Manifestantes queman una bandera de EU durante una protesta frente a la antigua embajada de Estados Unidos en Teherán, Irán en reacción a la decisión del presidente Donald Trump de retirarse del acuerdo nuclear y renovar las sanciones contra Irán. Foto:AP
Con su decisión, Trump no pulveriza sólo 13 años de tensas negociaciones con Irán, sino también un acuerdo que todos los Gobiernos vieron como uno de los mayores logros de la diplomacia internacional de los últimos años.

Donald Trump se mantiene fiel a sí mismo incluso cuando se trata de uno de los problemas más sensibles de la política mundial y de una decisión con importantes consecuencias: "Estados Unidos se retirará del acuerdo nuclear con Irán", anunció este martes. Ni siquiera durante el anuncio de una decisión así pudo evitar volver a decir cuán malas fueron para él las capacidades de negociación del Gobierno anterior de Barack Obama.

El presidente de Estados Unidos no hace concesiones. Tres años después de que su país haya cerrado el acuerdo atómico con Irán, elige el curso más duro imaginable para desilusión de sus socios europeos y vuelve a poner en vigor todas las sanciones estadounidenses. "Nos salimos del acuerdo", reiteró el asesor de Seguridad Nacional de Trump John Bolton poco después del anuncio.

Bolton y el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, son considerados halcones en política exterior. Previamente, Trump había reemplazado a los más moderados Herbert Raymond McMaster y Rex Tillerson, y debido a opiniones diversas acerca de Irán.

Con su decisión, Trump no pulveriza sólo 13 años de tensas negociaciones con Irán, sino también un acuerdo que, con excepción de Washington y Jerusalén, todos los Gobiernos vieron como uno de los mayores logros de la diplomacia internacional de los últimos años.

Moscú reaccionó con escepticismo y dijo que el acuerdo iba a sobrevivir más allá de lo que hiciera Estados Unidos. También los europeos y naturalmente Irán quieren en principio seguir adelante. Ahora está por verse si esto será posible.

Con su política para Medio Oriente, que sigue la línea de los aliados regionales Israel y Arabia Saudí, el presidente estadounidense ejerce gran presión. En su opinión, Irán debe entrar en razones, más allá de que en 2015 seis países hayan llegado a un acuerdo con el país persa. Los europeos se encuentran ahora de facto ante la alternativa de seguir haciendo política con el gran aliado Estados Unidos...o hacerla en su contra.

Teherán ya señalizó desde antes que no iba a seguir negociando ni a hacer adendas. El presidente de Irán, Hassan Rohani, dijo que no se podía seguir negociando el precio de una casa que se había demolido. Una metáfora inmobiliaria que pareció dirigida expresamente al presidente Trump, que construyó un imperio inmobiliario en el pasado.

La política para Medio Oriente de Trump tiene muchos críticos, especialmente porque no presentó un plan concreto de cómo seguirá la cosa. Un diplomático europeo afirmó poco antes del anuncio que no se entendía la estrategia. El pedido de mejoras era, en su opinión, realizable. ¿Pero por qué romper con todo lo alcanzado y no construir a partir de lo logrado?

Muchos expertos consideran el paso que emprendió Trump como demasiado peligroso. "El objetivo de Trump debería ser impedir una guerra en Medio Oriente", advirtió el martes incluso el canal de TV Fox News, que suele serle afín. Las consecuencias de su decisión podrían ser un considerable aumento de las tensiones en Medio Oriente y hasta una nueva guerra.

Cuán importante es el tema queda en claro por los esfuerzos que hubo tras bambalinas. Los arquitectos del acuerdo como el ex secretario de Estado John Kerry intentaron mover algunos hilos. "No vamos a consultar a quienes cerraron un mal acuerdo", dijo la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders. Minutos antes del anuncio de Trump, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, la canciller alemana, Angela Merkel, y la primera ministra británica, Theresa May, conversaron por teléfono.

A fin de cuentas, se trata de quién tiene la posición hegemónica en Medio Oriente. Al archirrival de Teherán, Arabia Saudí, y a Israel les vendría muy bien un debilitamiento de Irán, y los dos son aliados de Washington. Ya hoy en día están cayendo bombas israelíes sobre posiciones iraníes en Siria, drones iraníes llegan al espacio aéreo israelí y Arabia Saudí e Irán se enfrentan en Yemen. Israel ordenó ya este martes abrir algunos refugios antiaéreos.

Para muchos expertos en Medio Oriente, es más importante el comportamiento político de Irán que si trabaja en un arma atómica, ya que el acuerdo funcionaba hasta ahora. Los observadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con sede en Viena, reconocen regularmente a Irán estar cumpliendo con todas las disposiciones. Desde 2015 no ha habido problemas significativos.

Alemania, Francia y el Reino Unido no ven un aliado confiable en Irán, pero se sienten comprometidos con lo acordado. Trump, en cambio, considera que el acuerdo no le cierra a Irán el camino para obtener un arma atómica, ya que no contempla el acceso irrestricto de los inspectores a los complejos militares, ni evita que el Gobierno cuente con misiles de mediano alcance. Además, cree que le da a Irán los medios financieros para apoyar a terroristas en todo el mundo.

Para Trump, el Gobierno iraní y sus Guardias Revolucionarias están detrás de todo problema en Medio Oriente, ya sea en Siria, Yemen o Líbano, y además busca la destrucción de Israel.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, cree que a través de su presencia en Siria, Irán quiere dominar el Mediterráneo y construir a partir de ahí un dominio militar marítimo. Por eso consideraba el pacto como "el peor acuerdo jamás alcanzado”.

Los europeos lo ven completamente distinto y quieren mantener el acuerdo. La Unión Europea (UE) está "decidida a preservar" el acuerdo nuclear con Irán, afirmó hoy la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini.

Para la comunidad internacional comienzan meses difíciles. La colaboración con Irán podría conducir a costosas sanciones, aunque en principio habrá un periodo de gracia. "Queremos darle algo de tiempo a las empresas", dijo la Casa Blanca.