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Boxeador coahuilense con sangre alemana

Coahuila
/ 30 enero 2022

Humberto Cid González fue maestro de Educación Física, boxeador imbatible, atleta olímpico y periodista.

Por el sur de la ciudad existe un bulevar que lleva el nombre de este personaje, pero como muchos desconocen quién fue esta celebridad, va aquí un poco de su trayectoria.

Humberto Cid Gonzalez Tausch nació el 18 de noviembre de 1906 en el poblado de Las Esperanzas, municipio de Múzquiz, Coahuila; fue hijo del militar Miguel González, originario de Sabinas, Coahuila y de Ana Tausch de ascendencia alemana, nacida en la ciudad de Múzquiz, Coahuila.

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La semana pasada platicamos de la primera pelea profesional de boxeo que se desarrolló en Saltillo en 1923 y en la que resultó vencedor Humberto Cid González, quien, desde muy joven, uno de sus manejadores lo apodó “El Relámpago”, debido a sus rápidos lances y tener la consigna de acabar las peleas en los dos primeros rounds.

Su estilo de boxeo era parecido al de Jack Dempsey, no boxeaba, peleaba. Su impresionante récord fue de 123 peleas, noventa y seis ganadas por nocaut, 25 por decisión, un empate y solo sufrió una derrota.

UNA DE TANTAS CUALIDADES

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Se dice que un profesional cobra y vive de su trabajo, pero como boxeador Humberto Cid González siempre contendió por afición, nunca ganó dinero y tal vez por ello tuvo una brillantísima carrera, alejada de vicios y desenfrenos.

Uno de sus más memorables combates fue el sostenido en Teatro Obrero de Saltillo en 1926, ahí estrechó los guantes con el regiomontano Jorge Monzón, considerado campeón sin corona, ya que había derrotado a Sammy Mandel, campeón mundial en aquella época.

Monzón alegó que “El Relámpago” lo había sorprendido, la revancha se llevó a cabo dos años después el Sport Arena de San Antonio, Texas, de nueva cuenta “El Relámpago” lo mandó a la lona en el segundo asalto. Otra gran victoria fue contra el campeón estadounidense Kid Edie Dolo, a los diecisiete segundos de haber iniciado la pelea, Dolo quedó fuera del combate.

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EN EL TIEMPO Y LUGAR CORRECTO

Su padre lo mandó a Estados Unidos con la intención de que estudiar una ingeniería, pero aquel anhelo familiar de que se convirtiera en ingeniero cambió por las habilidades que tenía para los deportes. En Texas logró repetir varios éxitos pugilísticos, tiempo después conoció al boxeador mexicano Merced “Mercy” Gómez, quien lo ayudó al principio de lo que parecía ser su forma de vida, otro pilar del deporte, el maestro Rosendo Arnaiz lo alentó a seguir en el boxeo.

En San Antonio, Texas, cuando cursaba la preparatoria en la Main High School, conoció a dos entrenadores que marcaron el derrotero de su vida. El coach Fessenden de origen sueco y Roy Cochran, quienes vieron en Humberto un atleta versátil y completo.

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Además de sus cualidades boxísticas, se distinguió en las carreras de cuatrocientos, ochocientos metros y las de relevos, lanzamiento de disco, jabalina. Con éxito incursionó como halfback en el futbol americano y de defensa flotante en el básquetbol.

LA CONJUNCIÓN DE UN ATLETA Y UN INTELECTUAL

Debido a sus destacadas actuaciones en varias disciplinas en Texas, sus entrenadores le consiguieron una beca para estudiar en la Universidad del Sur de California, donde obtuvo la maestría en educación física, idiomas y periodismo. Humberto permaneció en Estados Unidos de los 19 a los 32 años, tiempo que aplicó en perfeccionar y enseñar diferentes deportes e idiomas.

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Quienes lo conocieron escucharon decir de él, que había estado como atleta en la delegación de Estados Unidos en los XI Juegos Olímpicos de Verano en Berlín, Alemania.

Y LUEGO SU VUELTA A SALTILLO

En la década de los cuarenta del siglo pasado regresó a Saltillo, se desempeñó como maestro de educación física en varios institutos, entre ellas la Escuela de Agricultura Antonio Narro.

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Además supo combinar otros trabajos, como jefe del aeropuerto Plan de Guadalupe y director de actividades deportivas del gimnasio de la Sociedad Manuel Acuña. Por años se desempeñó como asesor del Gobierno de Coahuila en materia de asuntos deportivos.

Fue colaborador del periódico El Heraldo del Norte y la revista Provincia espacio que utilizaba mes a mes para manifestar reflexiones, además del deporte, dominaba con soltura los tópicos de política.

PROMOVIENDO EL DEPORTE

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Por años luchó incansablemente para que Saltillo contara con una ciudad deportiva, fueron muchas las gestiones y muchas las decepciones, pero gracias a su labor, en 1977 el Gobierno de Coahuila, anunció la creación de un conjunto de infraestructura deportiva, entre ellas la unidad Carlos R. Gonzalez, alberca, y canchas de futbol soccer, el velódromo Oscar “Chango”, Vélez, el parque de beisbol Ramon Mendoza, el parque de futbol americano Antonio “Yaqui” Heredia.

No pudo ver terminado su sueño, murió el 10 de marzo de 1978 poco antes de la apertura. Mucho debe a Humberto Cid González, el conjunto deportivo que sigue en operación.

De hecho, su incansable labor deportiva le cambió el rostro a la ciudad, que vio crecer sus espacios para praticar el deporte; fue por eso que el legado de este deportista tan completo aún perdura, así que, cuando alguien pregunte las razones para que una calle lleve su nombre, solo necesita leer este texto.

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