De Saltillo a Silicon Valley: Leonardo Guerrero, el ingeniero de la región que dirige 12 plantas de Tesla

De Saltillo a Silicon Valley: Leonardo Guerrero, el ingeniero de la región que dirige 12 plantas de Tesla

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Leonardo Guerrero, ingeniero formado en Saltillo, pasó de los pisos de manufactura de Coahuila a dirigir 12 operaciones de Tesla en distintas partes del mundo. Su trayectoria reúne más de tres décadas de experiencia industrial, decisiones profesionales clave, procesos de adaptación familiar y aprendizajes que reflejan el alcance global del talento regional.

Coahuila
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San Francisco, California. A casi tres mil kilómetros de Saltillo, Leonardo Guerrero acepta conversar sobre una trayectoria construida entre líneas de producción, proyectos industriales y operaciones manufactureras que comenzó en Coahuila y terminó llevándolo al corazón tecnológico del mundo: Silicon Valley.

Hoy forma parte del equipo directivo de Tesla y tiene bajo su responsabilidad doce operaciones ubicadas en distintas partes del mundo. Sin embargo, accede a esta entrevista con una condición implícita: que la historia no se cuente como una celebración personal.

No le interesa presumir cargos, tampoco construir una imagen de éxito inalcanzable; lo que le interesa es algo mucho más simple: “Que algún joven que hoy estudia en Saltillo, Ramos Arizpe, Monclova, Piedras Negras o cualquier rincón de Coahuila entienda que los sueños profesionales más ambiciosos no están reservados para otros, que Silicon Valley no es un lugar exclusivo para genios de película, ni para personas nacidas en circunstancias extraordinarias”.

Que el camino existe, y que, aunque exige trabajo, disciplina, preparación y algunas dosis de valentía, puede recorrerse.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/saltillo-ciencia-ingenieria-maternidad-y-tesla-AP14931809

Mientras sostiene una taza de espresso cubano que compra por internet desde Florida y recuerda episodios de una carrera construida a lo largo de más de tres décadas, Leonardo vuelve una y otra vez a la misma idea.

Nada de lo que vino después habría ocurrido sin las personas que encontró en el camino.

Y entre todas ellas hay un nombre que regresa constantemente a la conversación: Sergio Ayala. El mentor cubano —como el café que ahora sostiene entre las manos— que sembró la primera semilla.

Ayala era un ingeniero cubano que llegó a Saltillo durante los años en que General Electric y Grupo Industrial Saltillo construían lo que después sería una de las operaciones más importantes de manufactura de electrodomésticos en el país.

Director de manufactura, experto en operaciones, obsesivo con los detalles y amigo cercano de su padre.

—Decía que mi papá era como su hermano mexicano.

Aquella amistad terminó abriendo una puerta inesperada. Mientras otros adolescentes pasaban sus fines de semana entre videojuegos o reuniones con amigos, Leonardo recibía invitaciones poco comunes: pescar, cazar, ayudar en algún proyecto doméstico, reparar algo, escuchar, sobre todo escuchar.

—Siempre me decía: si vas a ser ingeniero, tienes que prepararte para ser gerente de planta.

Lo repetía una y otra vez. Como una especie de mantra

—Tienes que aprender manufactura. Tienes que aprender proyectos. Tienes que prepararte para dirigir.

Leonardo ni siquiera había iniciado su carrera profesional, pero la semilla ya estaba plantada.

Décadas después, desde California, todavía recuerda una de las frases favoritas de su mentor.

—El peor error que puedes cometer es no tomar una decisión.

Ayala lo decía con el temperamento propio de un cubano.

—Si te equivocas, corriges rápido. Pero nunca te quedes paralizado.

La frase terminaría acompañando a Leonardo durante toda su trayectoria profesional.

En Mabe, en Castech, en Nemak, en Johnson Controls y años más tarde, en Tesla.

Pero quizá la enseñanza más visible de Sergio Ayala no estaba en las palabras, estaba en las plantas, en los pasillos, en el piso de producción, en el orden, era famoso por recorrer las plantas observando detalles que otros ni siquiera notaban, y entonces soltaba una frase que todavía permanece grabada en la memoria de su antiguo aprendiz.

