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Visualmente increíble, la nueva producción de Laika se atreve a ir más allá con una obra compleja que se aleja bastante de las cintas animadas convencionales

Calificación: 9 de diez

La identidad, la memoria y las historias. Esos parecen ser los tres temas centrales de “Kubo y la Búsqueda Samurái” (“Kubo and the Two Strings”). Como tal, esta cinta es compleja. A ratos ni siquiera parece una cinta familiar o infantil. Es filosófica, es poesía también en ocasiones. Visualmente increíble, para verla se necesita tener en claro una cosa: no se trata de una obra que se parezca a la escuela que Disney ha ido formando con el paso de los años. Esta es una película que se atreve a ir más allá, sin dejar de lado la aventura, que en apariencia es sencilla, pero en el fondo esconde un mensaje que quizá no quede muy claro en un principio. Así que preste mucha atención y si debe parpadear, hágalo ahora.

La cinta, en una avalancha de eventos, cuenta la historia de Kubo, un jovencito de algún mágico lugar japonés. Su madre tiene poderes especiales y lo protege de sus tías y su abuelo, seres misteriosos que quieren quitarle el único ojo que le queda, después de que le quitaran el otro cuando era bebé. Cuando crece, se dedica a contar historias por medio de figuras de papel y es él quien debe cuidar a su madre enferma, quien aun así logra advertirle: nunca salgas de noche. Con la esperanza de hablar con su padre muerto, Kubo desobedece esta regla y deberá comenzar una odisea por encontrar una armadura, en compañía de un mono y un escarabajo gigante y con sus tías pisándole los talones.

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Ya nos lo advierten desde un principio: “presten mucha atención a todo lo que vean, no importa que tan inusual parezca. Si se distraen, aunque sea por un instante, nuestro héroe seguro perecerá”. Así arranca la película y debemos entender que esta frase es importante. La historia, la memoria y la identidad, ya lo dije, esos son los tres pilares sobre los que se sostiene esta aventura. Tres pilares que se complementan y que en cierto punto son la misma cosa: un solo corazón que hace palpitar esta poética y reflexiva obra, de la que parece descabellado hablar así, con tanta seriedad, tratándose de un largometraje animado. Pero créame, esta cinta no es como cualquier otra de este tipo que hayan visto. Y me refiero a forma y fondo.

En cuanto a la forma usted recordará cintas como “Coraline” (2009), “ParaNorman” (2012) y “The Boxtrolls” (2014). Las tres forman parte de Laika, un estudio de animación que se especializa en películas en stop-motion, es decir, animación cuadro por cuadro, aunque recientemente se han ayudado cada vez más de elementos digitales. Aún así, son autores de un estilo único, bellísimo y artesanal, que se ve en todo su esplendor en “Kubo…” Un estilo que siempre va muy bien con sus historias: relatos oscuros y repletos de monstruos, creaturas extrañas que habitan atmósferas sombrías. Pero no sólo eso, sino mundos fascinantes, llenos de texturas y personajes increíbles. Justo así es la tierra de Kubo, un lugar que toma la cultura del Japón antiguo y la traduce en todo su mágico esplendor.

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Pero el encanto visual es indudable. Lo complicado es la historia. Y esa es la palabra “complicado”. Para cuando finalizó, lo confieso, me sentí confundido. ¿Qué fue lo que me quiso decir? ¿Cuál es el mensaje que buscó transmitirme? Pero era más intriga que confusión, sabía que algo había ahí. Algo estaba tratando de decirme, pero me tomó por sorpresa. Y lo hizo desde un principio, más en unas partes que en otras, porque hubo ratos en que no parecía una película infantil, ni familiar, aunque sí lo es. Escenas muy oscuras y aterradoras, incluso con mucho poder dramático, con frases que no lograba comprender. Este no es un drama estilo Disney ni Pixar, esta es una película muy inteligente y con un mensaje que va mucho más allá. Lo dije al principio, la clave está en el hecho de contar historias. Kubo cuenta historias y estamos viendo la suya. ¿Qué son, a final de cuentas, las historias? Esa es la pregunta que se intenta responder.

Como ya se podrán dar cuenta, no se trata de una cuestión sencilla, pero nada de esto quiere decir que no sea emocionante. La cinta tiene unas espectaculares secuencias de acción y dado que involucra samuráis, espadas y magia, puede estar seguro que las emociones y la adrenalina están muy presentes. Pero lo que mejor hace ya lo dije, es contar una historia o las diversas historias de las que se compone. He ahí la clave, ponga mucha atención. No quisiera explicar de más y arruinarle la oportunidad de que pueda analizarla por su cuenta, incluso tratando de encontrar un mensaje diferente, desde su punto de vista. Pero puedo enfatizar en la importancia de las historias, tanto presentes como pasadas, para formar la identidad de las personas. De Kubo, por ejemplo, cuya historia es él mismo. Creo que por ahí va el asunto, no sé, tal vez lo pensé demasiado.

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Lo importante aquí es que una cinta animada me haya hecho pensar y reflexionar tanto, hacia terrenos filosóficos a los que ninguna otra película de animación norteamericana se acerca siquiera. Pixar y Disney (los grandes reyes), juegan más con las emociones convencionales, con un drama mucho más superficial. Lo que “Kubo…” quiso lograr fue ir a las profundidades de la mente y, sobre todo, partiendo del sencillo hecho de que una película es un relato. Y la pregunta queda ahí, ¿por qué contamos historias? La respuesta es importante, creo que Kubo la descubrió y creo que quien quiera que la vea podrá entenderlo también. Sólo hay que intentar ver más allá de la aventura.

Porque algo sí es muy claro, la aventura en cuestión no es muy complicada. Hay un villano y hay un héroe tratando de defenderse. Así de simple. Pero eso es sólo en apariencia. Hay que recordar el consejo de Kubo y estar muy pendientes de todo. Porque sí, esta es una cinta que nos exige y para que una película tan divertida, tan simple, tan emocionante y tan visualmente fabulosa, demande tanto del espectador, incluso aunque la mayoría sean niños, ese es un gran logro. Y más que eso es un riesgo. “Kubo…” toma los elementos de una animación cualquiera, de una aventura simple y los utiliza para explorar otros ámbitos y para demostrar que los límites de este género pueden ser mucho más amplios de lo que creíamos.

 

El dato

Director: Travis Knight.

Elenco: Art Parkinson, Charlize Theron, Ralph Fiennes, Rooney Mara, George Takei, Matthew McConaughey.

Género: Animación / Aventura

Clasificación: A

Duración: 102 minutos

Carlos Díaz Reyes

Escritor y cinéfilo de tiempo completo. Actualmente trabajo como colaborador en el periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila, con quienes laboré en diversas áreas durante cerca de seis años, desde mis prácticas en la universidad hasta luego de mi graduación. También realizo reportajes y entrevistas para la revista Newsweek en Español, desde mi llegada a la Ciudad de México en febrero de 2017.

Me apasiona la crítica de cine, labor a la que dedico buena parte de mi tiempo para mantenerme al día con los estrenos más recientes, así como tener un amplio panorama de los clásicos en este mismo ámbito. Escribo y leo por placer. Publico textos en mi blog personal (blogenllamas.wordpress.com), en su mayoría relatos cortos. Tengo dos libros de cuentos publicados por el Municipio de Saltillo: “Demasiado Tarde” (Acequia Mayor, 2016) y “Los Ausentes” (Acequia Mayor, 2017).