Honor a quien honor merece. El 20 de marzo recibió la presea ‘Pilar del Teatro’ por su trayectoria. Foto: Vanguardia/HÉCTOR GARCÍA
Aunque fue hasta su jubilación que por fin entró al teatro, esta actriz y dramaturga quiso toda su vida estar sobre el escenario y cuando lo logró se convirtió en icono de la escena teatral nacional. Esta es la primera entrega de la entrevista que VANGUARDIA tuvo con ella

Con cien años de edad Lupina Soto conserva una lucidez y memoria que muchas personas menores que ella envidiarían. A pesar de que tiene problemas de vista y oído y requiere ayuda para caminar, tras un siglo de vida su voz se mantiene potente y sus recuerdos intactos.

El pasado miércoles 20 de marzo el Centro Mexicano de Teatro de la UNESCO reconoció con la presea “Pilar del Teatro” la trayectoria de esta actriz y dramaturga, quien a pesar de comenzar su carrera teatral pasados sus 50 años, es actualmente una figura importante en la escena local y nacional, como parte del elenco de decenas de obras y autora de otras tantas más.

La artista nos recibió en la cocina de su casa, sobre la calle de Zarco, a la hora de la merienda, con café, té y pan dulce listos para sus invitados. Aseguró que le gusta que la visiten, que vayan a platicar con ella. Actores amigos suyos de la localidad lo hacen con regularidad pero siempre se muestra bienvenida a cualquiera que busque una buena conversación.

“Tengo cien años con tres meses, nada más que pos me quieren poner más. Pero está bueno, que le echen, si al cabo nomás yo cargo. Y míreme aquí estoy, bendito sea Jesús”, su humor tampoco se ha visto afectado por el tiempo, “en el teatro tengo desde 1963”, agrega.

Parte de la evolución teatral. Lupina es autora de dos libros, una novela y una antología de cuentos para niños.

Ella, desde que salió de su pueblo en Nuevo León, quiso ser bailarina, pero cuando fue a pedirle ayuda al cura para que la mandara a estudiar el fuerte carácter del sacerdote y la naturaleza artística de sus aspiraciones la llevaron, sin querer, a terminar como aprendiz de enfermera.

Tal labor la realizó por décadas con diligencia, pero al jubilarse, casada y con hijos, y ya residente de Saltillo, decidió que era momento de retomar el sueño que por tanto tiempo postergó.

Fue en una academia de teatro con la maestra Lourdes Valdés, ubicada entonces en la calle de Xicoténcatl, que comenzó sus estudios.

“Estuve también con la maestra Carmelita Aguirre de Fuentes. Hice muchas obras de teatro. La primera que hice fue una obra que se llamó ‘Falso Orgullo’ y ‘El Perdón de una Madre’, pero tuve el atrevimiento de escribirla yo, como si fuera escritora, muy fácil”.

Contó que, durante el gobierno de Raúl Madero, existió una Casa de Cultura con talleres diversos, frente a la Plaza de la Madre, y aunque no contaba con clases de teatro sí tenía un pequeño escenario, por el que ha abogado para que sea puesto nuevamente en función.

“En ese teatro yo presenté esas obras con personas que me hicieron el favor de ayudarme. Porque pues ¿cuáles actores? Yo no tenía nada de eso y me atreví a escribir esas obritas. Se presentaron y eso me valió a mi una beca para que me fuera al INBA”, expresó.

Allá, bajo la tutela de la maestra Lourdes Valdés, debutó en el escenario en la obra "La Vida Privada de Mamá”.

“Llegué al INBA con una carta de recomendación”, continuó, “le mostré la carta a la maestra y me la quitó. ‘No, no, no, ya sé quién es usted’, la puso dentro de un cajón de su escritorio y sacó un libreto. Dijo, ‘mire aquí está este libreto; lea a María y dentro de ocho días viene para empezar esta obra’”.

A pesar de que le aclaró que no era actriz y que aunque iba a aprender aún no sabía, la maestra Valdés la puso a prueba desde el inicio con esa obra, al tanto como estaba de sus logros en la ciudad, y ella, contenta, aceptó.

“Venía loca de gusto. Y en el autobús venía leyendo yo con una desesperación. Porque a mí me gustó mucho el teatro desde muy pequeña, desde que yo de chica vi una obra de teatro en ¡una carpa! Pero nunca se pudo hacer hasta que yo acabé de tener a mis niños”, agregó.

Al terminar sus estudios regresó a la ciudad, donde comenzó a colaborar con más actores y directores saltillenses.

Ha sido parte del crecimiento y evolución de la comunidad teatral en las pasadas décadas y con dos libros —una novela y una antología de cuentos para niños— recientemente publicados, además de una obra en proceso de montaje, a sus 100 años Lupina Soto aún tiene mucho más que dar al escenario.