Juan Carlos I, rey de España entre 1975 y 2014, es considerado una figura clave para la transición y consolidación democrática de España tras la dictadura de Francisco Franco, decidió vivir fuera de España tras estar en medio de un escándalo sobre posibles negocios oscuros por su parte.

El anuncio de que el rey emérito Juan Carlos I se irá a vivir fuera de España culmina un período de deterioro de su imagen tras meses de una cascada de informaciones negativas sobre posibles negocios oscuros por su parte, que amenazaban con deteriorar la percepción de la monarquía en este país.

Juan Carlos I, rey de España entre 1975 y 2014, disfrutó de una imagen impecable durante muchos años como una parte muy importante de la transición y consolidación democráticas de España tras la dictadura de Francisco Franco y como hombre cercano.

Homenajeado en numerosos países como figura política clave y "símbolo" para la democratización en países de América Latina, según dijo a Efe en 2018 el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti, ese aura sufrió un imparable deterioro en los últimos años, agravada en los últimos meses.

Y es que el constante goteo de noticias de los últimos meses acabó socavando el prestigio del exmonarca de 82 años mientras en España se debate sobre el futuro de la inviolabilidad jurídica del rey, consagrada en la Constitución.

"La figura del rey emérito está muy resentida", recapitula el politólogo Manuel Buñuel, profesor de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).

En unas declaraciones a Efe, Buñuel opina que la salida del país era la opción más lógica mientras se destaca la figura de su hijo, Felipe VI, como un monarca "renovador" de la institución.

El sitio web de la familia real publicó una carta del ex monarca de España, el rey Juan Carlos I, diciendo que se va de España para vivir en otro país, en medio de un escándalo financiero. Foto: AP

Vaticina que los partidos que están del 3 al 7 en la escala ideológica (de centro-derecha a centro-izquierda) apostarán por "cerrar filas en torno a la monarquía, porque es una figura institucional de mucho calado en España".

Pero Buñuel insiste en que debe haber "un debate" sobre cómo debe ser la monarquía del futuro, para "no cometer los mismos errores" del pasado.

 

GOTEO DE INFORMACIONES NEGATIVAS

 

La imagen de Juan Carlos I inició el declive con la fractura de cadera sufrida durante una cacería de elefantes en Botsuana en 2012, cuando España sufría una gravísima crisis económica de fuertes repercusiones sociales.

Con esa cacería y las fotos del rey empuñando un rifle ante un elefante abatido, comenzaron a difundirse detalles de su amistad íntima con Corinna Larsen, exesposa de aristócrata alemán, una relación sobre la que periódicamente se divulgan detalles comprometedores.

Otro golpe muy duro para Juan Carlos I y para la monarquía fue el caso de corrupción que protagonizó Iñaki Urdangarín, yerno del exmonarca y cuñado del actual rey, y que acabó con aquel entrando en la cárcel en 2018 por una condena de casi seis años de prisión.

Su esposa, Cristina de Borbón, hija y hermana de los monarcas, fue también juzgada pero finalmente quedó absuelta.

La puntilla llegó este año, con la sucesión de informaciones de prensa sobre las supuestas finanzas del rey emérito, que abdicó en junio de 2014, y que terminaron por descomponer su imagen.

Una fiscalía de Ginebra (Suiza) y la Fiscalía del Tribunal Supremo español investigan operaciones en el país helvético de una fundación vinculada a Juan Carlos que supuestamente mantuvo allí una cuenta en la que habría recibido una donación del entonces rey de Arabia Saudí de unos 100 millones de dólares, de los que habría transferido a Larsen unos 65 millones de euros.

La pasada semana, un juez de la Audiencia Nacional citó a Larsen a declarar el 8 de septiembre próximo por unas grabaciones en las que ella hablaba de las cuentas del rey emérito en Suiza.

Tras las primeras informaciones sobre esos supuestos manejos financieros del rey emérito, la Casa Real anunció en marzo que Felipe VI renunciaba a la herencia que pudiera recibir de su padre y que le retiraba la asignación económica.

 

INVIOLABILIDAD JURÍDICA DEL REY

 

Todo esto lanzó el debate sobre la inviolabilidad jurídica del rey, consagrada en la Constitución española.

El presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, pidió "reflexionar" sobre ese principio y "ver qué solución se le da", según dijo en una entrevista hace pocas semanas.

"La Constitución tiene que evolucionar conforme a las exigencias de ejemplaridad y conducta política de las sociedades", añadió Sánchez.

Ese principio "debería cambiar" para modernizar la monarquía, apunta a Efe Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla y exletrado del Tribunal Constitucional.

Como la Constitución "es casi imposible de reformar" ya que el mecanismo es "muy complicado", Urías apuesta por una sentencia del Tribunal Constitucional que modifique la interpretación del texto sin necesidad de cambiarlo.

Este jurista recuerda que la inviolabilidad solo se refiere al ejercicio del cargo, pero no a hechos ocurridos tras la abdicación.

 

EL PAPEL DE JUAN CARLOS I, MENOS APRECIADO ENTRE LOS JÓVENES

 

Mientras su imagen se deterioraba, la conciencia sobre el papel de Juan Carlos I en la democratización del país se fue difuminando entre los jóvenes.

En las nuevas generaciones "se pierde la conciencia histórica de lo que supuso en su momento" la figura del rey emérito en un contexto político muy complicado, destaca Carlos Barrera, profesor de la Universidad de Navarra.

