Fotos: Especial
El debut de Bradley Cooper en la dirección presenta un papel hecho a la medida de su actriz principal y tiene una manufactura minuciosa

Calificación: 7.5 de 10

Hay un número limitado de historias para contar, como las notas que un músico puede tocar. El chiste es cómo las cuentas y cómo las tocas. ¿Por qué el actor Bradley Cooper eligió para su debut como director el remake de una cinta que ya se ha hecho tres veces antes en la pantalla grande? Quién sabe, pudo ser cualquier otra historia de amor, ¿cuántas no hemos visto ya? ¿Qué tiene la de “Nace una Estrella” (“A Star Is Born”) que la haga particularmente buena? Un par de cosas quizá, creo, sobre todo, que se trata de una cinta hecha con cuidado en casi todos sus elementos técnicos. Uno puede componer una gran canción, acompañarla de música genial y bien producida y crear un gran éxito pop que se escuche en todas las estaciones de radio. ¿Qué hará a esa canción algo extraordinario? Nada se compara con la sencilla emoción que un buen tema nos transmite. Algo así me pasó con esta película: tiene casi todos los elementos para funcionar y sin duda está bien hecha, pero no sé si tenga la emoción profunda y cruda hacia la que apuntaba.

La historia cuenta sobre Jackson Maine (Bradley Cooper), un exitoso músico de rock-pop-country, quien conoce por casualidad a Ally (Lady Gaga), una mesera y cantante aficionada. Al ver uno de sus shows, Jackson queda tan impresionado que decide no sólo ayudarla a cantar en sus propios conciertos, sino que se enamora y vuelve a sentir un gran impulso creativo como no había sentido en mucho tiempo. El problema es que este cantante tiene severos problemas de alcoholismo y drogadicción y no puede con el hecho de que su carrera ya no es la misma que antes, mientras que la de Ally sube como la espuma. 

Llegó el otoño, señoras y señores, el otoño fílmico quiero decir. Con “Nace una Estrella” comienza oficialmente la carrera hacia la temporada de premios: llegan películas con actores comprometidos, muchas escenas emocionales y un gran cuidado en su manufactura para cautivar a todas las estatuillas doradas que se entregarán a principios del próximo año. En esta época no sólo se lanzan algunos de los mejores trabajos, también hay otros a los que se les suele llamar “Oscar-bait”, o carnada para el Oscar. Es decir, cintas que siguen una fórmula hecha con el único fin de ganar premios. Esta película anda por ahí rondando, como guiñándole un ojo a la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas. No del todo, pero sí un poco. Una historia debe tener su objetivo claro, de eso no hay duda, pero a veces ocurre que cuando ese objetivo es vender o agradar a las masas, el resultado no siempre es bueno. No voy a decir que “Nace una Estrella” llega a ese punto, pero sin duda algo hay en ella de producto, de falsedad mercadológica.

Como mencioné al principio, esta misma historia ya ha sido vista en la pantalla y no me refiero a clichés. La primera versión se estrenó en 1937, con Janet Gaynor, la segunda en 1954 con Judy Garland y la tercera en 1976 con Barbara Streisand. No he visto ninguna, lo confieso, por lo que me abstendré de comparaciones que, a fin de cuentas, no deberían importar. La versión 2018 me hizo pensar muchas cosas, lo bueno que es tan larga (más de dos horas, así que vaya al baño y prepare su trasero) que me dio espacio para repensarlas. Primero me dije: vaya, estas son buenas actuaciones, está hecha con mucho cuidado. Luego: un momento, ¿esta es la historia de la vida de Lady Gaga?, deberíamos enfocarnos en el músico alcohólico. Después: muy bien, ahora nos enfocamos en él, es un gran papel del señor Cooper y el extraordinario Sam Elliott le ayuda mucho como su hermano, aquí hay una historia. Al final: bueno, no está mal, la calidad es buena en casi todos los sentidos.

El tren de pensamiento no tiene nada de malo, supongo que es parte del proceso de criticar una película. El problema es que creo que en este filme no se supone que debiera estar pensando tanto, sino más bien sintiendo. ¿No les pasa? Cuando una historia nos absorbe de tal manera que nos olvidamos que estamos en un cine y vemos pasar una vida que ya parece nuestra. Ese fenómeno nos indica que estamos ante una gran obra. La primera película dirigida por Cooper no alcanza ese nivel, pero tenía potencial para hacerlo y creo que lo buscaba. Las piezas están colocadas de forma innegable y destaco tres: la fotografía de Matthew Libatique (que ha trabajado en varias ocasiones con Darren Aronofsky), la edición (brusca, directa, pero precisa) y las actuaciones. No soy fan de Lady Gaga, pero me queda claro que tiene una buena voz. Sobre su actuación, antes la vi en “American Horror Story” cuyos papeles no me encantaron. Creo, sin embargo, que es una artista sólida y disciplinada y esto es lo que entrega en este debut fílmico. Cooper, por otro lado, tiene mucha más experiencia y la opaca en uno de los mejores papeles de su carrera.

Se podría decir que es un filme hecho y derecho para Gaga. ¿Acaso el plan es resaltar su carrera? Hay partes en esta película en las que no se puede evitar pensar en la propia cantante en la vida real, que ella sufrió un tratamiento similar en su carrera musical. Y aunque traté de desprenderme de esa imagen, creo que no es posible y hasta a ratos me pareció que era a propósito. La cinta trata de criticar un poco a la industria musical. De hecho, intenta varias cosas: es una historia de amor, es un drama sobre el alcoholismo y es una crítica a la industria. Hace malabares con estas tres pelotas y pues sí, a veces se le caen. 

Lo cierto es que es una historia funcional y práctica, está hecha para satisfacer. Brinda lo que ofrece: romance y buena música. Me voy con esta recomendación: creo que “Begin Again” (2013) de John Carney es una versión infinitamente superior de una historia muy similar.

EL DATO
Director: Bradley Cooper
Elenco: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Dave Chappelle, Andrew Dice Clay, Anthony Ramos, Michel Harney, Rafi Gavron.
Género: Drama / Musical
Clasificación: B15
Duración: 136 minutos