Esta semana el INE y el Inegi dieron a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica. Primero que nada, la celebro totalmente, será una gran herramienta para avanzar en el fortalecimiento y la calidad de nuestra democracia. Nos hacía mucha falta después de que la Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas dejó de aplicarse desde el 2012.

Tener datos claros de lo qué pasa en términos de cultura cívica nos dejará dar pasos firmes a construir una política eficaz de educación para la ciudadanía; por ende, transformar en el mediano y largo plazo la forma en que la convivimos en nuestras colonias, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades.

Si bien hay muchos datos interesantes para analizar, quiero dedicar estas líneas en especial a los siguientes sobre la forma de gobierno y los liderazgos políticos. 

Dentro de la Encuesta  2020 se encontró que el 40 por ciento de la población en México estaría de acuerdo con un gobierno encabezado por militares. Aunado, a que uno de cada cuatro mexicanos confesó que no prefiere la democracia como forma de gobierno. Y ocho de cada diez mexicanos están de acuerdo que un líder político fuerte (sólo uno) encabece el poder en el País.

No es nuevo que la institución con mayor confianza de los ciudadanos sea el Ejército desde casi dos décadas. Diferentes encuestas como el Latino-barómetro, la mostró en los últimos 20 o 25 años con arriba del 45 por ciento al 60 por ciento de aprobación y confianza. Siempre dejando muy abajo a los partidos políticos y los representantes populares, sobre todo los legislativos, como diputados o senadores.

Sin duda, el Ejército ha sido un actor sumamente importante para la transición de la democracia en México, en 1997 cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y en el 2000 cuando perdió la Presidencia. Es verdad que sin ellos, la transición no hubiera sido tan ordenada y pacífica. Aunado a que la crisis de inseguridad ha venido alimentando la idea que los militares son los más preparados para enfrentar los problemas que estamos viviendo. Fue el mismo Calderón que empezó a salir con ropa militar como un símbolo.

Desde que llegó López Obrador ha aumentado considerablemente el presupuesto de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a 112 mil millones de pesos. Para comparar, en el 2010 (uno de los años más violentos en México) Calderón destino 43 mil millones de pesos a Sedena. Esto quiere decir un aumento promedio del 160 por ciento su presupuesto, encargándoles los proyectos “clave” de la 4T: el aeropuerto, el tren maya, la refinería, etcétera.

En este orden de ideas, la historia parece estar dando otro giro respecto a los militares y el poder político. Es muy importante que recordemos todas y todos que el balance de poderes basados en el consenso, es lo que mantiene de forma pacífica la lucha del poder.

La democracia per se, es eso, la capacidad de luchar por el poder de forma ordenada, en donde la voz de todas y todos pueda ser escuchada y tomada en cuenta en el proceso de decisiones públicas. Por esta razón, considero que debemos hacer una reflexión como ciudadanas y ciudadanos en los próximos meses en aras de ejercer nuestro voto y mantenernos al tanto del curso de las decisiones públicas. El poder en una sola persona o en los militares nunca ha traída buenos finales a la historia. Hay muchos ejemplos alrededor del mundo y en diferentes épocas de que ese es un camino equivocado.

Nos toca hacer nuestra chamba de #CiudadanosdeTiempoCompleto. Ningún líder mesiánico o militar vendrá a salvarnos. Las respuestas a los problemas más complejos están en nuestras mismas colonias, comunidades, ciudades. ¿Aceptas el reto?