Steffie Belt, la nueva voz del blues. Fotos: Vanguardia/David Muñoz
Grandes exponentes del blues y la música rupestre se presentaron este fin de semana en el norte del país, pero no todo fue miel sobre hojuelas, el fantasma de un fraude impidió que la noche fuera todo lo extraordinaria que prometía

La noche del viernes Monterrey recibió a cuatro grandes de la música independiente. En medio de un cúmulo de situaciones adversas, y ante un reducido pero entregado público, se presentaron Nina Galindo, Steffie Belt, Arturo Meza y Armando Palomas.

José Cruz no se presenta en el escenario

Se extrañó la presencia de José Cruz Camargo, ex miembro de la mítica banda de blues mexicano Real de Catorce, y quien formaba inicialmente parte del cartel. Pero por la falta de condiciones adecuadas para su presentación decidió no cantar.
Luego la esposa del cantante, Patricia Aguirre, explicaría que a ninguno de los artistas convocados se les cubrió, por parte de la empresa promotora, Mano Entertainment, los gastos de hotel ni del avión de regreso a sus lugares de origen. Sin embargo, el caso de Cruz Camargo se complicaba por su salud, ya que desde hace años padece esclerosis múltiple. 

Aguirre, y algunos miembros de la nueva agrupación musical, "Lucy Blues, salieron al escenario a aclarar el por qué no se presentaría el ex líder de Real de Catorce.

Nina Galindo, una orgullosa de ser "rupestre".

"En estos momentos no nos ha entregado los boletos de avión para que regresemos a la CDMX. Tampoco se ha cubierto el pago de las habitaciones. Si José sale, la habitación queda blindada y ya no podría volver a entrar”, aclaró Aguirre sobre su marido, quien no podía permitirse dicho esfuerzo. “Los músicos no podemos pagar por tocar. Aunque es un acto placentero, no podemos exponernos a fraudes de esta índole”, explicó.

Desde su cuenta oficial de Facebook, Cruz Camargo narró lo que ocurría, desde que se dieron cuenta que no se liquidó el hotel, el bajón en su salud, la falta de recursos para su vuelo, lo mismo que agradeció a sus fans y a Armando Palomas por el apoyo para regresar a la CDMX. Asimismo, detalló las agravantes de la demanda que interpondrá contra el promotor.

Señala como responsable a la empresa “Mano Entertaintment”, de Martín Magallanes. El cantante acusa que no se vendió ni el 20 por ciento de ocupación en el local donde habrían de presentarse (Auditorio Río 70) y no se cubrieron los viáticos de los artistas, ante esto, algunas personas del público alegaron que el lugar no era el adecuado para un concierto de este tipo y de ahí la escasa respuesta.

Con todo, esta situación no fue impedimento para que Nina Galindo, Armando Palomas, Arturo Meza y la telonera Steffie Belt, una joven bluesera de la CDMX, dieran todo en el escenario, no sin dejar claro que por sus propios medios costearían los gastos de hotel y avión.

 Este escándalo llegó hasta las páginas de la revista Proceso, que le dedica una reseña de lo ocurrido.

Steffie Belt, la nueva voz del blues

Abrió la velada musical “la nueva voz del blues”, Steffie Belt, joven de tan solo 22 años, quien de una manera excelsa interpretó canciones de grandes exponentes como Janis Joplin y James Brown, así como otros temas de su propia autoría, ante el júbilo de un público amante del blues que supo valorar la calidad vocal de la joven mexicana de raíces cubanas. 

"El blues va más allá de un género, es una forma de vida y está en toda la música", dijo para luego dejar en claro que  sus más fuertes influencias mexicanas están en Nina Galindo, José Cruz, y el pilar del Movimiento Rupestre, Rockrigo González.

Nina Galindo y su “orgullo rupestre”

Seguía el turno de Nina Galindo, quien se considera una de las últimas rupestres, y entre aplausos del público interpretó sus grande éxitos, entre ellos algunos temas de Rockdrigo González, Armando Rosas, Carlos Arellano, Rafa Catana, Francisco Barrios, "El Mastuerzo", a quienes expresó su agradecimiento. 

Arturo Meza emocionó al público con el amor a la humanidad que emana de sus letras.

Luego en entrevista exclusiva para Vanguardia, confesó su cariño por Saltillo desde los años 90, cuando se presentó en la Concha Acústica y fue gratamente sorprendida por el amor que le expresó el público, pues coreaban sus canciones y le pedían autógrafos, algo que pensó no pasaría en esta ciudad, ya que según ella solo era conocida en el centro del país.  "¡Amo a Saltillo!", dijo.

La cantante, poseedora de una voz destacable, comenta que el blues se ha circunscrito a  pequeños circuitos, pues sólo se promueven géneros comerciales y se da al público lo que pide, no hay variedad de nuevas propuestas o proyección de música no comercial como antaño.
Asimismo, Galindo expresa que la música rupestre sigue vigente y aclara que los compositores de este género son grandes autores de la música mexicana que merecen reconocimiento, aunque por fortuna ella ya ha sido reconocida y homenajeada en tres ocasiones.

El amor a la humanidad de Arturo Meza

Después vendría otro de los grandes ovacionados de la noche, Arturo Meza, quien con su estilo característico y potente voz deleitó a la audiencia con sus clásicos “Devoción Cherokee”, “Mi Canción”, “¿A dónde iré sin ti?”, “Enséñame a Amar”, “El Huracán”, entre muchas más, que al unísono coreaban sus fanáticos.

Meza dejó un grato sabor de boca gracias a su amor a la humanidad y a su sentido de justicia expresado en las letras de sus canciones y en su estilo libertario de vida, mismos que hacen que el público se entregue a él sin reservas.

Posteriormente reveló en entrevista que su secreto para mantenerse vigente es el amor que trasmite en su música, estar en paz con el mundo y sobre todo el  sentimiento que imprime en su lírica.

Armando Palomas contagió de energía al público.

​Armando Palomas cierra con broche de... tequila

Tocó a Armando Palomas poner el punto final con su estilo irreverente. Sus dotes vocales prendieron a la audiencia con éxitos como “Cuándo Será Sábado Otra Vez”.

Palomas comentó que estaba acostumbrado a tocar por más tres horas, pero con la media hora que restaba antes de que el lugar tuviera que cerrar sus puertas, se entregó sin reservas a sus fans, y entre sendos tragos de tequila cerró el concierto con la “Canción del Mutilado”, durante la cual mostró su repudio a la figura presidencial, siendo ovacionado por los presentes, quienes no dejaban de pedirle "otra".

El cantautor se mostró solidario con José Cruz y expresó que las ventas de sus discos de esa noche serían para apoyarlo, aunque muchos de estos los lanzó al público, que los recibía jubiloso.

Y así, después de más de tres horas, terminó una noche de blues, música rupestre, rebeldía y agradecimiento a estos gigantes del blues a la mexicana, que dieron todo por su público, literalmente, sin esperar nada a cambio.