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En enero la joven hizo viral su historia en Instagram. Ella dice que no quiere evitar que la gente se haga un piercing, sino que tengan cuidado con las medidas de higiene

Cuando el pasado mes de julio Layane Dias celebraba haber conseguido unas prácticas en una pasantía y planeaba un viaje con su familia no se imaginaba lo que estaba a punto de pasarle. Con apenas 20 años, iba a atravesar lo que ella considera la peor etapa de su vida.

A días de comenzar sus prácticas, empezó a sentir dolores muy fuertes en la espalda. Tuvo que echar mano de medicación para conseguir ir a trabajar. Pero no funcionaron.

Se sentía débil y acabó por dejar la pasantía.

Los dolores fueron a peor, hasta que acabó por ser incapaz de mover las piernas. Y, eventualmente, el resto del cuerpo.

“No conseguía sentir nada de los senos para abajo“, le contó a BBC Brasil.

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De acuerdo a su relato, el neurocirujano que la atendió le explicó que una bacteria llamada Staphylococcus aureus, que consigue transmitir enfermedades a través de la sangre, había entrado en su organismo a través de una infección.

“El médico me preguntó si había tenido alguna herida en la nariz o algo similar porque, tal como me explicó, esa bacteria suele generarse en las fosas nasales. Fue entonces cuando le conté que me había hecho un piercing en la nariz el mes anterior”.

El médico no dudó, recuerda la joven.

“‘El piercing fue la puerta de entrada de la bacteria a tu cuerpo’, me dijo. Escuchar eso me dejó perpleja”.

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El piercing

A Layane siempre le habían gustado los piercings.

“Hasta en tres ocasiones me había puesto uno en el lado derecho de la nariz”.

Pero el pasado mes de junio, decidió cambiar y hacerse uno en el lado izquierdo. Por primera vez le había salido sangre durante la perforación.

También se le hinchó y puso roja la punta de la nariz, pero no le dio mayor importancia.

“Pensaba que solo se trataba de un grano, pero me dio fiebre. Me lo traté yo misma, me puse unas pomadas y a la semana desapareció”.

La dermatóloga Alessandra Romiti destaca que las complicaciones derivadas por ponerse un piercing suelen manifestarse solo en el área donde se coloca el pendiente.

Lo que le pasó a Dias fue algo raro.

Un día se despertó con mucho dolor de espalda.

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“No le di importancia, creí que era algo muscular. Tomé un remedio, pero el dolor seguía ahí, intenso. Los dolores continuaron al día siguiente, todavía más fuertes. Mi madre me llevó a la farmacia, me inyectaron algo y el dolor desapareció. Fue un alivio”, relata.

Los dolores volvieron al día siguiente por la noche, pero conseguía reducir su intensidad con medicamentos. Así durante varios días.

Hasta que ya se volvió demasiado fuerte. Fue entonces cuando decidió ir al médico.

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Le realizaron rayos- X en la espalda, pero el médico no vio ninguna anomalía a pesar de que la joven continuaba con dolores intensos en esa parte de su cuerpo.
 
Al día siguiente, tras despertarse de una siesta, ya no podía sentir las piernas.