Bautizan a dinosaurio hallado en Coahuila con el nombre de científico de la UNAM
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El Xenovenator espinosai fue hallado entre los años 2000 y 2004 en Parras de la Fuente y General Cepeda
El patrimonio paleontológico de Coahuila volvió a colocarse en el mapa científico internacional con la identificación de una nueva especie de dinosaurio carnívoro, cuyos restos fueron descubiertos en los municipios de General Cepeda y Parras de la Fuente y que representa el primer troodóntido descrito formalmente en México.
La nueva especie recibió el nombre de Xenovenator espinosai, en homenaje a Luis Espinosa Arrubarrena, jefe del Museo de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), como reconocimiento a su trayectoria y a las aportaciones de la institución en la investigación y divulgación de los dinosaurios mexicanos.
La descripción científica fue publicada el 9 de enero de 2026 en la revista especializada Diversity, aunque los fósiles que dieron origen al estudio fueron recuperados durante campañas paleontológicas realizadas entre los años 2000 y 2004 en territorio coahuilense.
Los investigadores determinaron que este dinosaurio vivió hace aproximadamente 73 millones de años, durante el Cretácico Tardío, cuando el actual norte de Coahuila estaba conformado por planicies costeras, lagunas, ríos y cuerpos de agua poco profundos.
APORTA NUEVA EVIDENCIA SOBRE LA FAUNA PREHISTÓRICA
El Xenovenator espinosai pertenecía al grupo de los troodóntidos, dinosaurios terópodos estrechamente emparentados con las aves, caracterizados por su agilidad y por presentar cuerpos cubiertos de plumas.
De acuerdo con la investigación, el ejemplar alcanzaba entre 60 y 70 centímetros de altura y alrededor de tres metros de longitud. Poseía dientes pequeños y afilados, adaptados para capturar presas de tamaño reducido, como reptiles y peces que habitaban los ecosistemas costeros de aquella época.
Luis Espinosa Arrubarrena explicó que, por algunas de sus características anatómicas, este dinosaurio puede compararse con los casuarios actuales del sudeste asiático, aunque aclaró que se trata únicamente de una referencia para ayudar a imaginar su aspecto y no de una relación de semejanza directa.
La investigación también resolvió una incógnita que permanecía abierta desde años atrás. Un cráneo perteneciente a este grupo ya había sido analizado, pero no contaba con un nombre científico. Gracias a nuevos estudios, entre ellos una tomografía especializada, fue posible identificar rasgos anatómicos suficientes para establecer un género y una especie completamente nuevos.
El descubrimiento amplía el conocimiento sobre la distribución de los troodóntidos, que hasta ahora habían sido documentados principalmente en Asia, Europa y otras regiones de Norteamérica, y confirma que estos dinosaurios también habitaron el norte de México durante el Cretácico Tardío.
Además, aporta nuevas evidencias sobre la biodiversidad que existía en el sur de Laramidia, el antiguo territorio que ocupaba parte del oeste de Norteamérica cuando el continente estaba dividido por un mar interior.