—Una planta limpia y ordenada produce calidad.

$!Guerrero sostiene que la excelencia en manufactura comienza con la disciplina, los detalles y la toma de decisiones.

Por eso, cuando hoy dirige operaciones de Tesla en distintas partes del mundo, Leonardo sigue creyendo exactamente lo mismo: Que la excelencia no empieza con la tecnología, empieza con la disciplina, los detalles, con las decisiones. En otras palabras, empieza mucho antes de Silicon Valley.

Cuando llegó a Castech, aquella idea encontró terreno fértil. La empresa iniciaba una profunda transformación basada en Lean Manufacturing, los consultores que llegaron para liderar el cambio pidieron un responsable interno. La elección recayó en él y confirmó que aquellas enseñanzas realmente funcionaban, luego formó parte del equipo que impulsó a Castech hacia uno de los reconocimientos más importantes del país: el Premio Nacional de Calidad.

Es por eso que cuando hoy recorre alguna de las operaciones que tiene bajo su responsabilidad en Tesla, sigue prestando atención a cosas que para otros parecen insignificantes.

Es una manera de pensar, y también una forma de liderar.

Las puertas que se cerraron

Hay una parte de la historia que suele desaparecer de los currículums. La mayoría de las trayectorias profesionales se cuentan a partir de ascensos, promociones, reconocimientos y metas alcanzadas. Rara vez se habla de los despidos, de las incertidumbres y de las veces que alguien tiene que vaciar un escritorio sin saber con certeza qué sigue. Leonardo Guerrero sí habla de ello. Lo hace sin amargura y sin victimizarse.

El episodio más difícil ocurrió durante su etapa en Johnson Controls. Para entonces ya era un ejecutivo con amplia experiencia, acostumbrado a liderar operaciones complejas y entregar resultados. Sin embargo, un día entendió que su permanencia en la empresa estaba llegando a su fin.

https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/america-latina-rebasa-a-mexico-en-autos-electricos-CC21544024

—Aprendes a leer entre líneas —recuerda.

La noticia lo obligó a detenerse y hacerse las mismas preguntas que se hacen muchas personas cuando enfrentan un revés profesional. ¿Qué hice mal? ¿Pude haber hecho algo diferente? ¿Soy yo el problema?

Con el tiempo entendió que ni todos los éxitos son exclusivamente mérito propio, ni todos los fracasos son completamente responsabilidad de una sola persona. Lo importante era aprender, levantarse y seguir adelante.

Durante esos meses de incertidumbre apareció una oportunidad temporal que le permitió recuperar algo que en momentos así suele ser tan valioso como el ingreso: la tranquilidad. La oportunidad llegó de la mano de Horacio Hernández, director de ID Global Solutions, quien le abrió las puertas de su empresa en Saltillo mientras definía cuál sería el siguiente paso en su carrera.

Leonardo habla de aquella etapa con profundo agradecimiento. No se trató únicamente de un empleo temporal. Fue un gesto de confianza en un momento en que las certezas escaseaban. Una mano extendida cuando más la necesitaba.

Mientras colaboraba en ID Global Solutions y evaluaba nuevas posibilidades, llegó una llamada inesperada de un antiguo compañero de trabajo que ya laboraba en California.

Era Tesla.

$!La llamada de Tesla llegó mientras Guerrero colaboraba en ID Global Solutions y evaluaba nuevas posibilidades profesionales.

Hoy, mirando hacia atrás, Leonardo está convencido de algo.

—Si no hubiera salido de Johnson Controls, probablemente nunca habría llegado a Tesla.

Hay una frase que menciona durante la entrevista y que parece resumir toda esta etapa, la escuchó recientemente en una reflexión de Elon Musk.

Cuando algo falla, decía Musk, hay personas que se quedan atrapadas en el fracaso, otras intentan entender qué salió mal y continúan. Leonardo sonríe cuando recuerda la idea.

Cada revés terminó convirtiéndose en preparación para algo mayor. Por eso hoy no habla de aquellas experiencias como derrotas. Habla de ellas como escalones.

