Foto: Hector García
Parras, en su molienda eterna, pone en alto de nuevo el nombre del pueblo mágico

La reina a caballo, los Charros, Escaramusas, Vendimiadoras y el Dios Baco llegaron nuevamente para colorear las místicas calles de Parras de la Fuente.

Partieron en el desfile, organizado año con año por la Feria de la Vendimia, al filo de las 10:00 HRS.  El pueblo se detuvo durante todo un día y con su identidad en el pecho, avanzaron por los empedrados callejones del Pueblo Mágico. Al frente y partiendo de la Plaza de Armas, avanzó la Escaramusa representante de Casa Madero, el gran referente del pueblo.

Algo entrañable de la tradición parrense durante este desfile, es ver a las pequeñas Vendimiadoras con sus trajes blancos, pañoletas de colores, mandiles y zapatos con calcetas, cargaron las canastas repletas de racimos de uva. Según la mitología romana, estas son las trabajadoras de la ‘pisca’ de viñedos que llevan a la Reina Iris, las uvas para que comience la molienda artesanal para después degustar un hipnotizante vino junto al Dios Baco o Dionisio, el inspirador de la locura ritual y el éxtasis.

En el desfile volvieron a participar los matlachines del pueblo, que una noche anterior bajaron danzando desde el Cerro de la Cruz con antorchas en mano, duraron horas de dicha y baile alrededor del fuego en una ceremonia que congrega la defensa de la tierra y el agradecimiento a la cosecha.

Foto: Hector García

También avanzaron sobre las inundadas calles, las doncellas que acompañan a la reina arriba de carruajes antiguos como los del siglo XVII, lo que logró sacar a los parrenses de sus casas para ver el espectáculo desde las aceras. Durante el desfile hubo vino que degustaron niños, padres y abuelos en conjunto como tradición una vez al año, para festejar  la bendición que llegó al pueblo para volverlo aún más místico desde 1597.

Bajo el intenso calor de mediodía y con 5 kilometros recorridos terminó la primera parte del recorrido en el panteón Cipreses que se encuentra sobre la carretera a las 12 del mediodía, para más adelante continuar a 500 metros antes de llegar a la Casa Madero.

A las afueras del recinto, ya se sentía el orgullo parrense en su gente que esperó al desfile durante una hora sobre los bordes de la carretera por la que entras al pueblo. La reina de Parras, Mara, de 19 años, entusiasmada abordó una enorme carretilla repleta de racimos de parral y hojas de viñedo que jalaban dos viejos y grandes bueyes, como en las imágenes de la mitología romana.

Alrededor de dos mil 500 personas, que fueron de todas partes del pueblo, estado y algunos del extranjero ya se encontraban a la espera del contingente y juntos adornaron aplaudiendo el jardín del recinto.

Vendimiadoras. Foto: Héctor García

El final del rito ya esperaba a los protagonistas en la capilla de San Lorenzo, a la cual se le dio el nombre por el fundador de la Casa Madero, Lorenzo García, quien por primera puso los ojos en las bondades de esa tierra. Al bajar la reina, cientos de parrenses se abalanzaron contra su carretilla para tomar de las uvas, que para ellos, es el fruto eterno de su pueblo. La reina, subió las escaleras del atrio de la capilla de manos del Dios Baco para presenciar una oración que dio inicio a la tradicional molienda en compañía de sus doncellas y jóvenes de la pisca, frente al eufórico público que en algunos casos, llevaban más de una copita de Cabernét cortesía de la casa.

La Molienda, es una tradición arraigada y una de las tareas principales que debe hacer la reina, depositan miles de uvas en la mitad de una barrica y junto a dos hombres de la pisca, representan la tradición artesanal de la creación del vino. Al ritmo de los tambores de danza tlaxcalteca, culminó después de 10 minutos esta gran ceremonia donde al final, a punto de las 2 de la tarde, las uvas volaron por todas partes, repartidas en manos de las vendimiadoras como bendiciones para todo aquél que cree que la molienda es una tradición divina que adorna los portales del primer Pueblo Mágico de Coahuila, Parras de La Fuente.