Edgar Durazo Ortiz se esta abriendo rápidamente paso en EU como figura en la monta o jineteo de toros. Foto Internet
“Estoy viviendo mi sueño”, dijo Durazo en entrevista con Notimex, al narrar como durante toda su vida imaginó con dedicarse profesionalmente a este deporte.

Dallas, EU.- Edgar Durazo Ortiz, un joven originario del estado mexicano de Sonora, se esta abriendo rápidamente paso en Estados Unidos como figura en uno de los deportes de más riesgo y tradición en este país: la monta o jineteo de toros.

Durazo es uno de los escasos mexicanos que han cruzado la frontera para dedicarse profesionalmente a esta disciplina, considerada como la suerte más conocida y emocionante del rodeo y dominada hasta ahora por estadunidenses y un puñado de jinetes brasileños.

Con su presencia en las arenas estadunidenses, el joven de 24 años de edad esta recobrando para México el jineteo de toros, una tradición que surgió precisamente en ese país, como parte de la charrería, pero que se ha popularizado más en Estados Unidos, incrustada en la tradicional fiesta vaquera del rodeo.

“Estoy viviendo mi sueño”, dijo Durazo en entrevista con Notimex, al narrar como durante toda su vida imaginó con dedicarse profesionalmente a este deporte.

En el jineteo los riesgos conllevan con frecuencia, brazos y costillas rotas, hombros dislocados y otras peligrosas lesiones, pero las recompensas pueden ser lucrativas, en fama y dinero.

Las reglas de la monta o jineteo de toros son muy simples. Colocarse encima de un enorme toro que llega a pesar hasta 900 kilos y tratar permanecer sobre la bestia durante ocho segundos, agarrado solo con una mano a un pretal o correa atado al animal.

Durante ese tiempo, el toro desata una fuerza enorme para zarandear el cuerpo del jinete buscando quitárselo de encima y es común que los montadores pasen la mitad del tiempo en el aire y la otra sobre el animal.

Muchos consideran esos ocho segundos como el periodo de tiempo más peligroso de cualquier deporte. Un par de jueces califican al jinete y al toro, otorgando puntos del cero al 100.

Las puntuaciones de cero suelen ser frecuentes, cuando los jinetes caen antes de los ocho segundos reglamentarios. Puntuaciones de 70 a 80 son consideradas buenas y calificaciones arriba de estas marcas son extraordinarias. Entre más puntos acumule un jinete, más dinero se lleva como premio.

Lo mismo para el propietario del toro, al que se le califica su brío y fuerza. Las bolsas varían dependiendo de la dimensión del rodeo y van desde los cero dólares en caso de no acumular puntos, hasta cinco mil o más dependiendo de la ocasión y el lugar. Durazo dijo ser feliz cuando logra permanecer los eternos ocho segundos sobre el toro.

“Se requiere montar mucho para darle al cuerpo ese sentido de equilibrio” explicó, al describir que en este deporte, la experiencia proporciona un instinto, una habilidad casi inconsciente, que permite neutralizar los efectos de los giros y saltos del animal para permanecer sobre su lomo.

El mexicano comenzó a acumular esa experiencia desde niño, montando becerros en su natal Moctezuma, una comunidad en la sierra de Sonora, donde la ganadería constituye la principal actividad económica y el ir al rancho es parte del trabajo diario.

La crianza del ganado, dijo, forma parte de la historia de su familia, pero precisó que el amor por el rodeo y la monta de toros, fue algo que heredó de su padre, quien de joven practicó esta suerte.

“Hablé con mi papá cuando tenía 15 años y le dije que quería subirme a los toros, que me sentía bien montando”, recordó Durazo. “Estaba en la preparatoria cuando compramos el equipo (espuelas, chaparreras, chaleco protector, pretal y guantes) y trajimos toros a la arena”.