La decisión más difícil no fue profesional

Tomar la decisión de dejar México y mudarse a Estados Unidos no fue tan sencillo como podría parecer visto a la distancia. La incertidumbre de empezar de nuevo cuando ya se ha construido una carrera sólida.

En aquellos días hubo una persona que resultó fundamental. Héctor Guerra.

Amigo desde la infancia, cuando ambos apenas tenían seis años, Héctor ya llevaba varios años viviendo en Chicago y conocía de primera mano los retos y las oportunidades que implicaba dar un paso de esa magnitud. Leonardo recurrió a él una y otra vez. Hablaron de trabajo, de adaptación, de familia, de riesgos y de futuro.

—Me ayudó muchísimo a tomar la decisión de venirme para acá —recuerda.

Pero la influencia de Héctor no comenzó entonces. A lo largo de los años se había convertido en algo más que un amigo cercano. Había sido mentor, consejero y una voz de confianza en distintos momentos de su vida profesional y personal.

Cuando las dudas aparecían, Héctor compartía experiencias, ofrecía perspectiva y ayudaba a poner las cosas en su justa dimensión. No le dijo qué hacer. Hizo algo más valioso: le ayudó a ver con claridad las opciones que tenía frente a él.

La llamada de Tesla llegó rápido, entrevistas, evaluaciones, visitas, conversaciones, y de pronto una oferta formal sobre la mesa. Pero aceptar el trabajo era apenas la parte sencilla.

Lo complicado venía después. Porque la decisión no afectaba solamente a Leonardo Guerrero. Afectaba a toda una familia.

$!La decisión de mudarse a Estados Unidos implicó para Leonardo Guerrero y su familia dejar atrás rutinas, amistades y certezas construidas en Saltillo

Para entonces, Laura y él ya habían construido una vida en Saltillo, había rutina, amigos, familia, certezas y dos niñas pequeñas que apenas comenzaban a descubrir el mundo. Una tenía siete años, la otra nueve.

—Pensábamos que, si acaso, estaríamos aquí dos años.

Leonardo sonríe al recordarlo.

Han pasado más de doce.

Cuando la conversación llega a ese momento de la historia, el tono cambia.

Ya no habla el directivo, habla el esposo, el padre.

¿Vale la pena arriesgar todo lo que ya tienes?

https://vanguardia.com.mx/noticias/internacional/las-entregas-de-tesla-en-el-primer-trimestre-crecen-pero-por-debajo-de-las-expectativas-IJ19766718

La respuesta nunca es sencilla, cambiar de país implica mucho más que cambiar de trabajo.

Implica abandonar costumbres, alejarse de los abuelos, dejar atrás cumpleaños, reuniones familiares y celebraciones que durante años formaron parte de la vida cotidiana.

Implica empezar de nuevo. Y empezar de nuevo siempre da miedo. Laura entendió eso desde el primer momento, y aun así decidió no solo acompañarlo, sino impulsarlo.

Durante la conversación, Leonardo menciona varias veces el papel que ella jugó en aquella etapa. Mientras él analizaba escenarios, oportunidades y riesgos, Laura veía una oportunidad que merecía ser intentada.

Los primeros meses en California no se parecieron a las postales, fueron una adaptación, y las adaptaciones suelen ser incómodas.

Y todos debían aprender a vivir lejos de las personas que siempre habían estado cerca.

Hay algo que quienes emigran rara vez cuentan: la soledad.

No la soledad física, la emocional. La que aparece cuando ocurre algo importante y los seres queridos están a miles de kilómetros de distancia. La que te recuerda que ya no estás donde creciste.

Leonardo la conoce bien, y aun así nunca habla de ella con amargura, la describe como parte del precio que a veces exigen los sueños.Con el tiempo llegaron nuevas amistades, la vida comenzó a acomodarse.

Doce años después, Silicon Valley ya no se siente extraño.

$!Leonardo Guerrero y su familia pensaban permanecer dos años en Estados Unidos; han pasado más de doce.

