Entre apariciones y tumbas abandonadas, sobreviven las historias de los panteones de Saltillo
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Trabajadores y vecinos de los cementerios de Santiago y San Esteban relatan experiencias que consideran inexplicables y que otros descartan como leyendas
Las historias de supuestas apariciones, mujeres que desaparecen entre las tumbas y ruidos inexplicables siguen presentes entre trabajadores y vecinos de los panteones históricos de Saltillo. Sin embargo, quienes conviven diariamente con estos espacios ofrecen versiones distintas: algunos aseguran haber presenciado acontecimientos extraños, mientras otros sostienen que nunca han visto nada fuera de lo común.
Durante un recorrido realizado por VANGUARDIA en los panteones de Santiago y San Esteban, los testimonios también revelaron otra situación: sepulturas que llevan años sin recibir mantenimiento y costumbres familiares del Día de Muertos que se han ido perdiendo con el paso de las generaciones.
Uno de los relatos más particulares surgió en el Panteón de San Esteban, donde un trabajador de 75 años recordó que durante la década de 1970 observó en repetidas ocasiones a una mujer vestida de blanco que ingresaba al cementerio y desaparecía entre las antiguas bóvedas. El hombre aseguró que él y otras personas llegaron a seguirla para descubrir de quién se trataba, pero nunca lograron distinguir su rostro ni establecer su identidad.
“Nosotros la seguimos”, relató al recordar una ocasión en que la mujer se dirigió hacia una zona de sepulturas donde la perdieron de vista. Según su testimonio, posteriormente se encontraron varios centenarios en el mismo sitio y, después de aquel hallazgo, dejaron de ver a la desconocida.
VECINOS TAMBIÉN RECUERDAN SUCESOS EXTRAÑOS
Las experiencias relatadas no se limitan al interior de los cementerios. En las viviendas antiguas situadas entre Santiago y San Esteban, algunos habitantes recuerdan acontecimientos que durante años consideraron difíciles de explicar.
Una vecina de 60 años, quien ha vivido toda su vida en el sector, contó que en su casa escuchaba movimientos de trastes, golpes en las paredes y otros sonidos durante la noche. También, en distintas ocasiones, creyó observar la figura de un niño dentro de la vivienda, aunque aclaró que no se considera especialmente creyente de fenómenos sobrenaturales.
“Siempre oía que estaban en mi cocina. Oía que movían los trastes”, contó.
La mujer explicó que sus hijos y otros habitantes del sector también escuchaban golpes semejantes a martillazos. Sin embargo, estos cesaron después de que se realizaron modificaciones en una pared de una vivienda contigua. Por ello, consideró que algunas experiencias podrían estar relacionadas con la antigüedad de las construcciones, muchas de ellas edificadas originalmente con adobe.
Además, recordó que entre vecinos circulan versiones sobre supuestos lamentos nocturnos cerca de las vías del ferrocarril, atribuidos por algunas personas a una mujer que habría fallecido arrollada por un tren décadas atrás. No obstante, aclaró que ella nunca ha escuchado esos gritos y que conoce esa historia por comentarios de otros habitantes.
ENTERRADORES RECHAZAN LAS LEYENDAS DE APARECIDOS
En contraste, trabajadores consultados en el Panteón de Santiago aseguraron que, pese a pasar buena parte de sus jornadas entre las sepulturas, nunca han presenciado apariciones ni acontecimientos que consideren sobrenaturales.
“En este panteón no pasa nada”, afirmó uno de ellos, quien aseguró que muchas de las historias difundidas entre visitantes son exageraciones.
Otro trabajador señaló que lleva años realizando labores en el cementerio y que incluso al permanecer hasta el horario de cierre nunca ha observado algo extraño.
Entre las historias mencionadas durante las entrevistas apareció la del pequeño J. Cuauhtémoc Aguirre, fallecido en 1905, cuya sepultura destaca por una escultura infantil, alrededor de la cual existen distintas leyendas.
Uno de los trabajadores relató que algunas personas acostumbraban dejar dulces en la tumba y reconoció que, en ocasiones, eran los propios empleados quienes los consumían. Para el entrevistado, ese tipo de situaciones muestra cómo determinadas prácticas y relatos pueden alimentar interpretaciones que no necesariamente corresponden con lo que ocurre en el cementerio.
ADVIERTEN ABANDONO DE TUMBAS Y PÉRDIDA DE TRADICIONES
Más allá de las leyendas, uno de los trabajadores de San Esteban señaló que durante los años que ha realizado trabajos de mantenimiento ha observado cambios en la manera en que algunas familias visitan a sus difuntos.
Explicó que anteriormente era frecuente encontrar personas que acudían con alimentos, bebidas y objetos que habían sido del gusto de sus familiares fallecidos, y que permanecían reunidas junto a las sepulturas. Ahora, algunas visitas se limitan a realizar una limpieza rápida o una oración, mientras que otras tumbas han dejado de recibir atención durante años.
“Se ha ido perdiendo, sinceramente”, comentó sobre las costumbres que recuerda de celebraciones anteriores del Día de Muertos.
Asimismo, aseguró conocer una sepultura que tendría alrededor de 15 años sin recibir visitas de sus familiares, además de otras donde la falta de mantenimiento se refleja en el deterioro de materiales y el crecimiento de vegetación.
También indicó que todavía hay familias que lo contactan cada año para preparar las tumbas antes del 2 de noviembre, particularmente personas que conservan las costumbres heredadas de sus padres y abuelos.
A unos días del Día de Muertos, las historias de quienes aseguran haber visto apariciones contrastan con las de aquellos que nunca han presenciado algo extraordinario. En lo que sí coinciden algunos testimonios es en que los cementerios conservan mucho más que lápidas: también guardan recuerdos, costumbres y relatos que sobreviven mientras alguien continúe contándolos.