Barrera recuerda que la monarquía era hasta 2008 "la institución mejor valorada" por los españoles en las encuestas mensuales del oficial Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que eliminó las preguntas sobre la jefatura del Estado en junio de 2014.

"Hay grandes grupos poblacionales que ya no se sienten identificados con la monarquía", constata por su parte Daniel Barredo, profesor español de Periodismo en la Universidad del Rosario (Bogotá). 

 

JUAN CARLOS I, UN LEGADO MANCHADO

 

La marcha de España de Juan Carlos I deja en el aire el legado de un reinado, inicialmente considerado de gran estadista pero cada vez más cuestionado por borrones personales tanto por sus relaciones íntimas como por la gestión de sus finanzas.

Nieto del rey Alfonso XIII que partió al exilio tras la proclamación de la II República en 1931, Juan Carlos de Borbón fue repescado en 1969 como príncipe por el dictador Francisco Franco para tratar de dar continuidad y legitimidad a su régimen.

Coronado rey pocos días después de la muerte de Franco, en noviembre de 1975, el nuevo soberano planteó rápidamente la transición ordenada a una democracia parlamentaria de corte occidental, entre presiones inmovilistas del "búnker" franquista y, por otro lado, de los partidos de izquierda que buscaban una ruptura total y rápida.

Juan Carlos I eligió personalmente para timonear el proceso a Adolfo Suárez, quien logró dirigir con éxito la transición política, liberar a todos los presos políticos del franquismo, celebrar elecciones plenamente democráticas y aprobar una Constitución moderna.

La concesión de amplios poderes a las regiones, especialmente al País Vasco y a Cataluña, que gozaron de un autogobierno sin parangón entonces en Europa, fue otro de los pasos casi revolucionarios de esa época, tras décadas de férreo centralismo franquista y represión de las lenguas de esas y otras regiones.

Todo ello ocurrió en muy pocos años, entre graves tensiones políticas de todo tipo, una seria crisis económica y sangrientos atentados de la extrema derecha y, sobre todo, de la organización terrorista ETA, autora de más de 800 asesinatos, la mayor parte durante la actual democracia española.

El malestar por el terrorismo de ETA (con más de cien muertos en algunos años) acabó causando el intento del golpe de Estado de un sector muy minoritario del Ejército, en febrero de 1981, que el rey frenó con una famosa alocución televisada en la que, como jefe de las Fuerzas Armadas, conminó a los militares rebeldes a someterse a la legalidad.

Fueron tiempos en los que muchos españoles se declaraban "republicanos juancarlistas" y políticos abiertamente republicanos reconocían al rey su papel en la reconciliación política tras una cruenta guerra civil (1936-1939) en la que hubo crímenes masivos que no han terminado de cicatrizar.

La transición y consolidación democráticas fueron un ejemplo para muchos países, entre ellos en Latinoamérica, y Juan Carlos I una figura admirada y respetada como estadista de talla internacional.

En 1987 las Naciones Unidas le concedieron la Medalla Nansen, por su apoyo a los refugiados y un año después recibió la Medalla del Consejo de Europa.

Sin embargo, el rey Juan Carlos se benefició de una protección por parte de la prensa y el poder político que, centrados en la estabilidad institucional y el progreso interno e internacional del país, miraron para a otro lado cuando ocurrían algunas lagunas de la vida privada del monarca, como asuntos extramatrimoniales de los que solo se informaba fuera del país o iosmillonar regalos de monarcas del Golfo Pérsico, como su yate "Fortuna" o automóviles deportivos.

 

Pero el paso de los años hizo que las nuevas generaciones fueran menos conscientes de los logros de Juan Carlos I en unos años críticos y que se mirara a su figura con el prisma del siglo XXI, en el que ciertas actuaciones ya no se consideran aceptables. Cada vez más situaciones acababan desvelándose.

Finalmente, la cascada de revelaciones sobre su vida privada que comenzaron en 2012 con su ya famosa cacería de elefantes en Botsuana y las noticias sobre su amistad íntima con Corinna Larsen acabaron forzando su abdicación en junio de 2014, para pasar a ser rey emérito, una figura inédita en la Historia española.

Aún peor, la sucesión de informaciones de este año, por las que fiscalías de Suiza y España investigan al rey por posible blanqueo de capitales y evasión fiscal, terminaron de arruinar su imagen.

Ahora, y ante la continuación de las revelaciones sobre el supuesto manejo de cuentas en el paraíso fiscal suizo, que habían creado una situación cada vez más insostenible, Juan Carlos I anunció hoy su salida del país.

Triste final después de un reinado de casi 39 años, que de forma innegable tuvo muchas luces pero a las que las sombras postreras amenazan con difuminar.

Nacido en el exilio de su familia en Roma, Juan Carlos confesó al escritor José Luis de Vilallonga, para su libro "El rey", que "morir en el exilio debe de ser lo peor que le puede suceder a un hombre”.

Y aunque su marcha no es un exilio como el que protagonizaron algunos de sus antepasados durante varios avatares de la Historia, seguramente dejar el país en estas circunstancias es algo tan doloroso como lo que ellos vivieron.

EFE

Agencia de noticias internacional fundada en Burgos el 3 de enero de 1939. El entonces ministro del Interior, Ramón Serrano Suñer, impulsó la creación de la agencia, en la que participaron activamente: José Antonio Jiménez Arnau, Manuel Aznar Zubigaray y Vicente Gállego.