La vida encontró su propio ritmo, y Tesla dejó de ser una aventura temporal para convertirse en una etapa fundamental de su historia.

De Saltillo a Silicon Valley

Después de más de dos horas de conversación, la pregunta termina llegando sola: ¿qué diferencia existe entre una empresa tradicional y una compañía como Tesla?

Leonardo guarda silencio durante unos segundos. La respuesta, piensa, no tiene que ver con los autos eléctricos. Tampoco con la inteligencia artificial. Ni siquiera con Elon Musk. Tiene que ver con algo mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más difícil de replicar: la velocidad.

—Aquí todo ocurre muy rápido.

La frase parece sencilla, pero detrás de ella existe una filosofía completa de trabajo. Durante décadas, Leonardo formó parte de algunas de las organizaciones industriales más importantes de México: Mabe, Castech, Nemak y Johnson Controls. Empresas extraordinarias que ayudaron a construir la fortaleza manufacturera de la región y que formaron generaciones enteras de ingenieros, directivos y especialistas. Sin embargo, incluso en las mejores organizaciones, los procesos suelen recorrer caminos largos. Las decisiones pasan por distintos niveles de autorización. Los análisis se revisan una y otra vez. Los proyectos avanzan, pero lo hacen al ritmo que marca la estructura.

En Tesla, explica, la lógica es distinta. La velocidad no es una consecuencia del negocio; es parte de su ADN. Los problemas se atienden cuando aparecen, no cuando encuentran espacio en la agenda. Las decisiones se toman con información suficiente, aunque no perfecta. Las reuniones son más cortas. Las jerarquías pesan menos. Lo importante es resolver, avanzar y aprender sobre la marcha.

Para alguien que había pasado gran parte de su vida profesional perfeccionando sistemas, construyendo procesos y buscando estabilidad operativa, el cambio resultó tan desafiante como estimulante. Era como pasar de conducir por una carretera bien trazada a participar en una carrera donde el camino se va construyendo mientras los vehículos avanzan.

Y, sin embargo, lejos de sentirse fuera de lugar, Leonardo descubrió algo inesperado: muchos de los aprendizajes acumulados durante décadas seguían siendo valiosos. La experiencia, el criterio y la capacidad para liderar equipos continuaban siendo indispensables. Lo único que cambiaba era la velocidad a la que había que ponerlos en práctica.

—Lo que más me gusta de trabajar aquí es la libertad.

Libertad para probar, libertad para experimentar, para equivocarse y libertad para cambiar de rumbo rápidamente cuando algo no funciona.

$!Guerrero define la cultura de trabajo en Tesla por la velocidad, la libertad para probar y la capacidad de cambiar de rumbo cuando algo no funciona.

Quizá por eso no le sorprendió tanto la primera vez que tuvo contacto directo con Elon Musk.

Ocurrió durante la pandemia.

Mientras buena parte del mundo permanecía detenida por el COVID-19, una de las piezas más importantes del Model Y seguía fabricándose en una planta bajo su responsabilidad.

La visita estaba programada, Elon quería verla personalmente.

Y Leonardo sería el encargado de explicarle la operación.

Antes de comenzar el recorrido, un ejecutivo francés que entonces presidía parte de las operaciones de Tesla le dio un consejo inesperado.

—Si estás hablando con Elon y de pronto deja de ponerte atención, se queda viendo al techo o parece que se fue a otro planeta, deja de hablar inmediatamente.

Leonardo pensó que era una broma, no lo era.

—Saca tu teléfono y ponte a jugar Candy Crush o cualquier cosa, pero no sigas hablando.

La explicación era todavía más extraña.

Cuando eso ocurría, le dijeron, significaba que Musk acababa de conectar una idea en su cabeza y estaba completamente concentrado en ella.—Si sigues hablando puedes decir algo que saque de contexto lo que está pensando. Mejor quédate callado. Cuando regrese, continúas como si nada.

La recomendación parecía absurda, pero venía de alguien que lo conocía bien. Afortunadamente nunca fue necesario sacar el teléfono. El recorrido transcurrió con normalidad, Leonardo presentó la operación, explicó procesos, respondió preguntas y mostró una planta que, años atrás, había aprendido a mantener limpia, ordenada y disciplinada gracias a las enseñanzas de un mentor cubano en Saltillo.

