Fue un partido que tardó en tomar sabor, lo que habíamos visto de Liguilla nos había ofrecido altas dosis de vértigo, pero eso no ocurrió en el Azteca

América está al borde del nocaut, no se le puede dar por muerto porque su historia le avala, pero tendrá que hacer el partido de partidos en la vuelta para eliminar a los Tigres, tiene que ir a ganar por dos goles o marcar tres o más para acceder a las semifinales. Y es que los felinos -el actual campeón- mostraron su empaque y el dominio de un estilo que sometió a las Águilas por 1-2 en el juego de ida de los cuartos de final.

Fue un partido que tardó en tomar sabor, lo que habíamos visto de Liguilla nos había ofrecido altas dosis de vértigo, pero eso no ocurrió en el Azteca. Fueron minutos iniciales de mucha tensión. Ninguno salió a pecho descubierto, privó el orden y no el caos. América trataba de dar pasos al frente, pero sus conexiones no prosperaban, bien aislados sus delanteros y volantes, el juego fue una batalla en el centro del campo, donde la recuperación fue la constante ante la falta de precisión en la asociación.

Con los felinos muy cautos, conscientes que si salían a jugar de tú a tú podían verse sorprendidos. Renato, Giovani y Córdova no encontraban líneas de pase y tampoco salían airosos en los duelos individuales porque la zaga de Tigres los esperaba bien escalonados. Fue hasta la media hora de partido cuando se dio el primer tiro de media distancia de Córdova, un disparo que midió los nervios del debutante arquero felino, Miguel Ortega, que la resolvió bien a medias, porque llegó a la bola, pero cedió tiro de esquina. Empezó a crecer América, dio un paso al frente porque Tigres fue muy reservado, tanto que en el primer tiempo Gignac y Valencia no exigieron para nada a Guillermo Ochoa. Casi marcan los de Coapa en un centro de Giovani que Henry cabeceó, pero el yucateco llegó muy forzado al encuentro con la pelota y la echó por arriba del travesaño.

Fue en los últimos minutos del primer tiempo cuando América se quitó las cadenas, adelantó líneas y encontró el gol gracias a una buena jugada de Renato, el ecuatoriano se fue de tres jugadores y tocó para Paul, quien mandó un centro. Entonces llegó el error de Ortega.

El arquero atajó mal la pelota, pudo haberse quedado con ella y optó por meterle la mano, la rechazó al centro, primera regla que te enseñan y que no cumplió, dejó el arco desguarnecido.

Richard Sánchez prendió el balón al filo del área, un fierrazo con la derecha que se fue al fondo al minuto 39. La ausencia de Nahuel ya era el factor del que tanto se habló en las horas previas.

La postura de Tigres cambió en el complemento, ya no fue tan amarrado y su premio fue el empate. Le tomó seis minutos a los felinos convertir gracias a un cabezazo secó de Guido Pizarro a la salida de un córner. Un gol clave por la valía de ser de visitante y que obligaba a América a asumir riesgos para retomar la ventaja.

Por un momento el Azteca se emocionó con la marcación de un penal sobre Sánchez, pero tras la revisión en el VAR, el árbitro, Fernando Guerrero, cambió de parecer. Siete minutos después la acción fue del lado opuesto, ahora con Richard trabando a Aquino; Guerrero fue el VAR y ratificó su decisión, Gignac cobró y acertó, pero el árbitro lo repitió por invasión al área y el francés mostró temple y lo volvió a anotar. Al 67’, América estaba contra las cuerdas.

Miguel mandó a Roger por Richard, a Ibargüen por Giovani (extraviadísimo) y a Benedetti por Córdova, toda la artillería para buscar la reacción, pero no hubo tal, el oficio de Tigres fue más grande que la ansiedad azulcrema. El domingo, en el estadio universitario, los de Coapa van por una hazaña o, por primera vez en las dos eras de Miguel Herrera, no alcanzarán la antesala de la final.