Steve McNair vivió sus mejores momentos como jugador en los Titans. / Cortesía
Había sido un jugador estelar, ejemplo para la comunidad negra, ayudaba a todo el que lo necesitara, era un esposo modelo... pero tenía una doble vida que no supo controlar

Todos sus allegados concordaban al explicar cómo era en vida de Steve McNair. Un hombre de familia, fiel. Un líder dentro de su comunidad, con la que siempre se comportó generoso.

Pero existía otro lado del ex mariscal de campo de los Titans y co-MVP de la NFL en el 2003, uno que era más susceptible a la tentación. Ese es el lado que abrió la puerta para que una amante joven e inestable entrara en su vida.

Sahel “Jenni” Kazemi le disparó y mató a McNair antes de suicidarse con la misma arma un 4 de julio de 2009, fue lo que informó el Departamento de Policía de Metro Nashville. McNair tenía 36 años. Ella apenas 20 años.

Uno de sus últimas muestras de generosidad de McNair en su comunidad fue abrir Gridiron9, un restaurante en Nashville, en donde se le brindaba a los estudiantes del estado de Tennessee un lugar barato para comer.

“Estableció su negocio en el corazón de la comunidad negra en TSU para tener un impacto fuerte y poderoso”, dijo el ex corredor de los Titans, Eddie George.

Su carrera como atleta profesional estaba salpicada de ejemplos de retribuciones, y no tenía planes de detener esa tendencia cuando se retiró en 2007, cuando vistió el jersey de los Ravens de Baltimore.

Steve fue llamado cuatro veces al Pro Bowl y nominado al Hombre del Año 2005 de la NFL, fue el mariscal de campo afroamericano con mejor puesto de reclutamiento en la historia de la NFL cuando fue seleccionado como tercero en la clasificación general del Draft de 1995, tomado por los Oilers de Houston.

Estableció la Fundación Steve McNair para beneficiar a diversas organizaciones benéficas juveniles y fue anfitrión de su primer campamento de futbol juvenil en 1999, en el Mississippi Gulf Coast Community College. Los dirigió varias veces al año en Nashville y Mississippi, incluso asistió semanas antes de su muerte.

Ese era el lado de McNair que tan bien enmascaraba al otro.

Sahel “Jenni” Kazemi mató a McNair con un arma de fuego y luego se suicidó. / Cortesía

McNair tenía una propiedad secreta, un condominio que alquiló con un amigo. Su función era tener un lugar lejos de su familia, una especie de departamento de soltero a donde invitaba a mujeres jóvenes para estar más tranquilo.

Kazemi no era su única amante al momento de su muerte.

También estaba Leah Ignagni, una joven de 25 años con quien McNair tuvo una relación mientras estaba involucrada con Kazemi. La policía cree que Kazemi descubrió que Ignagni alimentó sus intenciones mortales.

McNair pasó la noche con Ignagni el 2 de julio, dos noches antes de que Kazemi lo matara, según documentos policiales y judiciales.

El resumen de investigación producido por los investigadores señaló que los registros de teléfonos celulares de McNair contenían correspondencia de mensajes de texto con numerosas mujeres.

De hecho fue mediante mensajes de texto como se supo el drama que vivió el ex jugador con su amante.

Ya que ella le había escrito explicando tener problemas financieros, a lo que él le transfirió 2 mil dólares esa noche. Luego ella le explicó que tenía malestares en el pecho, por lo que McNair acostó a sus hijos y a las 23:00 horas se dirigió a ver a Kazemi, luego fue encontrado con dos impactos de bala en el cuerpo y dos en la cabeza.

McNair jugaba con fuego, dijo Gregg McCrary, un agente retirado del FBI que pasó más de 25 años en la oficina, incluida una década en la Unidad de Ciencias del Comportamiento.

“Pienso claramente en esta relación y en esta parte de su estilo de vida: no solo estar casado, sino que creo que el proceso de divorciarnos y tener relaciones con mujeres diferentes y, aparentemente, en estos pocos días... salir mucho a clubes nocturnos, beber y salir de fiesta, salir tarde. Todo este tipo de cosas son variables para conocer su caída”, dijo McCrary.