Philippe Barbarin. Foto: Especial
Francisco defendió este domingo su decisión de rechazar la renuncia del cardenal francés Philippe Barbarin -declarado culpable de encubrir a un sacerdote pederasta- porque dijo que la apelación debe seguir su curso antes de adoptar una postura definitiva

El Vaticano. Desde el avión papal, Francisco defendió este domingo su decisión de rechazar la renuncia del cardenal francés Philippe Barbarin -declarado culpable de encubrir a un sacerdote pederasta- porque dijo que la apelación debe seguir su curso antes de adoptar una postura definitiva.

El Papa explicó también su rechazo a las propuestas de los obispos estadunidenses de que respondiera al escándalo de abuso sexual en Estados Unidos, al señalar que ellos descuidaron la dimensión espiritual requerida para una verdadera reforma.

Francisco hizo declaraciones sobre ambos asuntos durante una conferencia de prensa en el avión que lo llevaba de Marruecos al Vaticano.

El papado de Francisco se ha visto envuelto en la agitación debido a la aparición de escándalos en diversos continentes, y su propio proceder desde el Vaticano frente a varios casos. Dos de sus cardenales —al marroquí Philippe Barbarin y el australiano George Pell— enfrentan condenas relacionadas con abusos sexuales, aunque han presentado apelaciones.

Cuando le preguntaron este domingo sobre Barbarin, Francisco comentó que el arzobispo de Lyon tenía derecho a la presunción de inocencia mientras su caso continúe abierto: “Él ha apelado, así que el caso está abierto. Después de la decisión del segundo tribunal, veremos qué sucede”.

Francisco añadió que la presunción de inocencia era necesaria para enfrentar una “condena mediática superficial”.

Barbarin presentó el mes pasado su renuncia a Francisco después que un tribunal en Lyon le impusiera una condena suspendida de seis meses por no denunciar al reverendo Bernard Preynat ante las autoridades civiles cuando se enteró que había incurrido en abusos sexuales.

Preynat, que será enjuiciado en 2020 por cargos de violencia sexual, confesó haber abusado de boyscouts en las décadas de 1970 y 1980. Las víctimas acusan a Barbarin y otras autoridades eclesiásticas de encubrir a Preynat durante años.

Después de que el Papa declinara aceptar la renuncia, Barbarin decidió solicitar una licencia y legó el manejo diario de la arquidiócesis a su suplente.

Francisco también defendió su tendencia a culpar al demonio por el escándalo de abuso sexual cuando afirmó que la crisis tiene tal magnitud y escala de inmundicia que no puede entenderse sin hacer referencia al “misterio del mal”.

“No se trata de lavarse las manos (frente al problema) y decir que el diablo lo hizo”, declaró el sumo pontífice. “Tenemos que combatir al demonio. De la misma mantera que tenemos que combatir cosas humanas”.

Francisco explicó que precisamente por la dimensión del escándalo, solicitó a los obispos de Estados Unidos que reflexionaran cuando los envió a retiros espirituales a comienzos del año. La jerarquía eclesiástica ha sufrido una crisis de credibilidad debido a sus repetidos fracasos en proteger a los menores frente a los sacerdotes depredadores, como quedó en evidencia en el informe del jurado investigador de Pensilvania y el escándalo sobre el ex cardenal Theodore McCarrick, encontrado culpable por el Vaticano de abusar sexualmente tanto de menores como de adultos.

Durante su reunión general de noviembre, los obispos estadunidenses tenían previsto someter a votación propuestas para una rendición de cuentas de ellos mismos frente a la mala conducta sexual o negligencia en el manejo de los casos de abuso. Sin embargo, el Vaticano les pidió la adopción de medidas, entre ellas un código de conducta y un sistema de información confidencial procedente de una tercera parte.

“Las propuestas recalcaban demasiado en la organización, la metodología”, declaró Francisco. “Pero ellos descuidaron esta segunda dimensión espiritual”.