El Quijote I, 21

Don Quijote observa en el camino a “un hombre a caballo, que traía en la cabeza una cosa que relumbraba como si fuera de oro”. Cree que es el famoso yelmo de Mambrino. El yelmo era la parte de la armadura que servía para cubrir la cabeza. Y aunque Reinaldos de Montalbán despojó a Mambrino, rey moro, de su célebre yelmo tras matarlo en combate, la leyenda decía que quien poseyera este yelmo jamás sería derrotado en batalla. De ahí el interés de Don Quijote por tenerlo.

Sin embargo, don Quijote se engaña. Lo que realmente trae en la cabeza el pobre hombre es una bacía de barbero, pues éste era su oficio, y como empezó a llover se la colocó a manera de casco sobre su sombrero, “que debió de ser nuevo”, para protegerlo del agua. Y a don Quijote le pareció el yelmo de Mambrino.

Cuando el hombre llegó cerca de donde estaba don Quijote, éste “a todo correr de Rocinante le enristró con el lanzón bajo, llevando la intención de pasarle de parte a parte” y el barbero “no tuvo más remedio para poder guardarse del golpe de la lanza sino fue el de dejarse caer del asno abajo; y no hubo tocado el suelo, cuando se levantó más ligero que un gamo, y comenzó a correr por aquel llano, que no le alcanzara el viento”.

Más adelante Sancho pregunta a don Quijote qué harán con el “caballo rucio rodado, que parece asno pardo, que dejó aquí desamparado aquél Martino que vuestra merced derribó; que según él PUSO LOS PIES EN POLVOROSA Y COGIÓ LAS DE VILLADIEGO”.

¿Qué significa poner los pies en polvorosa y qué coger las de Villadiego? Lo mismo.

En la nota que sobre este pasaje publicó en 1833 Diego Clemencín, escribe que en el lenguaje de germanía, que era el hablado por los maleantes, polvorosa quiere decir “calle”, por lo que “poner los pies en polvorosa” es huir o escapar.

Y por lo que hace a “coger las de Villadiego” señala que el origen de la expresión es desconocido. Tanto así que un Villadiego se topó alguna vez a Vargas, aquel que todo lo averiguaba, y pidió le explicara qué “fueron las de Villadiego, que todos toman”, pues por ser él Villadiego quería saberlo.

Dice Clemencín que “Vargas, que a la cuenta también lo ignoraba, se excusó, como prudente, de contestarle”.

No obstante, Clemencín considera que el dicho completo debió ser: “coger las calzas de Villadiego” para, como éste, estar en condiciones de huir, que es lo que siempre se ha entendido que el dicho significa.

Casi un siglo después Francisco Rodríguez Marín escribió una larga e interesante nota sobre el punto, en la que plantea varias hipótesis, de las que por razones de espacio no es posible dar cuenta aquí. Sin embargo, considero que finalmente coincide con Clemencín, si bien cree que originalmente la frase proverbial debió decir Villariego, que quiere decir andariego, y no Villadiego, aunque su significado es el mismo: correr, huir, escapar.