos de cierre de ciclos de vida y término de un año.

Al hacer un recuento de los logros en año nuevo y darnos cuenta que no se cumplieron ciertos propósitos, aparece la frustración. “Así, en un día que debería ser de los más felices, hay una ruptura emocional”, afirmó el académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, Hugo Sánchez Castillo.

Al respecto, añadió que la felicidad no es la única emoción existente y el problema aparece cuando se cree que ésta debe permear todo.

“Si aceptamos que somos individuos que cometemos errores, al momento de concretar o de comparar lo que hicimos y lo que no, aceptaremos todo con mayor facilidad”, concluyó.

Las emociones negativas pueden ser transitorias, pero cuando la afectación llegan a un nivel en que modifica la vida cotidiana, se debe acudir con un médico que evalúe la situación.

“Las personas pueden pensar que es normal estar triste en invierno, pero si esta tristeza persiste sin razón aparente y afecta el funcionamiento personal, laboral, familiar y/o social, entonces debe buscarse ayuda profesional. Las personas con depresión no disfrutan casi nada, se aíslan, no tienen motivación para hacer sus labores diarias”, señaló Carmen Ayza, directora Médica Regional para México, Centroamérica y Región Andina en Lundbeck.

Presentan también muchas veces, alteraciones de sueño, de apetito y peso, están irritables y en general, se encuentran incapacitados en muchas áreas de su vida cotidiana.

“La depresión no es un estado de ánimo, es una enfermedad y no es cuestión de falta de voluntad, si nos sentimos mal debemos recurrir a ayuda profesional, y seguir el tratamiento adecuado”, agregó la especialista.