Al final de la visita, Musk se detuvo.

Observó la operación.

Y le dijo algo que todavía recuerda.

—Tienes una muy buena planta. Están haciendo un excelente trabajo aquí.

Fueron apenas unas cuantas palabras.

Pero para aquel ingeniero que había iniciado su carrera en Coahuila, tuvieron un significado especial.

Rompiendo paradigmas.

Cuando se le pregunta cuál ha sido la mayor enseñanza de todo este recorrido, la respuesta vuelve a alejarse de Tesla.

—Yo veía imposible llegar a dirigir una planta en Estados Unidos.

Lo admite sin rodeos, durante mucho tiempo pensó que esas posiciones estaban reservadas para otras personas, para otros países. Con los años descubrió que no era cierto.

Descubrió que la preparación pesa más que los prejuicios, que la disciplina pesa más que los complejos, y que las empresas de la región han formado durante décadas ingenieros capaces de competir con cualquiera en el mundo.

—Saltillo tiene una escuela industrial extraordinaria.

La frase sale con orgullo. Porque buena parte de lo que hoy aplica en Silicon Valley lo aprendió en los pisos de producción de Coahuila.

La tarde comienza a terminar en California, la taza de café cubano está vacía, y la conversación vuelve inevitablemente al tema con el que inició: los jóvenes.

¿Qué le diría a un estudiante que hoy lo está leyendo desde Saltillo?

Leonardo guarda silencio unos segundos, como si buscara la respuesta correcta, y finalmente responde.

—Que aprendan inglés, que se preparen, que desarrollen habilidades técnicas, pero también habilidades humanas. Que aprendan a trabajar con personas, a liderar, a escuchar, a tomar decisiones.

Y sobre todo, que no se pongan límites antes de tiempo, porque muchas veces el obstáculo más grande no está afuera, está en la propia mente.

—Nunca rechacen una oportunidad porque crean que todavía no están listos.

Hace una pausa, y sonríe.

Quizá porque recuerda al muchacho que alguna vez soñó con ser astronauta, o quizá porque recuerda al joven ingeniero que escuchaba a Sergio Ayala hablar de gerentes de planta como si pertenecieran a otro mundo.

Entonces termina con una idea que resume toda su historia.

—Silicon Valley no está tan lejos como parece.

Antes de despedirse vuelve a una idea que aprendió hace décadas de su mentor cubano.

La misma que después encontraría reflejada en la cultura de Tesla, la misma que ha guiado buena parte de su vida.

—El peor error que puedes cometer es no tomar una decisión.

Entonces sonríe, porque entiende perfectamente lo que significa. Tomar una decisión implica riesgo, equivocarse, fracasar algunas veces, abandonar la comodidad. Pero también es la única manera de avanzar.

Después de todo lo vivido, la enseñanza más importante que deja Leonardo Guerrero no tiene que ver con Tesla, ni con Silicon Valley, ni con Elon Musk. Tiene que ver con creer que es posible. Porque las oportunidades más grandes rara vez llegan a quienes se sienten completamente preparados. Llegan a quienes deciden intentarlo.

Y a veces, como ocurrió con aquel ingeniero que salió de Saltillo hace más de una década, una decisión puede terminar llevándote mucho más lejos de lo que alguna vez imaginaste.

Escritor y especialista en narrativa y comunicación. Con más de 20 años de experiencia en medios y comunicación estratégica, ha construido una trayectoria que articula periodismo, storytelling y desarrollo de proyectos editoriales.

Inició su carrera en espacios como Televisa Monterrey, Grupo Reforma, Multimedios Radio y Periódico Vanguardia, donde ha ganado tres Premios Estatales de Periodismo.

Es autor de Dinolibros, una colección infantil que aborda la salud socioemocional a través de historias simbólicas. Su trabajo se distingue por una narrativa sensible y una mirada cercana a las emociones que habitan lo cotidiano.

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