Aventura. Blume ha recorrido diversos lugares, donde ha descubierto historias como la del monstruo Curupira. Fotos: Orlando Sifuentes/Cortesía
Este ingeniero de sonido incursionó en el mundo del arte en la búsqueda y la experimentación del sonido como materia prima. Su obra se encuentra en el MAG donde ofreció una charla

Hablar del sonido como elemento fundamental en el arte suele remitirnos a la música. Composiciones usualmente clásicas, con arreglos amables al oído, que remiten a escenas de la naturaleza o narraciones de todo tipo.

Pero no fue sino hasta hace unos pocos años que los artistas comenzaron a fijarse en los sonidos cotidianos, aquellos que forman parte del paisaje y los ambientes en los que nos desenvolvemos a diario y el artista Felix Blume, como ingeniero de sonido, comenzó poco a poco a descubrir el atractivo de estos elementos.

Su interés por buscar y crear escenarios sonoros como experiencias auditivas para el espectador fue el tema de la charla que ofreció este miércoles en el Museo de Artes Gráficas, en el marco de la exhibición de su video instalación sonora “Curupira”.

Luego de se presentado por la directora del MAG y coordinadora de Artes Visuales de la SC, Edith Leija, Blume comenzó su participación hablando sobre algunas de las primeras exploraciones que hizo con este elemento, obras como “Son Seul” —“sonido solitario” en francés— en las que, apoyado por tomas de video mueve la atención del espectador a la fuente de sonido, contrario a la estructura habitual de escuchar la escena completa.

Instalación. Los sonidos fueron guardados en frascos, por lo que el espectador podía abrirlos y escuchar.

En uno de los videos que conforman la obra, desde un plano abierto de una planicie desértica se puede ver al artista caminar de derecha a izquierda de la toma persiguiendo con el micrófono una lata que gira por el suelo movida por el viento. El único sonido que acompaña al video de unos minutos es el golpeteo del metal contra la tierra y el efecto que produce focaliza la atención del espectador en este punto.

Tal es la base de la curiosidad del francés con su arte, situación que lo llevó al poblado de Taury, en el Amazonas brasileño, donde sin saber bien qué encontraría viajó en busca de sonidos: La Curupira fue lo que encontró.

Estando en un proyecto en Chile viajó a este lugar y comentó que “yo fui de los primeros turistas en ir allá. No tenía información, imagen, de pueblo, básicamente me subí a la lancha a ver qué pasaba. […] Yo solo llegué con los micrófonos e iba a grabar sonidos y todos los días iba con las personas del pueblo, íbamos a un lugar y nos quedábamos ahí, grabando y escuchando”.

En estas primeras interacciones comenzó a conocer la cultura y las historias de los habitantes de Taury hasta que le hablaron de la Curupira, un monstruo que nadie había visto, supuestamente solo una persona llegó a capturar, y solo es reconocido por los sonidos que hace.

Intrigado por esta última cualidad, Blume puso manos a la obra en el proyecto ahora con la meta de recoger testimonios y sonidos sobre la criatura legendaria —comparada por Leija con el chaneque del bajío— creando así la pieza sonora que está en exhibición en el MAG.

Destacó que la curupira no es un monstruo cualquiera, pues sus ataques suelen ser asociados a respuestas de agresiones de los hombres contra la selva; tala desmedida, explotación del agua, caza de animales, por lo cual es vista por algunos habitantes como un protector del bosque.

Proyectos. A través de su página de Facebook el artista presenta diversos trabajos.

Aunque esta es la obra titular de su presencia en Saltillo el artista también habló de otros trabajos recientes, como la instalación sonora “Rumors from the sea” hecha para la Bienal de Tailandia en 2018, en la cual creo una especie de órgano con flautas y bambú, cuyo sonido es provocado por el agua entrando en los troncos, expulsando aire a su vez.

La pieza fue hecha en con el apoyo de una comunidad que ha tenido que cambiar su pueblo cinco veces en los últimos 30 años debido all aumento del nivel del mar por el calentamiento global está acabando con la isla.

También habló de “A media voz”, proyecto hecho en 2017 en Chile con personas invidentes pero el cual presentará el próximo 23 de septiembre en la Galería 2 del Centro Garza Sada de la Universidad de Monterrey donde “la propuesta fue enseñarles a grabar, lo que yo sabía, y que me enseñaran lo que ellos escuchaban”.

Estos sonidos fueron guardados en frascos de vidrio que en la instalación, al ser retirada la tapa de cada uno y al acercar el espectador su oreja al mismo, podrá escuchar de la manera en que estas personas experimentan el mundo.

La creatividad y curiosidad de Felix Blume en el mundo de los sonidos no termina aquí, pues en su página oficial hay más de este tipo de proyectos.