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Una de las películas de terror más interesantes y efectivas que se hayan visto en los últimos años, esta es la experiencia completa del miedo absoluto y visceral

Calificación: 9.5 de diez

El miedo es relativo. Género complicado en el cine, el terror abarca extremos que van desde la comedia hasta el propio drama. Hay para todos los gustos. Es, además, uno de los más populares del séptimo arte, por un lado repleto de clichés, fórmulas gastadas, tramas repetitivas y, por otro, capaz de atraer a las masas sin necesidad de gastar millones de dólares en su producción. Se comienza a ver una película de estas con un humor particular. Zombis, fantasmas, asesinos… ¿cuál será la amenaza? Nuestra disposición es clara, estamos relajados, hay sonrisas amplias mientras compramos palomitas y refrescos, queremos pasarla bien, disfrutar de inyecciones de adrenalina que nos hagan saltar del asiento. Sabemos qué esperar y el único deseo es que nos lo entreguen bien. Cada quien sabe lo que le asusta, cada quien sabe por qué está a punto de ver esa película. No es muy común que subviertan nuestras expectativas para llevarnos a lugares insospechados del miedo profundo. “El Legado del Diablo” (“Hereditary”) es una de estas fabulosas excepciones.

¿Qué tanto se puede decir de esta película? Me parece que se disfruta más entre menos se sepa, por lo que me gustaría invitarle a que deje de leer ahora, tenga la certeza de que verá una excelente cinta del género. Si desea más detalles y no es muy fan de las sorpresas, puede continuar, no le voy a arruinar el final ni nada por el estilo. La historia trata sobre una familia, encabezada por una madre artista creadora de miniaturas. Su propia madre acaba de morir y ahora tiene que lidiar con el extraño sentimiento que este evento le genera, la relación con su hija menor, su hijo mayor y su marido. Sus demonios internos comienzan a externarse cada vez más, luego de que otro evento trágico desate la destrucción de esta familia, revelando oscuros secretos y quizá algo más allá que ninguno de ellos entiende en realidad.

En años recientes se ha escuchado mucho esta frase o variantes de la misma: vivimos en una buena época para el terror. El año pasado, la casa productora Blumhouse sorprendió al mundo con “Get Out”, la cual le dio a su también director, Jordan Peele, el Oscar como Mejor Guión Original, entrando en la selecta lista de las pocas cintas del género que se han llevado algún reconocimiento de la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas. Hay otros nombres que por ahí andan haciendo ruido y merecen aplauso, como el de Mike Flanagan, pero el más pesado y popular de todos es el de James Wan. Iniciador de las sagas de “Saw” e “Insidious”, su gran logro fue “The Conjuring” (2013), con la que retomó elementos clásicos del género, los utilizó con cuidado y creo un clásico moderno que nos remitía a otros tiempos. Con ello cambió el juego en la actualidad.

Bueno, ¿y a qué hora voy a hablar de “El Legado del Diablo”? Paciencia, que creo que el contexto en que llega esta cinta es muy importante. Wan vino a tirar la popularidad desmedida del “found footage” y a darnos una valiosa lección: si se utilizan bien, los lugares comunes del género pueden ser muy efectivos. Esto dio como consecuencia, no sólo un regreso a las casas embrujadas, sino a proyectos que daban un giro y presentaban propuestas innovadoras y originales como no se habían visto en un buen rato, como la del mencionado Peele. Cintas como “It Follows” (2014) y “The Witch” (2015) son otros grandes ejemplos. Y es así como nos llega el filme que aquí nos atañe, dirigida por el primerizo Ari Aster, un nombre que se viene a posicionar junto a los antes mencionados como parte de esta nueva generación de maestros del horror.

Hace poco murieron George A. Romero, Tobe Hooper y Wes Craven, pues pueden descansar tranquilos, tienen dignos sucesores. “El Legado del Diablo” es quizá la mejor consecuencia que nos brinda esta nueva ola. Clásica en muchos sentidos, cuidadosa en los detalles, con ideas nuevas y refrescantes, pero sin descuidar el susto más primordial y hasta, en cierto sentido, comercial para agradar a las masas. Es una cinta en partes iguales arriesgada y accesible. No hay suficiente espacio para alagar sus logros, pero todo se remite a un cuidado perfeccionista y a un manejo fabuloso de lo más difícil de este género: el ritmo y la atmósfera. Esta cinta nos absorbe por completo desde su primera toma y no nos suelta, llevándonos en una espiral de pesadilla que toca fibras sensibles de nuestro interior, escarbando en nuestros miedos más profundos de una manera casi inexplicable. ¿Es el poder de Satán? No, simplemente está tan bien hecha que hasta parece sobrenatural.

¿Qué tiene? ¿Qué pasa? ¿Qué estoy viendo? En su primera capa, el miedo es real y dramático: el horror de la vida, de situaciones que no tienen nada de sobrenaturales pero que son mucho más aterradoras que cualquier demonio. Buena parte del inicio se va en el drama familiar y en un punto pensé, ¿acaso sólo vamos a ver el gradual deterioro de estos personajes? ¿No hay fantasmas ni nada más? El elemento fantástico llega al final, pero es ya sólo el clímax, luego de que nos pisoteó y hundió en un drama tenso y oscuro, el corazón de toda la historia. Es una cinta agresiva que ataca de forma sutil, con tomas muy precisas. Un trabajo contundente que nos afecta y perturba en serio y que aprovecha al máximo todos sus elementos, como las actuaciones, de las que hay que destacar a Toni Collette. Brillante e intensa, no sólo es una de las mejores interpretaciones del año, sino de la historia del terror en general.

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Alguien dijo que era “El Exorcista” (1973) de esta generación. Yo más bien creo que es el “Rosemary’s Baby” (1968), con la que guarda muchas similitudes. Un terror que está ahí mucho antes de que se nos revele de forma explícita, que ronda en las sombras y nos hace sentir que algo no está bien. No es gratuito que a esta cinta se le mencione junto a grandes clásicos, pues creo que está destinada a convertirse en uno. A veces es peligroso hablar tan arriesgadamente bien de una película y levantar las expectativas a lugares donde la decepción puede ser más probable. ¿Qué verá aquí exactamente? Terror sobrenatural, con un giro y mucho drama antes de que se vuelva más convencional, por decir algo. Quien esté dispuesto se llevará una sorpresa grata. Es una obra que merece atención y ser vista más de una vez. 

El dato
Director: Ari Aster.
Elenco: Toni Collette, Alex Wolff, Milly Shapiro, Ann Dowd, Gabriel Byrne.
Género: Terror.
Clasificación: B15
Duración: 128 minutos