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La más reciente novela de Bernardo Fernández ‘Bef’ pone a su personaje el Járcor, al frente de una investigación que revelará una conspiración de corrupción en México

La novela policiaca mexicana tiene a un nuevo miembro. El Járcor, personaje de Bernardo Fernández “Bef”, llega como protagonista en “Esta bestia que habitamos” (Océano, 2021), la quinta novela de su serie Alacranes, donde tendrá que desenmarañar un crimen y una conspiración de corrupción en el México del 2019.

En entrevista con VANGUARDIA vía Zoom el escritor y novelista gráfico, originario de la Ciudad de México, nos habló sobre este personaje, quien ya había aparecido como co-protagonista en otros de sus libros, sobre la inspiración para la trama y los elementos que caracterizan su aproximación a este género literario.

 

¿Cuál fue la idea detonante para la historia?

“Era una editorial que leí de Héctor de Mauleón donde hablaba del caso de unos que ofrecían servicio de taxi ejecutivo, le daban una botellita de agua a sus clientes, que traían narcótico, entonces se dormían, los robaban y los dejaban botados en las calles, pero hubo un pasajero, un abogado joven, prominente, que se murió y este caso se mediatizó y generó tal presión que terminó cayendo la banda.

No recreo esa historia, pero a partir de ella cuento la anécdota central que hay en el libro. Sin embargo, está vinculada a una segunda anécdota. No es un abogado, en mi historia, es un publicista, que está relacionado con una serie de escándalos de corrupción. La novela se sitúa específicamente a finales del 2019, es muy reciente el cambio de gobierno y este publicista había estado involucrado en un escándalo de desvío de fondos, de corrupción, y de la maquinaria de la comunicación publicista en un escándalo político.

Entonces el policía, el Járcor, que viene de mis otras novelas, se le asigna el caso y él cree atisbar una relación o una conspiración entre la muerte de dos publicistas y este escándalo de corrupción”.

 

¿Cómo es tomar un personaje como el Járcor y darle un rol protagónico?

“De todos los personajes, aparte de Andrea Mijargos, es el que tiene más presencia. Incluso pienso que más que un secundario es un co-protagónico. Ya en algunas de las novelas le había tocado resolver un caso. Fue una cosa natural, lo veo como un spin off.

Bernardo Fernández, el autor.

La novela, mencionas, puede leerse de manera independiente al resto de los libros de la serie Alacranes, pero para quienes ya conocen al Járcor, ¿a qué retos se enfrentará este personaje?

“En este caso la novela tiene dos cosas, uno es que es el policía de confianza de su jefe, entonces le encargan este caso con prioridad, entonces tiene la presión mediática y de la procuraduría encima. Pero por otro lado en la novela está cambiando, su compañero de patrulla, con el que nunca se llevó bien, se va de la procuraduría, de manera que le asignan un nuevo compañero de patrulla. Según lo que he investigado, para un policía es todo un tema el compañero de patrulla, si te cae mal es terrible pasar 10-12 horas al lado de alguien que no te simpatiza. Es preferible tener muy buena química. Entonces estar lidiando con la culpa por el hecho de haber cerrado la posibilidad de una relación con Andrea Mijangos y por el otro con esta presión del caso y adaptándose a su nuevo compañero y además la novela es un pretexto para poder conocer más al personaje. Tengo varios capítulos dedicados a su biografía, para que los lectores y yo mismo podamos entender quién es este hombre, de dónde viene y cómo es”.

 

Y hablando de investigaciones, ¿qué más tuviste que investigar para hacer este libro?

“Siempre investigo mucho para todas mis novelas, policiacas o no. Es la parte que más me gusta, además, documentarme. Esta, básicamente, tuve que ahondar en algo de toxicología, saber si podrías morirte con unas gotas oftálmicas que te producen sueño o no. Tuve que meterme a investigar sobre los procesos policiacos. Intento que mis novelas registren el procedimiento o labor policiaca. Normalmente en la novela policiaca mexicana el policía es una especie de monstruo, entre otras cosas porque la novela policiaca tiene mucho vínculo con la izquierda y con la militancia, de manera que la policía es un símbolo de un estado represor. No he buscado hacer apología de los cuerpos policiacos pero sí tratar de humanizar a estos personajes. Mostrar que son personas metidas en circunstancias extremas que por lo tanto tienen reacciones extremas y ese es como de los objetivos que yo tenía; mostrar tanto a policías como criminales como seres humanos. Mi conclusión al final es que, sí hay, pero es muy raro encontrarte con monstruos despiadados, te encuentras con gente metida en este asunto alrededor del crimen, de la procuración de justicia, que son situaciones muy extremas y que reaccionan en consecuencia”.

El libro se desarrolla en 2019 y tan solo en el primer capítulo ya haces referencia a cosas como el Me Too, ¿hay otras referencias a fenómenos o situaciones de actualidad?

“Si, bastantes. Hablo mucho de la transición democrática, de la transición de gobierno hacia la izquierda, de los primeros meses del gobierno. Se menciona el Me Too, hay un énfasis en otra discusión que ha estado muy vigente sobre el racismo en México, visibilizar el racismo en México. Hago mención a varios casos no resueltos por la policía a lo largo del tiempo, incluyendo los 43 normalistas de Ayotzinapa, también menciono a la niña Paulette. Esto entre otras cosas porque, lo digo todo el tiempo, yo considero que la novela policiaca es la hija de la novela de aventuras y del periodismo. Entonces hay un parte de actualidad, de investigación e incluso de denuncia social y hay otra parte del asombro y de la aventura. Yo creo que cada autor tiene distintos porcentajes, de novela de aventuras o de periodismo. Yo tengo muy claro que en mis novelas domina la aventura, sin dejar lo otro de lado. Hay otros autores con una vocación más periodística, de investigación, de denuncia incluso, pienso por ejemplo en mi colega y amigo Imanol Caneyada en su novela 49 Cruces Blancas sobre la guardería ABC”.

 

Y para quienes no conocen al Járcor, ¿cómo es él?

“Él se describe a sí mismo como cabulilla. Cábula es una palabra a lo mejor muy chilanga, pero es el desmadroso del salón. Es un tipo muy simpático, muy carismático, de esos que siempre están haciendo reír y que se la pasando bulleando a todo mundo. Pero no el bullying maldito, el bullying simpático. Yo, en todo caso, lo ubicaría en la tradición de la picaresca, tipo como con mucho ingenio, tiene un cierto idealismo que vamos a descubrir en la novela. Nos enteramos que había sido punk y que tocaba en una banda y que abandona todo eso cuando tiene que entrar a la policía acosado por el desempleo y harto de conseguir una posición en los medios de comunicación, porque se establece que es comunicólogo de la UAM, se contrata en la policía y vive permanentemente esta contradicción, de provenir del lado de la contracultura, del lado contestatario, y acabar siendo justo un agente represor del estado. Y quizá esa contradicción es la que define la personalidad fundamental de este personaje”.

 

¿Porqué hacer una serie donde cada entrega sea independiente entre sí?

“En los cómics, y ahora en las películas de Marvel se refleja, tienes que ver todas para entender qué está pasando. Hay una cierta malicia comercialista que a mí siempre me cayó muy mal. Entonces yo las he pensado más como las novelas de John Connor, en el sentido de que las puedas leer independientes, que no te falte información pero en el mejor de los casos te pique la curiosidad y te acerques al resto de la serie. Eso es lo que me gustaría que sucediera con Esta bestia que habitamos para quienes se acerquen por primera vez a mi trabajo”.