Por: Ernesto Ayala

Después de leer Los Nombres de las Cosas, de Mariano Peyrou (Buenos Aires en 1971), me dan ganas de anunciarle al lector que esto no es una novela. En realidad se parece más a una pipa del célebre Magritte que a una novela. ¿Y esto es bueno o malo? En el caso del autor madrileño, es bueno. Muy bueno. La historia de la novela es también la historia de la no novela. Tenemos ejemplos ilustres, con los que no vale la pena cansar al lector.

-No se llama eutanasia. Se llama sedación terminal. -Pero ¿qué diferencia hay? -No sé. Ninguna. El nombre. -¿Te parece poco? Dijo Garzia.

Este libro se inscribe en la confortante tradición de las novelas que reniegan desde sus propios presupuestos a que se las llame así. N0s pone las cosas un poco más complicadas a la hora de una clasificación. No apela a ningún tipo de experimentación formal, ni sintáctica. Es más, su novela tiene un hilo argumental, como también lo tiene, a su manera, La Vida Instrucciones de Uso, de Georges Perec; tiene tres personajes que ocupan el espacio de las peripecias, que se reúnen una vez a la semana para intercambiar los posibles nombres verdaderos “de las cosas” que nombran ambigua o equivocadamente.

Los Nombres de las Cosas

Autor: Mariano Peyrou

Ed. Sexto Piso 2019

232 pp.