En 2009, al terminar su preparatoria, Durazo comenzó a montar en los rodeos que se organizan en el noroeste de México, en los estados de Sonora, Chihuahua y Baja California. Tras acumular múltiples hebillas, correspondientes a los trofeos y copas que se ganan en otras disciplinas, el joven jinete puso sus miras en Estados Unidos.

Su habilidad en la monta de toros le permitió ese año obtener una beca en el Southwest Texas Junior College, una institución de educación superior con sede en Uvalde, Texas, donde el rodeo forma parte importante del desarrollo de su programa deportivo.

Fue ahí donde Durazo comenzó a competir por primera vez en rodeos de Estados Unidos, en el circuito de la Professional Bull Riders (PBR), una liga especializada en la monta de toros.

Sin embargo, para no dejar truncados sus estudios, regresó a México en 2012 a concluir su carrera como técnico agropecuario, al tiempo que durante los fines de semana siguió compitiendo en rodeos en ese país.

Al intentar regresar a Estados Unidos, problemas para obtener la visa de deportista, provocaron que Durazo, decidiera viajar a Canadá, donde las regulaciones migratorias no eran tan estrictas.

El mexicano llegó en enero de 2013 a trabajar a un rancho del sur de la provincia canadiense de Alberta, amansando caballos y herrando becerros, al tiempo que aprovechaba sus horas libres para participar en los rodeos.

Su disciplina y perseverancia rindieron frutos, conquistando en noviembre de 2014 el campeonato de la World Professional Bullriding (WPB), la principal organización en esta especialidad en Canadá. Tras haberse casado con su novia mexicana durante su estancia en ese país, Durazo decidió a principios de este año mudarse a Estados Unidos.

Su objetivo era dedicarse de tiempo completo a la monta de toros en los continuos rodeos sancionados por la Asociación de Vaqueros Profesionales de Rodeo (PRCA), donde compiten los mejores jinetes del mundo.

“En Estados Unidos hay más rodeos y más oportunidades”, dijo el joven vaquero, quien optó por radicar en San Antonio, Texas, una ciudad céntrica que les permite desplazarse cada semana a diferentes rodeos que se efectúan en esta entidad y en otras cercanas.

Durazo programa su actividad inscribiéndose a dos o tres rodeos cada semana y por lo general viaja a las distintas plazas conduciendo su propio automóvil, de forma que para sufragar los costos que genera el desarrollar su oficio, debe realizar un buen papel cada vez que monta a fin de que le pueda ser redituable.

Muy seguido conduce varias horas para realizar una monta, que con suerte solo se prolonga por ocho segundos.

Durazo dijo que se puede vivir del rodeo mientras se tenga la habilidad para montar con frecuencia y hacerlo manteniéndose en el toro, sin que se presenten lesiones. “Es como cualquier otra profesión, con sus altas y sus bajas”, indicó.

La diferencia en los ingresos de los jinetes puede marcarlo la publicidad, colocando “parches” (anuncios) en su chaleco de compañías que desean publicitarse aprovechando la popularidad de los buenos vaqueros, con los más altos puntajes.

Durazo pudiera ser ya una “cartelera” atractiva para varias firmas, en especial las que buscan al público hispano.

Después de todo, unos 25 millones de personas asisten cada año a los más de 600 rodeos que se efectúan a lo largo y ancho de Estados Unidos, atrayendo más aficionados que el tenis o el golf.

Los planes del joven jinete, son ganar el próximo año suficientes rodeos que le permitan calificar para las Finales Nacionales del Rodeo, consideras como el “Súper Bowl” de esta especialidad y donde solamente los mejores 15 jinetes compiten para ser campeón del mundo.

Para hacerlo, Durazo debe inscribirse al mayor número de rodeos posibles, para tratar de acumular el mayor puntaje.

Esa es la meta del mexicano y su sueño se cumple cada vez que aparece montado sobre un toro ante cientos de espectadores en los rodeos más prestigiados de Estados Unidos.